Una obra de arte de Mario saca a España del atasco inglés

Mario-Gaspar-España-Inglaterra
Mario remata de una espectacular volea el primer gol de España ante Inglaterra. (AFP)

Con el Rico Pérez a rebosar, ponía Del Bosque a Casillas, que cumplía su partido 165 defendiendo la puerta de España y se convertía en el jugador europeo con más internacionalidades al igualar al letón Astafjevs. Por delante, Mario y Alba en los costados, con Piqué y Bartra en el eje de la zaga. El rombo de cuatro centrocampistas tenía mucho toque y ADN Barça: Busquets, Thiago, Iniesta y Cesc. Arriba, si no quieres nueves, pues dos tazas: Alcácer y Diego Costa, que chirría en este equipo como Falete en el desfile de Victoria’s Secret.

Sonaba la música de viento para Piqué, no por repetida menos ruidosa. Al central del Barça le silban ya como a una tía buena al pasar en minifalda delante de una cuadrilla de albañiles. Tocaba España, corrían los ingleses igual que un guiri buscando una cerveza en Benidorm. Aunque el primer tiro fue visitante, después de una diagonal de Sterling, que la mandó al cielo de Alicante. Y repitió Barkley después de un error de España en la salida del balón.

La jerarquía defensiva de Bartra y el descaro de Nolito, las buenas noticias en el ensayo de Del Bosque. La mala es que con dos nueves se juega peor

El arranque del partido discurría lento y miedoso, como dos púgiles que bailan por el ring pero sin liarse a puñetazos. La Roja, tan acostumbrada a jugar sin 9, no se apañaba con dos. Alcácer y Costa, de espaldas a la portería, eran presa fácil de los dos centrales ingleses, Smalling y Jones, gorilas de discoteca en sus ratos libres, que estaban encantados de tener dos tipos con los que chocar.

Un tiro de Piqué, que se envenenó tras tocar en Carrick, a puntito estuvo de convertirse en el primer gol de España, pero la pelota se marchó junto al palo derecho de Hart. El gol habría sido el colmo del morbo, como un reality de la familia Pujol. España atacaba en embudo, con más paredes que un laberinto, y con pocas llegadas por fuera.

Diego-Costa-España-Inglaterra
Diego Costa tira a portería en presencia de Lallana. (EFE)

Un resbalón del bullicioso y tenaz Diego Costa provocó el tercer córner para España, del que salió nuestra mejor ocasión hasta el momento: un disparo mordido de Busquets, que se marchó fuera por centímetros. El monólogo de La Roja con la pelota no encontraba el aplauso del área, con un montón de ingleses protegiendo la puerta de Hart como si fuera el Palacio de Buckingham.

A los 25 minutos Thiago se echó al suelo, víctima de un dolor en la rodilla. Si no fuera por las lesiones, el centrocampista del Bayern sería de largo el mejor del planeta desde hace un par de años, pero no ha sido capaz de encadenar 15 partidos sin acabar en la enfermería. Salió por él Cazorla, que siempre juega con la sonrisa puesta.

Tres minutos después perdonó Alcácer después de un maravilloso pase de Iniesta que habilitó al delantero del Valencia. Paco no enganchó bien la pelota y su disparo se marchó desviado. Y también falló Diego Costa después de otra jugada del genio de Fuentealbilla. Se perfiló, colocó el cuerpo, puso el interior del pie, pero disparó alto y mal.

España se movía al ritmo de Iniesta, pero el partido estaba más atascado que la M-30 desde que Carmena bajó el límite de velocidad. Costa se desesperaba y arreaba algún pescozón a los ingleses, si quiera fuera para calentarse un poco. Inglaterra sólo creaba peligro cuando nuestros defensas se complicaban la vida con filigranas poco aconsejables. En ésas se nos fue un primer tiempo feo como Carmen de Mairena sin maquillar.

Metió Del Bosque en el descanso a Nolito por Iniesta. El delantero del Celta, con su talento y descaro, agitó un poco el partido, que seguía más bien mortecino. Un par de pases interiores del delantero del Celta, primero para Bartra y después para Jordi Alba, llevaron a los nuestros a pisar la tierra prometida del área de Hart.

Marc-Bartra-España-Inglaterra
Bartra dispara a bocajarro ante Hart. (Getty)

El partido seguía en modo tostón. Una jugadita trompicada de Costa nos dio un córner que llevarnos a la boca. Los minutos pasaban con la misma parsimonia y desgana con la que España tocaba la pelota. Sólo los regates de chotis de Nolito sacaban al personal del tedio. Había más resbalones que ocasiones, como si hubieran regado el césped con aceite de oliva.

Se iba Costa por Mata a los 60 minutos, porque su cohabitación en el área con Alcácer es como la de Artur Mas con la CUP: sencillamente contra natura. Un minuto después llegaron las dos mejores ocasiones de España: un remate que Alcácer remató al aire y una virguería de Nolito que remató Jordi Alba y despejó Hart a córner.

A los 66 minutos un disparo de Kane desde fuera del área nos puso el metió el miedo en el cuerpo, pero sólo fue un espejismo. Siete minutos después llegaría el gol de España, una obra de arte que firmó Mario, un lateral que lleva dos goles en dos partidos con La Roja. Fue un gol propio de un genio del área como Van Basten o Ibrahimovic. Cesc le puso un pase picado y Mario, de espaldas a la portería, se sacó un tiro que era una mezcla entre la media vuelta y de chilena. Un tanto de una belleza conmovedora. Un gol de Oliver y Benji. Un pedazo de gol.

España se desmelenó con los cambios y una jugada entre Nolito, Pedro y Cazorla la culminó el del Arsenal con un toquecito suave, casi de billar, que se coló en las narices de Hart, convertido en estatua viviente. Sólo se movió el meta inglés para protestar un fuera de juego que sólo existió en su imaginación. Rabiaban los ingleses, que aún tuvieron tiempo para montar una tángana como unos hooligans con botas de tacos. Afortunadamente, la sangre no llegó al río y el partido se acabó con un tiro al larguero de Rooney y una parada de Iker –cien partidos imbatido con la selección–, pero con la victoria del único equipo que quiso jugar al fútbol.

Lo último en Deportes

Últimas noticias