Así fueron las 48 horas que llevaron la Copa Libertadores a Madrid

Pedro Sánchez autorizó el River-Boca del Bernabéu en contra del criterio del Ministerio del Interior

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Madrid, 27 de noviembre de 2018. El móvil de Florentino Pérez empieza a vibrar. El que llama es el presidente de la CONMEBOL, Alejandro Domínguez. El motivo de la llamada, preguntar si el Real Madrid estaría dispuesto a que el Santiago Bernabéu albergara el River-Boca de la final de la Copa Libertadores. Lo que ocurre después son 48 horas frenéticas de llamadas, negociaciones y reuniones que acaban con un final feliz: el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, autoriza a que se juegue el partido. Eso sí, lo hace en contra de la recomendación del Ministerio del Interior.

Pero volvamos atrás y respetemos la cronología de los acontecimientos. Cuando el presidente de la CONMEBOL le propone la idea de jugar el River-Boca en el Bernabéu a Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid se mostró encantado. Era el primer paso.

El segundo era conseguir la aprobación de la Federación Española de Fútbol, como asociación regional anfitriona del partido, y de la FIFA, la máxima autoridad del fútbol mundial. El presidente de la CONMEBOL obtuvo el OK tanto de Luis Rubiales como de Infantino en apenas unas horas. El River-Boca del Bernabéu empezaba a coger forma.

«Todo se mantuvo en absoluto secreto durante 48 horas, no hubo ni una filtración», cuentan desde la cúpula del Real Madrid, que se remangó para lograr el beneplácito de las autoridades políticas. Hubo reuniones con la Delegación del Gobierno en Madrid y con el Ministerio del Interior, pero ambas instituciones dieron un «no» rotundo a la posibilidad de disputar el River-Boca en el Bernabéu.

El ‘never, never, never’ de Marlasca

«No se puede montar en diez días un dispositivo policial para el que se necesitan meses», fue la respuesta que obtuvieron los representantes del Real Madrid y de la RFEF del Ministerio del Interior. No les faltaba razón. Era una contrarreloj demasiado corta para que todo saliera bien y se necesitaba organizar un despliegue de seguridad demasiado grande en un plazo de tiempo demasiado corto. El riesgo de altercados, visto lo que había ocurrido días antes en el Monumental de Buenos Aires, era tan elevado que los efectivos policiales podrían quedar desbordados.

La situación parecía bloqueada y las posibilidades de jugar el River-Boca en el Bernabéu empezaban a desvanecerse. Irrumpió con fuerza el gobierno de Qatar, que llegó a ofrecer 14 millones a la CONMEBOL si el partido se jugaba en Doha. París también se postuló como sede.

Pero entonces el Real Madrid y la RFEF decidieron utilizar el comodín de la llamada. Telefonearon a Pedro Sánchez y el presidente del Gobierno, que estaba de viaje (cosa rara en él) en Argentina para asistir al G-20, dio el OK inmediatamente, desoyendo los consejos del Ministerio del Interior. Fuera por postureo o por investirse de salvador de la patria, Sánchez dijo sí al River-Boca. Al contrario de lo que suele ocurrir cuando el presidente del Gobierno toma una decisión, esta vez acertó.

El resto de la historia ya la conocen. Se jugó el River-Boca en el Bernabéu y el despliegue de seguridad fue sencillamente perfecto. Madrid y España dieron una lección al mundo de cómo se organiza un evento de nivel mundial en diez días.

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