La psicología sugiere que los adultos que pueden mantener la calma en conversaciones tensas no son tranquilos, en realidad tienen una capacidad de regulación emocional envidiable
Aprender a gestionar el enfado y pensar antes de responder puede ayudar a afrontar los conflictos
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Hay personas que, incluso cuando alguien las provoca, consiguen llevarles la contraria o elevan el tono de una conversación, parecen mantener la cabeza fría. Sin embargo, conservar la calma no significa necesariamente que no sientan enfado, frustración o nervios. La psicología estudia esta capacidad como parte de la regulación emocional, un conjunto de procesos que permite gestionar lo que sentimos y decidir cómo reaccionar, en lugar de responder automáticamente al primer impulso.
Saber gestionar el enfado
La regulación emocional permite influir en la intensidad, la duración y la expresión de una emoción. El psicólogo James J. Gross, investigador de la Universidad de Stanford, ha estudiado cómo las personas gestionan sus respuestas emocionales y qué consecuencias tienen las distintas estrategias en su bienestar y sus relaciones.
Uno de los mecanismos analizados es la reevaluación cognitiva, ya que interpretar una situación desde otra perspectiva para reducir su impacto emocional. Por ejemplo, ante un comentario desagradable, una persona puede detenerse a pensar si merece la pena entrar en una discusión o si existe otra explicación para lo ocurrido. Esta respuesta no elimina necesariamente el enfado, pero puede evitar que determine su comportamiento.
La diferencia entre regular las emociones y reprimirlas
Mantener una expresión serena no siempre significa haber gestionado bien lo que ocurre por dentro. La investigación distingue entre regular una emoción y limitarse a ocultar sus manifestaciones. En un estudio publicado en 2003, observaron que la reevaluación cognitiva se asociaba con un mayor bienestar y un mejor funcionamiento interpersonal, mientras que el uso habitual de la supresión emocional presentaba asociaciones menos favorables.
Esto no significa que controlar una reacción visible sea siempre perjudicial. En determinados contextos puede ser útil no responder de inmediato. La diferencia está en si la persona consigue procesar lo que siente o si se limita a esconderlo sin abordar el malestar. La calma saludable no exige aceptar faltas de respeto ni renunciar a expresar desacuerdos.
Cómo entrenar esta capacidad emocional
Diferentes estudios recomiendan aprender a identificar el enfado y ralentizar la respuesta antes de actuar. Respirar profundamente, escuchar antes de contestar y expresar las necesidades de forma firme, pero respetuosa, son estrategias que pueden ayudar a evitar que una conversación termine en una confrontación.
En definitiva, mantener la calma no consiste en permanecer impasible ante cualquier situación. Supone reconocer las propias emociones, darles espacio y elegir una respuesta que no empeore el conflicto. Es una habilidad que puede desarrollarse con práctica y que permite defender los propios límites sin dejar que el enfado decida por nosotros.
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