La moneda de 25 pesetas de 1990 de Barcelona 92 que podría valer hasta un millón de euros: la puedes tener en casa
Una moneda marcada por una particularidad que hace que tenga un valor elevado
Poca gente lo sabe, pero la falsificación de esta moneda estuvo a punto de destruir el imperio español en el siglo XVII
El Banco de España avisa: estas monedas dejarán de valer y muchos aún las tienen en casa

Son muchas las casas en las que, al hacer una limpieza profunda, o mientras se revisan monederos que hace décadas que no se tocan, aparecen pesetas. Y lo normal es que recordemos cuando se utilizaban, lo comentemos y vuelvan al cajón pero lo cierto es que algunas de estas pesetas pueden tener bastante valor hoy en día. En concreto, la moneda 25 pesetas de 1990 dedicada a Barcelona 92, se ha convertido en la más deseada de todas si bien podrían pagar por ella hasta 1 millón de euros.
Lo cierto es que cuando fue lanzada se acuñaron miles y miles de estas monedas de 25 pesetas, pero existe una tirada, identificada por un acabado plateado que no estaba previsto en la acuñación original, que ha despertado el interés de los coleccionistas hasta niveles insólitos. En plataformas de compraventa ya aparecen ofertas de más de 100.000 euros, y algunos tasadores reconocen que existen casos excepcionales en los que la valoración llega a cifras como decimos, cercanas al millón. De hecho, la fiebre ha aumentado gracias a internet. Portales como eBay han puesto luz sobre un mercado que antes se movía casi en privado. Y entre los anuncios visibles estos días aparece precisamente una de estas 25 pesetas plateadas, con un precio de salida superior a los 20.000 euros y múltiples interesados pidiendo información. No es casualidad: esta variante es, a efectos numismáticos, una auténtica rareza.
La moneda de 25 pesetas que podría valer hasta un millón de euros
A finales de los años ochenta, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre puso en marcha una serie de emisiones conmemorativas para acompañar la llegada de los Juegos Olímpicos de Barcelona. La de 25 pesetas de 1990 fue una de las más reconocibles. Su diseño, obra del grabador Luis José Díaz Salas, representa a un atleta lanzando un disco, acompañado del nombre España y del propio año de emisión. En el reverso aparecen el valor facial, el logotipo olímpico y la tradicional M coronada de Madrid.
Como el resto de monedas de 25 pesetas de la época, tiene un agujero central característico. Se acuñó en una aleación de bronce y aluminio, pesa 4,2 gramos y mide 19,5 milímetros de diámetro. Nada fuera de lo normal. Y esa es precisamente la razón por la que casi nadie sospechó que algunas unidades eran distintas.
La FNMT produjo más de 65 millones de ejemplares. Un volumen así hace que, en principio, su valor para coleccionistas sea moderado. De hecho, la mayoría de monedas de esta misma serie se venden hoy entre 100 y 200 euros, dependiendo del estado. Pero hay un pequeño grupo que no encaja en la norma.
El error que ha disparado su precio
En medio de aquella tirada masiva se colaron unas pocas monedas con un acabado completamente distinto al previsto. En vez del tono dorado habitual de la aleación, algunas monedas salieron plateadas. No existe un comunicado oficial que explique cuántas se acuñaron ni por qué ocurrió; las hipótesis van desde una partida experimental hasta un error de mezcla en los metales.
Sea cual sea el origen, lo relevante es la consecuencia: esa variante es extremadamente escasa y, por tanto, muy valiosa. Tasadores especializados explican que, cuando aparece una auténtica moneda plateada de 1990 en buen estado, el precio puede superar con facilidad los 100.000 euros. En casos excepcionales, si su conservación es casi perfecta y existe certificación profesional, se han alcanzado tasaciones que rondan el millón de euros. No es lo común, pero está documentado.
Esa falta de información oficial sobre cuántas existen añade aún más interés al objeto. Los coleccionistas pagan cifras altas porque saben que, literalmente, pueden pasar años sin que aparezca una sola unidad real.
El papel de internet y el auge del mercado
La expansión de plataformas digitales ha permitido que cualquier persona pueda comprobar en pocos minutos lo que se paga por determinadas monedas. En eBay y en páginas de coleccionismo aparecen ejemplares plateados de la 25 pesetas de 1990 con precios que superan los 25.000 euros, y en subastas privadas se han observado pujas claramente superiores.
La visibilidad de estos anuncios ha provocado un fenómeno curioso: muchas personas han empezado a revisar las pesetas que aún conservan en casa. Lo que antes era una afición reservada a especialistas se ha abierto al público general gracias a la facilidad para comparar precios, contrastar información y detectar rarezas desde el móvil.
No todas las monedas plateadas son auténticas
Uno de los avisos que los expertos repiten constantemente es el siguiente: no todo lo que parece plateado es raro. Algunas monedas han perdido color por desgaste, por limpieza con productos abrasivos o simplemente por oxidación irregular. Por ello, para distinguir un ejemplar valioso es imprescindible comprobar:
- El peso exacto.
- La composición metálica, mediante prueba profesional.
- La pátina, que en monedas auténticas suele ser siempre uniforme y no muestra restos dorados.
- El estado de conservación, que influye muchísimo en el precio final.
La recomendación general de los expertos es que no saquemos conclusiones rápidas o precipitadas creyendo que tenemos una pieza de valor, sino que lo mejor es acudir siempre a un numismático acreditado antes de intentar vender o tasar una pieza.