Cuando Iglesias se refería a la Selección de baloncesto como «millonarios vendidos a la publicidad»

Pablo-Iglesias
Pablo Iglesias. (Foto: EFE)

“Partidazo de Rudy Fernández y qué maravilla ver a estas dos selecciones que llevan más de una década haciéndonos disfrutar”. Pablo Iglesias celebraba así esta madrugada el triunfo de la Selección española de Baloncesto ante Argentina, en los Juegos Olímpicos de Río.

No obstante, el secretario general de Podemos tenía un concepto bastante dispar de los jugadores ocho años atrás. En un artículo publicado en la web Rebelion.org, Iglesias, entonces profesor de Ciencias Políticas en la Complutense de Madrid, arremetía contra los símbolos nacionales en el deporte y contra los mismos deportistas.

«La infame pompa nacional»

“Si te gusta el baloncesto y quieres emocionarte con un equipo que conoces (yo hasta que el baloncesto boliviano no llegue las olimpiadas paso de cambiar de equipo) te tienes que tragar la infame pompa nacional y pasar por alto que los chicos de oro son, en gran medida, un grupo de millonarios dispuestos a vender su imagen a cualquier banco, empresa multinacional o sindicato del crimen dispuesto a pagar por la publicidad (aunque haya algunos, como Calderón, que en un gesto poco habitual, visitó a los presos de la cárcel de Sevilla y se echó unas canastas con ellos)”, escribía Iglesias en la mencionada web.

En el artículo, el dirigente de Podemos argumentaba su tesis: la analogía entre el baloncesto y la ideología marxista, basándose en la final de baloncesto de las Olimpiadas de Pekín de 2008, que España perdió  frente a EEUU (107-118) pese a jugar un magistral partido.

Iglesias comenzaba este análisis exponiendo el malestar de los nacionalistas catalanes por un anuncio de Pau Gasol para la firma Nike, en la que el deportista español afirmaba que “está bien conseguir que tu país te admire, pero es mucho mejor que el mundo admire a tu país”.

Un hecho que el líder de Podemos utilizaba para reclamar «solidaridad» con aquellos que, como él, no se sienten identificados con los colores nacionales.

«Es aquí donde entiendo que, por lo mismo que debemos solidarizarnos con los patriotas que no tienen equipo propio, los que somos de izquierdas y sufrimos un irredentismo particular soportando día tras día el nacionalismo español (por definición de derechas) y su bandera monárquica y postfranquista, deberíamos también ser objeto de una solidaridad similar, o al menos de una cierta compasión”, reprochaba en el texto.

«La cutre pachanga fachosa» del himno

La aversión de Iglesias a los símbolos nacionales es patente. En varios momentos del artículo, arremete sin tapujos contra el himno nacional:   “Ya me gustaría a mí ver a los jugadores de la selección de basket con uniforme tricolor y escuchar un himno como La Marsellesa y no la cutre pachanga fachosa, antes de los partidos o cuando se gana algo”, escribe.

Tras afirmar que el “nacionalismo esp añol” le “revienta”-“mucho más que el vasco o el catalán”, Iglesias comienza a exponer su teoría sobre el baloncesto como “metáfora explicativa de la lucha de clases”, al contrario que el fútbol donde, dice, “es posible que los equipos débiles puedan derrotar a los más fuertes”.

«Quizá no sea casualidad que en el país que lleva dominando la economía-mundo capitalista desde el periodo de entreguerras, el soccer sea un deporte de segundo nivel y se prefieran otros mucho menos abiertos a la sorpresa como el fútbol americano, el baseball o el propio baloncesto. Tal vez por eso también, los que nos reclamamos del marxismo, puestos a perder el tiempo con los deportes (como decía Javier Krahe, no todo va a ser follar), deberíamos asumir la obligación revolucionaria (y epistemológica) de entender mejor los deportes que gustan en los USA, como es el caso del baloncesto”, prosigue.

El líder de Podemos sostiene su teoría en que “si pensamos en la NBA vemos que se tata de un sistema diseñado para que sea prácticamente imposible que no gane el mejor”. «La fase regular garantiza que sólo los mejores puedan estar en los play off y el sistema al mejor de siete partidos asegura, asimismo, la victoria final del equipo superior, como experimentaron en sus carnes los Lakers de Gasol y Bryant en su enfrentamiento con los Celtics este año”, argumenta Iglesias.

No obstante, reconoce también que “como ocurre con la lucha de clases en ciertos momentos muy precisos de la Historia, la victoria frente a los poderosos no siempre es imposible” para basar el buen juego de los españoles.

«A pesar de la superioridad general del mal llamado dream team (que nadie se engañe, en el baloncesto no se sueña, se conspira), la defensa de nuestra selección estatal (¿así suena bien?) se había demostrado la mejor del campeonato. Además, en algunos aspectos tácticos derivados en parte de las normas del baloncesto FIBA, podía esperarse una cierta ventaja para España. Por último, el altísimo nivel de los jugadores de la roja (esto si que me gusta como suena) hacía pensar que, si se daban ciertas circunstancias y se llevaba a cabo un diseño estratégico virtuoso, se podía ganar el partido”, advertía.

El «ejército rojo» y el «leninista» García Reneses

El profesor de Políticas va sosteniendo su tesis a lo largo de cinco páginas, en las que se refiere a los jugadores como “revolucionarios profesionales” o “ejército rojo” y califica la estrategia del entonces entrenador Aíto García Reneses de «leninista». 

«Si Gasol es uno de los mejores del mundo, no es por sus 2´15 (en la liga nacional americana los hay más grandes y más fuertes) sino por su manera de pensar cuando juega. Y lo mismo puede decirse del resto de “dirigentes políticos” del equipo (se diga lo que se diga, esta denominación dice más de lo que son que llamarles chorradas como “estrellas” o “ñba´s”, escribe Iglesias.

La derrota «nos libró de aguantar el himno»

Para el secretario general de Podemos, el hecho de que España no hubiese ganado aquel partido se debió fundamentalmente a que EEUU “lo hizo todo perfecto” pese a “la agresividad ofensiva del equipo leninista de Aíto”. No obstante, Iglesias ve también cosas positivas en esa derrota: «Nos ha librado de aguantar el himno, de las celebraciones de exaltación nacional, del orgullo de ser español y de la sucesión de infames actos protocolarios que acompañan los éxitos de los héroes de la patria”.

«Ya tuvimos esta suerte en el pasado europeo de Madrid, con el extra añadido de escuchar los acordes del viejo himno soviético y poder recordar esa final mítica de Munich 72 en que la Unión Soviética, con canasta de Sergei Belov en el último segundo a pase de Ivan Edeshko, hizo morder el polvo a los estadounidenses, en plena Guerra Fría (…) Hoy podemos decir que Lenin ha sido, con mucho, el MVP de la final”, concluye.

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