Champions: Real Madrid-Manchester City

Fede Valverde obra otro milagro

El Real Madrid derrotó 3-0 al Manchester City con un histórico 'hat-trick' de Fede Valverde

Repaso táctico de Arbeloa a Guardiola y memorable partido del Real Madrid perfecto en la presión y dinámico en ataque

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real madrid manchester city
El Real Madrid ganó 3-0 al Manchester City.

Fede Valverde, ¿de qué planeta viniste? El heroico e histórico hat-trick del uruguayo dio al Real Madrid un triunfo milagroso ante el Manchester City. El repaso táctico de Arbeloa a Guardiola quedará también en los anales de la Champions. Como el partido del Madrid, serio, fiable, comprometido y conmovedor. Valverde se llevará el balón, los focos y las portadas, pero el partidazo de todos los jugadores madridistas fue para enmarcar.

Hasta de Vinicius, que falló un penalti que habría sentenciado la eliminatoria. Un partidazo de un equipo plagado de bajas y de canteranos. Un partidazo que demuestra que en la Champions nunca conviene enterrar al Real Madrid. Yo lo escribiré mil veces para que no se me olvide.

Se la jugó Arbeloa. Dejó en el banquillo a Camavinga, Asencio y Gonzalo y volvió a apostar por Huijsen, Thiago Pitarch y Brahim. El once del Real Madrid, piel de cordero, ante el Manchester City, un lobo real, era casi calcado al de Balaídos con el único cambio del acompañante de Rüdiger. Parecía claro que el entrenador madridista quería proponer a Guardiola un partido de centrocampistas. Quizá, claro, porque al Madrid apenas le quedan delanteros sanos. Bueno, apenas le quedan futbolistas, en general.

Guardiola también hizo de las suyas como casi siempre en el Bernabéu. Se dejó en el banquillo a Reijnders, Cherki o Foden y apostó por un equipo plagado de extremos y con Haaland como principal referencia. El once del Manchester City, con sólo recitarlo, daba miedo: Donnarumma: Khusanov, Dias, Guéhi, O’Reilly; Rodri, Bernardo Silva, Savinho; Semenyo, Doku y Haaland. Seamos sinceros: daban ganar de rendirse.

No lo hicimos. Claro, es que el Real Madrid nunca se rinde. Y en la Champions menos. Nada. Salieron los jugadores, sonó el himno y empezó el duelo. Jesusito de mi vida. Firmamos el empate. Nació con ritmo el partido y con el Madrid descarado. Thiago Pitarch las pedía todas y jugaba la pelota con valentía y criterio. Trataba de presionar el City pero a los de Arbeloa no les quemaba la pelota. Molaba el partido.

No les hablaré de los dibujos de ambos equipos tanto por no aburrirles como porque eran indescifrables. El City se asomó al área del Real Madrid en los primeros minutos con un par de maniobras individuales de Doku, siempre solícito para el regate. Contuvo el aliento el Bernabéu. Respondió en el 8 Brahim con una ocasión dentro del área que resolvió con un tiro centrado que sacó abajo como pudo Donnarumma.

Fede Valverde pega primero

Al filo del cuarto de hora Doku se aprendió el camino de la espalda de Trent y por ahí descubrió el área de Courtois. En los córners el City sembraba el pánico entre la dubitativa defensa del Real Madrid. Otro susto en el 18 después de un mal despeje de Fede Valverde que cayó en los pies de Bernardo Silva. Por suerte (para nosotros) su volea lamió por fuera el palo derecho de Courtois.

Perdonaba el Manchester City. No lo haría el Real Madrid. La jugada, al filo del 20, fue como sigue. Courtois hizo un pase diagonal de 40 metros que no sería capaz de firmar ningún centrocampista del actual Madrid. Un pase de Kroos. Fede Valverde se hizo un control genial, premeditadamente largo, para sentar en la carrera a O’Reilly. Se infiltró en el área grande, sorteó la espantosa salida de Donnarumma, se escoró y marcó ya a puerta vacía. El Bernabéu se vino abajo. Guardiola más.

El Real Madrid, plagado de bajas, sin delanteros, con un niño de 18 años al comando del centro del campo, se había puesto por delante de un City plagado de estrellas. Pero la cosa no paro ahí. En el 26 llegó el 2-0. Fue un pase que filtró Vinicius al desmarque por el centro del área de Fede Valverde. Rúben Días, en su intento por despejar, templó el pase. El uruguayo la pinchó bien, se la acomodó a la zurda y batió con un tiro raso y cruzado a un Donnarumma que se quedó a media salida y se tiró tarde.

