Mensaje de Navidad del Rey

Mensaje velado de Felipe VI a Juan Carlos I: «Debemos cumplir las leyes y ser ejemplo de integridad moral»

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Por segundo año consecutivo, el foco del mensaje de Navidad de Felipe VI apuntaba a las informaciones sobre los asuntos judiciales del Rey emérito y, en esta ocasión, su posible regreso a España. Los discursos del monarca no acostumbran a discurrir en un contexto cómodo pero tampoco esta vez -como ya ocurrió el año pasado- ha obviado el Rey el asunto: «Debemos asumir, cada uno, las obligaciones que tenemos encomendadas; respetar y cumplir las leyes y ser ejemplo de integridad pública y moral», ha dicho en su intervención más esperada del año. Una referencia con la que, de nuevo, Felipe VI marca distancias con el reinado de su predecesor y reafirma su compromiso intachable con la transparencia y ejemplaridad de la Corona.

Sus palabras recuerdan a las pronunciadas el año pasado cuando, en otra alusión velada -pero lo suficientemente clara- reafirmó: «Los principios morales y éticos nos obligan a todos sin excepciones y están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personas o familiares».

Entonces, como ahora, su Majestad remite al compromiso que asumió el día de su proclamación -el 19 de junio de 2014- cuando, como guía de su reinado, afirmó que «la Corona debe velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente». «Y el Rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no sólo un referente sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de los ciudadanos».

Ha sido la única alusión soslayada a la situación del ex monarca, aún en Abu Dabi, donde fijó su residencia tras estallar el escándalo de su patrimonio oculto en el extranjero. Pero sobran más palabras. El mensaje ha preservado la prudencia que corresponde al Rey, más jefe de Estado que nunca, y ha marcado su perfil como soberano con carácter propio. Una apuesta inequívoca por la regeneración. Una respuesta a quienes, desde el propio Gobierno, cuestionan la legitimidad de la Corona.

Porque el grueso de su discurso lo ha dedicado el monarca a ensalzar a una sociedad española que vive aún inmersa en la incertidumbre de los tiempos difíciles. Son momentos complejos y así lo ha reconocido el Rey. «Pero de estos tiempos emergerán grandes oportunidades», ha querido trasladar a los españoles. Momentos de preocupación clara por el futuro, de dudas y sombras en los que Felipe VI emerge como guía para recordar los valores que hicieron, que hacen, grande a la Nación española.

Aunque la pandemia ha marcado un año más el mensaje de Navidad, el Rey ha lanzado un mensaje esperanzador. Hoy, ha señalado, «la situación es diferente» y lo es gracias «al descubrimiento y autorización de la vacuna, al gran número de españoles que se ha vacunado, así como al propio proceso de vacunación en nuestro país, del que podemos sentirnos especialmente satisfechos», ha ensalzado. Don Felipe, no obstante, no ha sido ajeno a la explosión de contagios por la variante Ómicron -«el riesgo no ha desaparecido»- y ha apelado a la responsabilidad para «no dar pasos atrás».

En un discurso de gran calado social, Felipe VI ha querido hacer hincapié en que «muchos ciudadanos continúan padeciendo las consecuencias sociales, económicas y también emocionales derivadas de la pandemia».

Ha destacado, sí, que la «economía ha vuelto a crecer y a recuperar la gran mayoría de los trabajos que se habían visto temporalmente suspendidos» y que «la cifra de ocupados evoluciona a un ritmo realmente positivo». Pero no ha evitado la realidad de la profunda crisis que aún azota España.  Así, ha puesto el acento en los grandes desafíos que afronta el país y que lastran la recuperación. En un año marcado por la subida récord de la luz y del IPC-asuntos que han demostrado la inoperancia del Gobierno de PSOE y Podemos- ha recordado que «ha aumentado el número de personas en situación de vulnerabilidad»y que «existe preocupación en muchos hogares por la subida de los precios, el coste de la energía o por las dificultades para encontrar un empleo estable, especialmente para los jóvenes».

Felipe VI no ha obviado igualmente la inquietud que le provoca ver «cómo, en ocasiones, se ponen a prueba nuestras convicciones, nuestros valores o se ven afectados nuestros principios de organización social y de convivencia en libertad».

«Debemos reaccionar»

Consciente de todas estas dificultades, ha llamado a no caer en el conformismo ni dejarse llevar por la pesadumbre de los tiempos difíciles. «Debemos reaccionar», ha enfatizado, confiando plenamente en las capacidades de los españoles para levantar un país aún mejor.

