Ni aragonés ni catalán: el insólito idioma que sólo se habla en un pueblo de Huesca y sobrevive por 200 personas
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El español sigue ganando hablantes y los más optimistas creen que sustituirá al inglés en Estados Unidos. Mientras tanto, en nuestro país hay un idioma que sobrevive gracias a únicamente 200 personas. Está ocurriendo en Aragón, concretamente en un pueblo de Huesca.
No hablamos del aragonés estándar, sino del aragonés chistabino, un dialecto ancestral que hoy en día sólo se conserva en el valle de Gistau, que aglutina a unos pueblos que no llegan a los 700 habitantes.
Los lugares donde todavía se habla el aragonés chistabino son Gistaín, Plan, San Juan de Plan, Saravillo, Sin, Serveto y Señés. Lo mejor de todo es casi no ha recibido influencias del castellano.
El idioma aragonés que se niega a desaparecer en los pueblos de Huesca
El chistabino es una de las variedades del aragonés mejor conservadas. Todo gracias a que casi no ha recibido influencias del español y mantiene rasgos lingüísticos muy antiguos.
Aunque lo hable poca gente, está considerado junto al cheso y al foncense, uno de los pocos dialectos aragoneses que aún se escuchan en la vida cotidiana y no sólo entre lingüistas.
La zona en la que todavía se conserva es en el valle de Gistau. De hecho, es común en algunas casas. Para mantenerlo los niños lo aprenden en la escuela y se usa como lengua vehicular.
Esto ha permitido que la transmisión generacional no se haya perdido por completo, pero eso no evita que su protección sea complicada. Sobre todo porque Gistaín, donde más hablantes quedan, sólo viven 114 personas.
La consecuencia es que muchos jóvenes todavía entienden el chistabino, pero ya no lo hablan fuera del colegio y conforme los más mayores fallecen se pierde un legado cultural inmenso.
Por qué el aragonés chistabino es un idioma tan especial
Desde el punto de vista lingüístico, el chistabino es una auténtica reliquia. Por ejemplo, conserva sonidos y estructuras propias del aragonés medieval.
Lo más llamativo es la sonorización de consonantes intervocálicas (caixigo, radigon), la presencia de la x inicial con i (Ixordiga, Ixingardana) o formas verbales propias como cantam o querem.
También mantiene construcciones gramaticales muy características, como la concordancia del participio con el complemento directo: Las vacas las han comidas.
Estos rasgos hacen que incluso algunos visitantes familiarizados con el aragonés se sorprendan al escucharlo por primera vez. Los que no lo conocen llegan a confundirlo con el francés y con el valenciano por su influencia histórica.
La batalla de Aragón y Huesca para conservar un idioma único en el mundo
El español ha perdido su puesto como segundo idioma más hablado, pero su salud es excelente. En el extremo contrario está el aragonés chistabino. Si nada cambia, lo más probable es que desaparezca.
Aun así, en Aragón, en Huesca y en el valle se niegan a que esto ocurra. Por ello existen varias iniciativas culturales para mantener la lengua viva. La más llamativa es una revista local con artículos en chistabino.
Además, el profesor Brian Mott, de la Universidad de Barcelona, dedicó más de 15 años a elaborar un diccionario etimológico chistabino-castellano, con más de 5.400 palabras.