El Real Madrid, con un botín precioso e inesperado como los dos goles de ventaja, decidió replegarse. No le quedó otra al Manchester City que adueñarse del balón y cargar el área de Courtois. Se defendía con todo el equipo de Arbeloa, un diez en actitud y en compromiso. Mención especial para un Thiago Pitarch ubicuo, constante y preciso. Imponente su primera mitad.

Golazo a golazo

Pero para imponente, para imponente de verdad, el tercer gol del Real Madrid. Lo agitó Vinicius con una carrera que acabó en el área. La pelota fue para el otro costado donde apareció, quién sino, Thiago Pitarch. El canterano tocó para Brahim, que dibujó un sombrero para Fede Valverde. Le emuló el uruguayo con otro sombrero para retratar a Guéhi, y de volea la cruzó para lograr el 3-0 y el primer hat-trick de su vida. El Bernabéu ya no vibraba, levitaba.

Así fue hasta el descanso. Del que regresamos con la mala noticia de la lesión, una más, esperada y previsible, de Mendy. Entró por él Fran García. Guardiola se enmendó a sí mismo y sacó del campo a Savinho para dar entrada a Reijnders, el centrocampista que pidió Xabi Alonso y Florentino no le quiso comprar. La primera de la segunda parte fue también para el Real Madrid. La protagonizó Brahim con una magnífica maniobra individual y evitó el cuarto Donnarumma con una buena mano. Vinicius se durmió en el rechace.

Apretaba el City porque no le quedaba otra. Respondía el Bernabéu. En el 54 Courtois sacó una buena mano a un tiro a bocajarro de Semenyo. Los de Guardiola empezaron a dejar latifundios a sus espaldas y así llegó un maravilloso pase de Güler para la carrera de Vinicius. Vini corrió y corrió y siguió corriendo. Khusanov le empujó pero el brasileño aguantó, luego dribló a Donnarumma, que le metió la mano y le derribó. Penalti. Se la pidió Vinicius y, como hizo el año pasado también en la Champions en el Metropolitano, lo falló. Su disparo, centrado, flojito y televisado, lo paró con facilidad el meta del Manchester City.

Presión total

El Bernabéu, que ya reservaba entradas para ver al Bayern, se quedó de bajón. Vinicius pidió perdón. Se lo concedió el Bernabéu. Las malas noticias no llegaron solas. Se echó al suelo Tchouaméni. Su tobillo, tocadísimo, había dicho basta. Le atendieron fuera del campo y regresó cojeando, pero regresó. En el 65 la tuvo Vinicius, que recibió un pase filtrado por Brahim, pero su toquecito se marchó a la izquierda de la meta de Donnarumma.

En el 70 metió Arbeloa a Camavinga por Güler, que volvió a irse con carita. Thiago Pitarch, fundido y vaciado, seguía en el campo, porque hasta fundido corre más que cualquiera. Precisamente el canterano hizo una liada histórica al querer hacer una ruleta dentro del área propia y perderla ante O’Reilly. Menos mal que estaba ahí el pie salvador de Courtois para sacar un gol cantado que podría haber metido al Manchester City en la eliminatoria. Respiró el Bernabéu.

En el 75, aún con el susto en el cuerpo, metió Arbeloa a Mastantuono y Manuel Ángel por Brahim y Thiago Pitarch. El Real Madrid siguió presionando y presionando. El Bernabéu apretaba sin parar. Disfrutaba. El mal recuerdo del penalti marrado por Vinicius ya había desaparecido. Estábamos en el 80 y al Madrid le quedaba sólo guardar la ropa después de haberse hartado a nadar.

En el 83 entró Carvajal por Trent, que había sobrevivido a los extremos del City. El Bernabéu reconoció el esfuerzo del uno y la carrera del otro. El Real Madrid siguió comprometido, ordenado y competitivo hasta el final. El Manchester City, desdibujadísimo, era una oda a la impotencia. Quedaban los minutos finales para cantar una victoria heroica e histórica del Real Madrid, que incluía un repaso de Arbeloa a Guardiola en lo táctico, y pudo sobrevivirlos el equipo madridista para abrochar su valiosísimo 3-0 que le deja la eliminatoria en clara ventaja, aunque habrá que esperar para refrendarla dentro de seis días en el Etihad.

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