vicesecretario del PP

El diputado del PP Antonio González Terol se enrola en la Armada: se hace reservista voluntario

Está en la Escuela Naval Militar de Marín (Pontevedra) sometido a plena disciplina militar para ser alférez de fragata

Se levanta a las seis de la mañana y pasa el día -12 horas- entre clases e instrucción militar hasta las siete de la tarde

Varias generaciones de su familia -desde hace dos siglos- han servido en la Armada

El proceso lo inició en octubre, antes de la caída de Pablo Casado

Terol (PP) defiende la carne española: «Lo que hay es maltrato a los ganaderos no a los animales»

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Las fotos que ilustran esta noticia no son de archivo ni son un fake.
Tampoco el cameo de una serie de TV. Son algo muy serio para su
protagonista. Son de ahora, son reales y él es Antonio González
Terol, de uniforme y en la Escuela Naval Militar de Marín
(Pontevedra). Con el pelo más corto (las ordenanzas obligan) y
sometido 100% a la disciplina militar, el todavía vicesecretario
territorial del PP está en la escuela de la Armada y aspira a
convertirse en reservista voluntario. Si todo va bien, aprueba los
exámenes y supera la instrucción, en breve recibirá sus galones y
su sable y será el alférez de fragata González Terol. Estará en la
reserva, pero absolutamente activable en caso de necesidad en
tiempos de paz o de guerra, como los actuales en Ucrania.

OKDIARIO conoce la noticia y llamamos para confirmarla. Nos
extraña porque Terol tarda horas en coger el teléfono. Sorprendido
por el hecho de que sepamos dónde está y lo que está haciendo, se
disculpa: “Es que llevamos de instrucción toda la tarde”, nos dice.
Disciplina militar absoluta, sin distinción para nadie. González Terol
y sus 10 compañeros (entre los 35 y los 50 años) aspirantes a
reservistas comparten la vida militar plenamente con los alumnos de
la escuela (entre los 18 y los 24 años). “Yo me cuadro ante ellos.
Serán los futuros oficiales de la Armada. Es una cura de humildad
también”, nos dice.

Los teléfonos restringidos, los horarios estrictos. Por el móvil,
resuena con eco su voz. Imaginamos una sobria estancia militar.
González Terol nos recita como una letanía su día a día. Un horario
muy militar que empieza a las 06:15 horas de la mañana. Ducha
rápida y a las 06:40 la cama ha de estar ya hecha, el desayuno
acabado y listo para la revista (“la policía de revista, el uniforme
etc…”). A las 07:35 ya están dando clase. Y así hasta las 10 de la
mañana sin parar. 20 minutos de descanso “para el bocadillo” y
vuelta a las clases y la instrucción hasta las 14 horas. 40 minutos
para comer y descansar algo y a las 14:40, vuelta a las clases y la
instrucción hasta las 19 horas. Doce horas seguidas, prácticamente, sin parar entre libros (“vengo de clase de Código Penal Militar”) y el
“izquierda-derecha, izquierda-derecha…” de la instrucción. “A las
22:15 apagan las luces -nos cuenta- y nadie puede moverse salvo
que pidas permiso para quedarte a estudiar en la biblioteca”.

Tradición familiar

Podría decirse que “de casta le viene al galgo”. Su familia y la
Armada son una misma cosa desde hace ya mucho. “Son muchas
generaciones”, nos dice. “Mi padre, mis tíos, mi abuelo, bisabuelos,
tatarabuelos… Mi hermano es marino también. Ya en la famosa
Expedición Malaspina que dio la vuelta al mundo por las posesiones
de España [siglo XVIII] hubo algún antepasado mío”. Y la tradición
familiar sigue: “Fíjate -nos cuenta- que me he encontrado aquí,
como alumnos de la escuela, a tres hijos de tres primos míos,
también marineros”.

