Crimen organizado

La Armada de Bolivia se despliega en la frontera tras el operativo policial con 121 muertos en Río

El presidente de Bolivia ha movilizado a la Armada en la frontera tras el operativo policial más mortífero de la historia de Brasil

Los vecinos acumularon los cadáveres desnudos en las calles de las favelas de Río de Janeiro para facilitar el reconocimiento

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Militares bolivianos.
Paula M. Gonzálvez

La Armada de Bolivia se ha desplegado este domingo en la frontera del país con Brasil tras el operativo policial contra la organización criminal Comando Vermelho, en las favelas de Río de Janeiro, que acabó siendo una masacre, con 121 muertos y cadáveres acumulados en las calles. El Gobierno boliviano ha ordenado la presencia de soldados y de agentes de la Policía para «impedir» la entrada de personas relacionadas con el crimen organizado.

El presidente Luis Arce ha enviado 40 efectivos de la unidad estática (de la Policía). Estos controlarán la zona del río Mamoré, junto a las Fuerzas Armadas, en este caso la Fuerza Naval. «Impedirán el paso de cualquier ciudadano producto de actividades delictivas pretenda dejar Brasil e ingresar a nuestro territorio», ha declarado el viceministro de Interior, Jhonny Aguilera.

Para poder cubrir los 3.423 kilómetros de frontera se emplearán, también, «otras estrategias, otras técnicas», como controles móviles en las rutas que conectan las localizaciones con presencia militar y el intercambio de seguridad con las autoridades brasileñas, ha precisado Aguilera.

Los puntos clave de vigilancia se concentran en la frontera septentrional, central y meridional. Los equipos operativos estarán en el puente de La Amistad, en Cobija, que une Bolivia y Brasil; en el río Mamoré, y en Puerto Suárez y Puerto Quijarro, en el departamento de Santa Cruz.

El operativo más mortífero de la historia

El operativo policial contra el Comando Vermelho es el más mortífero de la historia de Brasil. Lo que empezó como una operación contra el crimen organizado se desató hasta convertirse en una masacre. Los vecinos de las favelas en las que tuvo lugar la intervención, en los barrios de Penha y Alemao, acumularon 64 cadáveres en las calles que se sumaron a los casi 60 muertos que habían contabilizado las autoridades. Entre ellos se encontraban cuatro policías.

Los vecinos desvistieron a las víctimas para facilitar a los familiares el reconocimiento, y las imágenes conmocionaron al país. «En 36 años de favela, después de varias operaciones, nunca he visto nada parecido. Es algo nuevo, de una brutalidad y violencia de un nivel desconocido», declaró el activista Raull Santiago, que intentó reflejar la magnitud del horror. Finalmente, el balance se cifró con 121 muertos, entre ellos cuatro policías.

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