CHAMPIONS LEAGUE: BAYERN – REAL MADRID

El Madrid nunca dimite

El Madrid nunca dimite
Los jugadores del Real Madrid celebran el 1-1 ante el Bayern | Champions League. (AFP)

El Real Madrid nunca dimite. Y en la Champions nunca jamás. Los blancos supieron remontar el gol inicial de Kimmich y sobreponerse a su deficiente, horrible, portero. Lo hicieron con fútbol y personalidad. Lo hicieron yéndose a por el Bayern sin miedo. Y lo lograron gracias a su carácter y a su talento. Marcelo logró la igualada al filo del descanso con una volea cruzada y Marco Asensio, con un golazo marca de la casa, firmó el definitivo 1-2. El Madrid reserva el billete para la final de Kiev, pero deberá confirmarlo la semana que viene en el mostrador del Bernabéu.

Zidane, amén de entrenador, bien podría ser guionista de Juego de Tronos: le encantan las sorpresas y cargarse a gente. En Múnich le tocó a Benzema, otrora protegido y niño de sus ojos, al que guillotinó sin pestañear como quien se sacude las migas de un bocata. Y muerto Karim, viva Lucas Vázquez. Quizá porque eso de la meritocracia Zizou lo lleva a rajatabla, el técnico del Real Madrid no eligió ni al más caro (Bale) ni al más mediático (Asensio), sino al que juzgaba más útil para el partido ante el Bayern.

Hablando del Bayern Heynckes es lo contrario a Zidane. Más conservador que Manuel Fraga y casi de la misma quinta, el técnico de La Séptima siempre fue un hombre que se dejó aconsejar –las malas lenguas dicen que manipular– por los pesos pesados del vestuario, así que entre cargarse a Robben, a Muller, a James o a Thiago, prescindió de este último, que es más joven y manda menos en la caseta del Bayern. Él sabría. La delantera del Bayern parecían los Rolling: todo eran viejos rockeros, sobre todo Robben y Ribèry, que parecen llevar jugando desde los tiempos de Aznar.

Y con esas cartas comenzó la partida en el Allianz. Y comenzó con un amago de infarto para los madridistas. Fue una presión de James, que le robó la cartera a Carvajal y asistió a Lewandowski, ya emboscado en el área. Menos mal para el Real Madrid que el centro del polaco pilló mal parado a Müller, que no pudo engancharla a huevo. Respondió el Madrid con una contra comandada por Kroos, que remontó la banda izquierda y asistió al área sin encontrar rematador. ¡Dios mío, qué vértigo!

A toda mecha

Centrifugaba el partido el Bayern, que había salido furioso y vivo como Cristina Cifuentes en el Eroski. Entre tanto vértigo y tanta furia se rompió Robben a los cinco minutos. Demasiada velocidad para tantos años. Heynckes metió a Thiago, que le daría pausa a su equipo aunque le restaría verticalidad. Se calmó algo el partido hasta llegar al minuto 10.

El dominio territorial era del Bayern, pero era un dominio suave como el 155. Se pertrechaba atrás el Real Madrid concediendo el espacio a los bávaros en busca de una contra. Así se sucedieron llegadas de Cristiano y de Isco, que murieron en la orilla del área germana. Y así, calmado el ímpetu inicial y en una especie de guerra fría, alcanzamos el minuto 20.

Pasito a pasito, suave, suavecito fue el Real Madrid inclinando el juego hacia el área de Ulreich, un portero que tiene nombre, cara y cuerpo de alemán. Sufría el Bayern, cada vez más encerrado por el empuje y el juego de los de Zidane. Y justo, cuando más dominaban los blancos, marcó el Bayern, porque así es el Bayern.

Keylor canta… otra vez

Fue una transición rápida de los alemanes, que encontraron un hueco a la espalda de Marcelo, descolocado, y de Isco, insolidario, para la galopada de Kimmich. El lateral se asomó al área por el pico de la grande y entonces el portero del Real Madrid decidió que era mejor intuir el centro que guardar su portería. Se destapó, Kimmich lo vio y se sacó un disparo seco ante el que Keylor Navas ni pudo ni supo reaccionar. En tres palabras: SE LA COMIÓ. Otra desastrosa actuación de un portero que demuestra –partido sí y partido también– que la portería del Real Madrid le viene grande.

El tanto dejó sonado al Madrid y espoleó a un Bayern que empezó a dejar de temer al ogro. Se trataba de acercarse al área del enemigo y tirar centros desde cualquier sitio. Pero el Real Madrid es una copia del Bayern. Cuanto más muerto parece, se levanta y te pega un susto. Fue justo al filo del descanso. Una pelota que sobrevoló el área de Ulrich de lado a lado y que prolongó al área Carvajal de cabeza. No llegó Cristiano, pero el balón cayó en la frontal y allí apareció Marcelo de mediapunta para enganchar una volea cruzada ante la que nada pudo hacer un Ulreich tapado.

El gol de Marcelo dio paso al descanso y al balance del primer tiempo. El 1-1 reflejaba bien a las claras lo que había sido un partido tenso, que no bonito, con alternativas para los dos equipos en el que el Real Madrid consiguió sobrevivir a su deficiente portero. En la caseta Zidane sentó a un mermado Isco y metió al campo a Marco Asensio para atacar al Bayern por los dos costados.

Salvador Marcelo

Pero el Real Madrid tenía a Keylor, que era un manojo de nervios empeñado en dar emoción (o espanto) a cada ataque del Bayern. En una jugada del veterano Ribéry estuvo a punto de embocar Müller, pero entre Ramos y Varane evitaron el 2-1 de los alemanes. Era el minuto 50 y quedaba una glaciación para acabar el duelo.

Los blancos no perdieron la cara al partido y así encontraron el 1-2. Fue una contra comandada por Lucas Vázquez, que robó un balón a un Rafinha dormido, y aceleró la contra. Le acompañó su amigo Asensio, que recibió el balón, miró, templó, elevó la pelota delante de Ulreich como si nada. Fue un golazo de un futbolista que pide a gritos ser titular en el Real Madrid. Pero ya.

El Madrid encargaba el billete para Kiev, pero 30 minutos en el Allianz Arena también son molto longos. De repente, una mala noticia para Zidane: se rompió Carvajal y Zidane metió a Benzema. El técnico francés metía a Lucas Vázquez de lateral derecho con Cristiano por delante y Karim descolgado arriba. El cambio dejó un hueco en la banda derecha del Madrid, porque ni CR7 bajaba ni Modric ayudaba demasiado a Lucas.

Asensio decide

Ronaldo marcó un golazo en el 72, pero Kuipers se lo anuló por mano. No lo fue. El luso controló con el pecho y el tanto era legal, pero quizá de este gol mal anulado no se hable tanto como del penalti bien pitado de Benatia a Lucas. Es la cruz del Real Madrid. Cuando los árbitros le perjudican, pues no se habla y a otra cosa.

Los de Zidane debían resistir el último cuarto de hora en el Allianz para irse al Bernabéu con una gran ventaja. Que pudo ser más si Benzema hubiese acertado con la portería en un mano a mano que sacó espectacularmente Ulreich con el pie al más puro estilo Ter Stegen. Ya superábamos la barrera psicológica del 80 cuando Zidane metió a Kovacic por un fundido Casemiro.

El Real Madrid supo guardar la ropa en los minutos finales y aguantar el arreón final de un Bayern orgulloso que nunca se rindió. Al final, los blancos se llevaron otra vez el botín del Allianz y demostraron que, al menos en la Champions, el Madrid nunca se rinde.

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