La página de “Reclutamiento” del Ministerio de Defensa define al
reservista voluntario como “una persona que desea aportar, de
forma voluntaria y temporalmente, sus capacidades, habilidades y
conocimientos, en las diferentes misiones que llevan a cabo
nuestras Fuerzas Armadas, en el cumplimiento de la función que la
Constitución les asigna y como respuesta a los compromisos
asumidos por el Gobierno”. Terol es ingeniero industrial. Por
razones de privacidad no desvelamos nada. Pero en ese grupo que
ven en las fotos realizadas por la Armada haciendo instrucción junto
al dirigente del PP hay verdaderas eminencias en sus profesiones.

Ser reservista voluntario supone la activación durante un tiempo en
Unidades, Centros u Organismos del Ministerio de Defensa. En las
activaciones pueden ser destinados a misiones en el extranjero o de
mantenimiento de la paz y la seguridad. Con ellas, los reservistas
voluntarios pueden ir ascendiendo en el escalafón. “Un mes al año
lo dedicas al periodo de activación”, nos explica. Acreditando los
periodos de activación requeridos durante los próximos años, podría
llegar a teniente de navío y no sé si, incluso, hasta capitán de corbeta”. Esos periodos de activación pueden ser en buques de guerra o en dependencias de la Armada. Tras el actual periodo de instrucción en la Escuela Naval Militar de Marín, González Terol será destinado al Cuartel General de la Armada en Madrid “a ayudar a realizar planes estratégicos”.

“Servir a mi país”

El todavía vicesecretario del PP habla con absoluto entusiasmo de
lo que está haciendo. Cuenta que hacerse reservista voluntario, y
más con ese peso familiar detrás, es algo que tenía claro desde
hacía mucho. “Yo estoy en política”, explica, “y quiero servir a mi
país y defenderlo desde el Congreso. Pero, también, siempre quise
hacerlo desde la Armada, orgulloso de pertenecer a ella y a las
Fuerzas Armadas”. La política le ha unido al mundo militar también.
Terol es vicepresidente de la Comisión de Defensa del Congreso y
miembro de la Delegación Española en la Asamblea Parlamentaria
de la OTAN.

El proceso para ser reservista voluntario lo inició en octubre pasado.
Nada que ver, por tanto, con la caída de Pablo Casado: “En octubre
se convocaron las plazas, en diciembre hice las pruebas y en enero
me llamaron. Estaba previsto ya”. Luego, la vida da vueltas inesperadas y nos sorprende.

Terol asistió ayer a la manifestación del campo en Madrid junto a
Esteban González Pons y Cuca Gamarra sin que nadie sospechara
de su pelo corto. Hasta ayer, la última imagen pública relevante de
Antonio González Terol nos sitúa en el mes de febrero. En el
Congreso. Miércoles, 23 de febrero. Un Pablo Casado hundido se
despide de la Cámara Baja. Termina su última intervención frente a
Pedro Sánchez. Su grupo le aplaude. Unos más que otros. Unos de
pie, otros sentados. Casado ha aguantado el tipo. Les mira, saluda
sin mucho afán y se va por donde vino. Por el mismo sitio por donde
Mariano Rajoy se fue aquella mañana de la moción de censura que
nos trajo a Pedro Sánchez. Casado sale del Hemiciclo y tras él, sólo tres personas se levantan de manera espontánea y le siguen para arroparlo en sus últimos momentos parlamentarios: Pablo Montesinos, Ana Beltrán y Antonio González Terol. Nadie más. Ni siquiera los que Casado puso allí y le debían el escaño. Ni siquiera el ínclito Casero (que ayer reapareció en la manifestación del campo tras una mascarilla unido a la masa) y otros similares.

Le recordamos la escena a Terol. Nos responde: “Lealtad, honor,
disciplina y valor. Es lo que inculca la Armada. Siempre ha estado
presente en mi familia. Son los valores que nos enseña. Por honor y
lealtad, aguantar hasta el final”.

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