Crisis del coronavirus

El gran desafío europeo: las ayudas deben llegar a la economía española, pero con muchas condiciones

Francisco Coll Morales es economista y coordinador del servicio de estudios de Fundación Civismo

Pedro Sánchez
  • Francisco Coll Morales

España, junto a Italia, se prepara para recibir una dotación económica por parte de Europa que tiene como fin reflotar aquellas economías más afectadas y vulnerables por el Covid-19. Las ayudas a los países del sur serán superiores a las de otros países europeos debido al fuerte impacto económico que ha causado la pandemia.

Los indicadores españoles confirman la preocupante salud de la economía: la deuda, en el mejor de los casos, prevé situarse en el 122% del PIB; el déficit  podría rebasar el umbral del 10%; y la tasa de desempleo llegaría al 22%.

En cuanto a Italia, la deuda se situaría en el 155% en relación al PIB del país transalpino; el déficit rebasaría el 10%; mientras que la tasa de desempleo podría superar el 11%. Con estos datos en la mano, y teniendo en cuenta el gran deterioro de la estructura económica y las cuentas públicas de ambos países, el proyecto europeo se enfrenta a un gran desafío del que no prevé salir airoso.

Las ayudas por parte de Europa ascienden hasta los 750.000 millones de euros. Sin embargo, no serán en su totalidad a fondo perdido; es decir, no reembolsables. En el caso de España, las ayudas serán reembolsables en, prácticamente, el 50%. Es decir, mientras que España podría recibir ayudas por valor de 77.000 millones a fondo perdido, el restante, los otros 63.000 millones, serán reembolsables en su totalidad. Esto quiere decir que las ayudas irán en, aproximadamente, un 50% con cargo a la deuda, debiendo reintegrar el capital en los próximos años.

Así, las ayudas que podría recibir el país se podrían cuantificar en una cifra aproximada a los 140.000 millones de euros, sería una de las mayores inyecciones de capital por parte de Europa, sólo superado por Italia.

Las reformas 

Las ayudas irán condicionadas a una serie de reformas que, como indica la propia Comisión Europea, deben acometerse  para reflotar la economía y corregir el escenario vigente. Sin embargo, la dificultad que ahora presenta España es cómo acometer dichas reformas; máxime, sabiendo que supondrían la crispación de una sociedad, con su consecuente pérdida de votos en las urnas.

Ante esta situación, España lleva años postergando unas reformas que, de contar con las ayudas europeas, no podrán seguir postergándose, al menos si así lo exige Europa. Y es que, España es de esos países que pide valentía a la Unión Europea para inyectar cuantías nunca vistas con el fin de combatir una crisis sin precedentes, pero, cuando así lo exige Europa, no aplica esa misma valentía para tomar decisiones que, en este caso, requieren la disciplina presupuestaria y la reforma de un sistema que, en estos momentos, se muestra deficitario.

Paro y deuda 

España es un país que necesita comenzar a corregir situaciones que perjudican, únicamente, al país gravemente. Hablamos de una tasa de desempleo estructural superior al 14%; ensanchándose en términos juveniles hasta alcanzar el 30%; un déficit crónico que no logramos extirpar, pese a lograr un nivel de recaudación fiscal nunca antes visto; así como una situación de endeudamiento en el país que, pese a la política acomodaticia aplicada, y postergada, por los bancos centrales durante los últimos ocho años, así como los crecimientos propiciados por dichas políticas en años anteriores, no hemos sido capaces de reducir por debajo del 100% en relación al PIB.

España se enfrenta a una situación en la que debe abordar las reformas de peso sin oponerse a ninguna. No podemos seguir postergando unas reformas de las que, además, dependen dichas ayudas. Y es que, aunque parezca un error, es un acierto que Europa exija la máxima condicionalidad a las ayudas, pues, con países como Alemania u Holanda, con niveles de deuda que en el peor de los casos no superan el 60%, así como un continuo superávit, Europa debe garantizar la armonización de unas asimetrías económicas entre los países de la Zona Euro que únicamente tensan la relación entre los mismos.

Y es que, con un colchón fiscal inexistente, con un fondo de maniobra acabado, España necesita el rescate para reflotar su economía. Sin embargo, el desgaste de los partidos en las urnas compromete la condicionalidad de dichas ayudas. Por tanto, con los precedentes que presenta España, es completamente necesaria esa condicionalidad que imponen desde Bruselas. Pues, de seguir ensanchando los desequilibrios y no corregir la situación, España podría verse en unos años al borde del colapso económico y financiero, en una Unión Europea en la que ya no contaría con ninguna credibilidad institucional.

La pelota, ahora, está en el tejado del Gobierno español liderado por Pedro Sánchez; veamos cuan solidarios somos nosotros.

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