La frase de Charlie Chaplin sobre la humanidad: «Pensamos demasiado y sentimos muy poco»
Para Charles Chaplin la humanidad corría el riesgo de olvidar la empatía, la bondad y la ternura
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«Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y ternura». La reflexión de Charlie Chaplin continúa resonando décadas después de que la pronunciara en El gran dictador, una película estrenada en 1940 en plena expansión del fascismo europeo. El cineasta convirtió su primer gran discurso hablado en una defensa de la libertad y de la fraternidad humana, pero también en una advertencia sobre los peligros de una sociedad capaz de avanzar técnicamente mientras pierde de vista a las personas.
Una película contra la dictadura
El gran dictador fue escrita, dirigida y protagonizada por Chaplin y llegó a los cines en 1940. El actor interpretó dos personajes. Por un lado, al dictador Adenoid Hynkel y a un barbero judío perseguido por el régimen. La película utilizó la sátira y el humor para enfrentarse directamente al totalitarismo y a la figura de Adolf Hitler, convirtiéndose en una de las obras políticas más importantes de su carrera.
El discurso final rompe con el tono cómico que había dominado buena parte de la película. El personaje del barbero toma el micrófono y, confundido con el dictador, pronuncia un mensaje dirigido a millones de personas. Chaplin había trabajado durante meses en aquellas palabras y los documentos conservados en su archivo muestran que entre los conceptos que quería transmitir estaban precisamente la razón, la felicidad, la bondad, la humanidad, la tolerancia, la libertad y el amor.
La fuerza de esta reflexión está precisamente en que no pertenece únicamente al contexto de la Segunda Guerra Mundial. Cada generación puede interpretarla desde sus propios problemas. Una sociedad puede ser cada vez más inteligente y, al mismo tiempo, no ser necesariamente más humana. Tener más información no garantiza comprender mejor al otro, ya que disponer de más tecnología tampoco significa saber utilizarla para construir una vida mejor.
Por eso las palabras de Chaplin continúan teniendo sentido más de ocho décadas después. El cineasta entendió que el verdadero progreso no consiste únicamente en conseguir que las máquinas hagan cada vez más cosas, sino en conseguir que las personas sigan siendo capaces de sentir, cuidar y respetar. Y esa quizá sea la parte más poderosa de su mensaje, ya que la humanidad no se demuestra por lo mucho que sabemos, sino por lo que hacemos con aquello que sabemos.