«Creo sinceramente que los desafíos que tenemos por delante representan para España, como para muchas otras naciones, un auténtica encrucijada», ha admitido el monarca. Esos desafíos, ha insistido, «son una oportunidad histórica, incluso una exigencia para ponernos al día, para actualizar y modernizar nuestro país, manteniéndonos firmes en nuestros principios democráticos y en los valores que inspiran nuestra convivencia».

Y esa raíz viva es la que debe guiar la recuperación porque «en lo que hagamos o decidamos de ahora en adelante está en juego que podamos seguir progresando junto a las naciones más avanzadas o que perdamos el paso en nuestro camino». En esa tarea, ha dicho, las instituciones tienen «la mayor responsabilidad».

«Pensar en los ciudadanos»

La calculada prudencia y neutralidad que se impone en las intervenciones del monarca no evita que sus mensajes queden exentos de una inevitable lectura política.

En un momento en que desde el propio Gobierno se ataca la independencia judicial, se desprotege a la Policía y Guardia Civil frente al terrorismo callejero, se cuestiona el modelo de Estado y la existencia misma de la Corona, el Rey lanza un claro aviso: «Debemos tener siempre presente los intereses generales y pensar en los ciudadanos, en sus inquietudes, en sus preocupaciones, estar permanentemente a su servicio y atender sus problemas».

Unas palabras que adquieren especial significado en un contexto en que Pedro Sánchez ha convertido a separatistas y proetarras en aliados preferentes para mantenerse en La Moncloa. Partidos que hacen campaña para derribar el modelo de Estado y la propia Monarquía y que gozan hoy de un poder inédito, alentado desde el mismo Ejecutivo. Un escenario que, sin duda, genera incertidumbres en Zarzuela.

Por ello, la pauta es clara: «Debemos estar en el lugar que constitucionalmente nos corresponde», ha advertido don Felipe, que ha apelado a la unidad para afrontar los nuevos retos: «El entendimiento y la colaboración son actitudes necesarias que dignifican las instituciones; más aún, las fortalecen, porque generan la confianza de los ciudadanos. Y las diferencias de opinión no deben impedir consensos que garanticen una mayor estabilidad, mayor bienestar en los hogares y den la necesaria tranquilidad a las familias ante su futuro».

La Constitución, «viga maestra»

El monarca ha ensalzado el papel que la sociedad española ha de jugar en estos tiempos de cambio. Una sociedad labrada en circunstancias nada fáciles, sobre todo a lo largo de las últimas cuatro décadas, «una sociedad fuerte y responsable y enormemente solidaria». Una sociedad que debe tener en sus «valores cívicos, su talento, vitalidad y energía» la guía para construir su futuro.

Así, ha subrayado que «el cambio tan profundo de España en estas más de cuatro décadas de democracia y libertad ha sido extraordinario y no ha sido fruto de la casualidad». «Se ha basado», ha recordado, «en el esfuerzo y el sacrificio de muchas personas, de millones de españoles» y «se ha debido a muchas razones: sentido de la historia, grandes acuerdos, generosidad, responsabilidad y visión de futuro». Los cinco pilares que deben construir la sociedad del mañana.

En estos tiempos de incertidumbre, el monarca ha puesto en valor la Constitución «cuyo espíritu nos convoca a la unidad frente a la división, al diálogo y no al enfrentamiento, al respeto frente al rencor, al espíritu integrador frente a la exclusión» y «nos convoca permanentemente a una convivencia cívica, serena y en libertad».

La Carta Magna como guía, como esencia del proyecto común de los españoles de cara a un futuro mejor en un momento en que los partidos que la atacan gozan de más poder que nunca.

«La Constitución ha sido y es la viga maestra que ha favorecido nuestro progreso, la que ha sostenido nuestra convivencia democrática frente a las crisis, serias y graves de distinta naturaleza, que hemos vivido y merece por ello respeto, reconocimiento y lealtad», ha avisado el Rey, antes de concluir reclamando a todos, ciudadanos y dirigentes, «responsabilidad, voluntad de colaborar y entendernos».

Y, sobre todo, «que confiemos más en nuestras propias fuerzas como Nación». «Y no tengo duda de nuestro compromiso, de nuestra capacidad; y de que, con decisión, con empuje y carácter, lo conseguiremos», ha concluido don Felipe.

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