Investidura Pedro Sánchez

Sánchez emporcará otra vez a la Abogacía del Estado

ERC
Pedro Sánchez y Oriol Junqueras

El temor, más aún que la sospecha, es que Pedro Sánchez vuelva a utilizar a la Abogacía del Estado para que se pronuncie a favor del preso Oriol Junqueras y apoye su salida de la cárcel en la que está condenado, no se olvide el dato, a trece años de reclusión. Los juristas, también los políticos, incluido alguno del PSOE, coinciden, según lo que apuntan, en que es muy probable que Pedro Sánchez, que ya se ha colocado directamente a beneficio del ex-vicepresidente de la Generalidad, empuerque por segunda vez a la Abogacía del Estado, en contra de la opinión de los fiscales del Supremo y de un par de magistrados que lo han hecho ‘off the record’.

La Fiscalía no va a cambiar de ningún modo su postura, aunque las presiones sobre sus miembros sean, que lo son, prácticamente insoportables, pero la Abogacía del Estado hará lo que se le pida desde La Moncloa. Como dice un colega de oposición: «Consuelo Castro no ha nacido para llevarle la contraria ni a su jefa, la ministra de Justicia, Dolores Delgado, ni mucho menos al propio presidente del Gobierno».

Si el temor, que es más fuerte todavía que la sospecha, se hace carne, se confirma, y la Abogacía en otra pirueta más que dejaría a la institución fuertemente desprestigiada, se aviene a completar por la vía de juridicidad la apuesta de Sánchez por el «diálogo y la negociación», como adelantó OKDIARIO apenas sabida la decisión del Tribunal Europeo, estaríamos ante un mayúsculo escándalo del que solo se congratularían los independentistas de ERC que exigen esa cesión para volver a sentarse con los monaguillos de Sánchez. Fuera del debate técnico en el que ahora mismo, hay que reconocerlo, hay pareceres de todo jaez, en el ámbito estrictamente político se puede avisar de esta constancia: el «caso Junqueras» no va a impedir que Sánchez siga apostando por un acuerdo de investidura con el partido del preso. Eso de ninguna manera.

Se puede decir por otra parte lo siguiente: los llamados barones socialistas, aún timoratos a la hora de expresarse en público, están extraordinariamente enfadados, todavía más: están muy preocupados por la deriva del secretario general de su partido. Así se expresa Emiliano García Page, así lo hace Javier Lambán con todas sus variaciones episódicas, y así lo hace el presidente extremeño que no sabe a ciencia cierta cómo comportarse.

En estos momentos Pedro Sánchez es consciente de que no puede aspirar a otra cosa que no sea un tímido acuerdo de investidura, no desde luego, a un pacto de legislatura más o menos amplio. Ahora lo tiene todo perdido y depende de los sediciosos de ERC Tan cierto es esto que ya ha urdido un plan para volcar sobre los dos partidos de centro derecha, PP y Ciudadanos, la responsabilidad de unas terceras elecciones que hoy mismo ya no se ven imposibles. En las dos entrevistas que Sánchez mantuvo este lunes con Pablo Casado e Inés Arrimadas, no se ocultó nada, les vino a decir textualmente: «Si no me apoyáis os haré responsables de la celebración de unas terceras elecciones». El dato de la amenaza está perfectamente comprobado en los dos partidos citados,

El penúltimo movimiento de La Moncloa (el últimos puede estar realizándose ahora misma) ha parecido francamente ridículo. El miércoles por la noche, los filtradores oficiales del presidente, esos que se dedican a abroncar a los periodistas como si estuvieran en Rusia o en Venezuela, expandieron la especie de que, fracasado el intento de investidura para los días 26 y 27 de este mes, se podrían señalar los días 2 y 3 de enero y el 5, en plenos Reyes, para adornar a Sánchez con la vitola de la Presidencia efectiva.

Esta especie ya ni siquiera es contemplada después de que ERC se haya envalentonado y haya situado a Sánchez en disparadero. O Sánchez se desnuda del todo y ofrece a ERC bilateralidad, referéndum, nuevo estatuto y cesiones mil, o los discípulos de Junqueras, con Gabriel Rufián de maestro ciruela, no se volverán a sentar con los enviados del presidente. Ni siquiera es seguro que si Sánchez, utilice como se prevé, malévolamente a la Abogacía del Estado para dar la razón a Junqueras, los colegas de éste se presten no ya a abstenerse en una investidura, ni siquiera a ponerse otra vez en situación de negociar. Como afirma un socialista de los que denuncian el escándalo actual sin muchas ganas de salir a la palestra: «Que nadie se engañe; Sánchez no ha llegado aún a su máximo nivel de perversidad«.

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