La ciencia cree haber resuelto el enigma: ya saben qué acabó con la mayoría de los megamamíferos del Cuaternario

A lo largo de la historia, la Tierra ha atravesado cinco grandes extinciones masivas, siendo la más conocida la que acabó con la era de los dinosaurios. Sin embargo, ninguna de éstas fue responsable del fin de los mamuts. El fenómeno que afectó a estas especies se conoce en la comunidad científica como LQE (Late Quaternary Extinctions) o QME (Quaternary Megafauna Extinction), es decir, el Evento de Extinción del Cuaternario tardío, que tuvo lugar hace unos 50.000 años.
Ahora, la comunidad científica ha vuelto a poner el foco en este episodio gracias al hallazgo de mamuts congelados en Siberia, cuyos restos presentan un ADN potencialmente bien conservado. Asimismo, las técnicas desextinción permiten revivir un ejemplar o incluso toda una especie ya desaparecida.
La ciencia explica la desaparición de los megamamíferos del Cuaternario
Durante el Pleistoceno, buena parte del planeta Tierra estaba cubierta con permafrost y tundra, y las especies estaban adaptadas a estas condiciones: mamuts, uros, bisontes y otros grandes herbívoros. Fue también la época en la que el género Homo evolucionó a través de diversas especies: habilis, rudolfensis, ergaster, erectus, antecessor, neanderthalensis, heidelbergensis, rhodesiensis y, finalmente, sapiens.
Sólo el Homo sapiens sobrevivió; el resto de especies humanas y la mayoría de grandes mamíferos desaparecieron junto a animales como el oso de las cavernas, el megalocero o el rinoceronte lanudo. Se calcula que el evento de extinción afectó a la mitad de la megafauna (definida como animales mayores de 44 kilos) y a dos tercios de los grandes mamíferos, todo en un lapso de apenas 50.000 años. Como consecuencia de la extinción, los bosques abiertos y las praderas tipo sabana dieron paso a bosques cerrados y pastizales localizados, principalmente en África y Sudamérica.
Además, la desaparición de grandes herbívoros afectó al clima, ya que estos animales producían metano durante la digestión. Estudios sobre la matanza de bisontes americanos en el siglo XIX, donde murieron 30 millones de individuos, mostraron una caída de 2,2 teragramos de metano al año.
La acción humana y la extinción
Diversos estudios científicos muestran una coincidencia cronológica entre la llegada de humanos primigenios y la desaparición de grandes mamíferos. Las extinciones ocurrieron de manera progresiva: Sudamérica sufrió la pérdida de 59 de 71 géneros de grandes mamíferos, Norteamérica 45 de 61, Asia 24 de 46, Australia 23 de 24 y Europa 21 de 37. África fue una excepción, perdiendo «sólo» ocho géneros.
Algunas especies que desaparecieron incluyen el elefante europeo, el mamut lanudo, el uro, el rinoceronte lanudo, el megalocero, el oso de las cavernas, el bisonte de estepa, leones y leopardos europeos. En otros continentes, se extinguieron megaterios, tigres de dientes de sable, armadillos gigantes, caballos prehistóricos, moas y tortugas gigantes.
Aunque algunos animales lograron sobrevivir, como el caballo tarpán o el bisonte europeo, su población fue muy reducida. En Siberia, los hallazgos de huesos de mamut en más de 70 poblados evidencian la caza humana masiva. Sin embargo, muchos expertos coinciden en que la caza por sí sola no explica la magnitud de la extinción. Los cambios climáticos (como aumentos de temperatura de hasta seis grados entre el 15.000 y 10.000 a.C) también jugaron un papel crucial.
«Como escribió una vez Alfred Russel Wallace, vivimos en un mundo zoológicamente empobrecido, del cual la mayoría de los animales más grandes, extraños y espectaculares desaparecieron hace relativamente poco. Aproximadamente dos tercios de todas las especies animales mayores de 50 kilos (la llamada megafauna) se extinguieron desde el Pleistoceno tardío en adelante, comenzando en Australia hace unos cincuenta mil años y siguiendo los pasos de los humanos a medida que se expandían por Eurasia y América.
Las extinciones continuaron durante el Holoceno, alcanzando islas en todo el mundo, que pueden considerarse «máquinas del tiempo» donde la megafauna sobrevivió durante milenios tras las extinciones continentales, como en el Caribe, las islas frente a Alaska y la isla Wrangel en el océano Ártico. En Madagascar y Nueva Zelanda, las extinciones tienen apenas unos pocos siglos de antigüedad», concluye Fernando A. S. Fernandez, del Departamento de Ecologia de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Animales en peligro crítico de extinción en 2026
Entre las especies en peligro crítico, el ajolote mexicano (Ambystoma mexicanum) enfrenta la destrucción de su hábitat ancestral, los canales y lagos de Ciudad de México, contaminados por pesticidas, fertilizantes y desechos, poniendo en riesgo su capacidad de regeneración única. La tortuga angonoka (Astrochelys yniphora), redescubierta en Madagascar, tarda 15 años en alcanzar la madurez reproductiva; la tala, la caza furtiva y el comercio ilegal la mantienen al borde de la extinción, con solo unos cientos de individuos en libertad.
El pangolín, víctima del comercio ilegal de carne y escamas, perdió más de un millón de ejemplares entre 2007 y 2017, convirtiéndose en el mamífero más traficado del mundo. El gorila occidental de las tierras bajas sobrevivió tras ser rescatado de cazadores furtivos en Gabón, pero su población sigue amenazada por la caza y la destrucción del hábitat. Finalmente, el tamarino multicolor de la Amazonía enfrenta la urbanización de Manaus y la competencia de especies invasoras.