Energía

Europa sigue obsesionada con las energías renovables pero Bélgica va a cambiar las reglas: acaba de comprar centrales nucleares

Las centrales nucleares
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Bélgica ha dado un paso muy importante en el contexto energético actual. El Gobierno de Bart De Wever, junto con Engie y Electrabel, ha firmado una carta de intenciones para iniciar negociaciones exclusivas con el objetivo de estudiar la posible adquisición pública de todas las centrales nucleares de Bélgica. Este movimiento supone un cambio significativo respecto a la línea política de los últimos años, en los que se planteaba el cierre progresivo de las centrales nucleares.

La propuesta busca reforzar el control estatal sobre una fuente de energía considerada estable, con bajas emisiones de CO₂ y capaz de garantizar suministro continuo incluso en ausencia de sol o viento. No obstante, el proceso aún se encuentra en una fase inicial. La operación no está cerrada y dependerá de análisis técnicos, acuerdos finales y la aprobación de los organismos reguladores correspondientes.

Compra de centrales nucleares

El paquete no se limita únicamente a los dos reactores operativos en la actualidad. El comunicado conjunto incluye la totalidad de la infraestructura nuclear del país, es decir, siete reactores en total, además del personal asociado, las filiales vinculadas al sector y los activos y pasivos derivados de la actividad, incluidas las responsabilidades futuras de desmantelamiento. En la práctica, no se trata sólo de adquirir instalaciones de producción eléctrica, sino también de asumir una parte especialmente sensible de la historia nuclear del país.

El elemento central de la operación es estratégico. Bélgica pretende reforzar el control directo sobre sus activos nucleares con el fin de prolongar la vida útil de las centrales existentes y explorar el desarrollo de nueva capacidad. Esta decisión se enmarca en un contexto en el que se busca evitar la dependencia del gas, gestionar posibles aumentos de la demanda eléctrica derivados de la electrificación y contener el impacto en los precios de la energía, aunque éste último no es el único factor en juego.

Las partes implicadas han establecido un primer horizonte temporal. El objetivo es definir unas condiciones básicas antes del 1 de octubre de 2026, aunque la carta de intenciones no implica una obligación de cerrar la operación. El acuerdo final dependerá de los resultados de los estudios, de la aprobación regulatoria y de la viabilidad económica; en caso contrario, el proyecto podría modificarse o incluso no llegar a materializarse.

Mientras avanzan las negociaciones, Bélgica y Engie han acordado paralizar temporalmente los trabajos de desmantelamiento que ya estaban en curso. La justificación oficial es mantener abiertas todas las alternativas posibles para el Estado belga. En términos prácticos, una vez que una central empieza a desmontarse progresivamente, su posible reutilización o reintegración en una estrategia energética futura se vuelve mucho más compleja.

Esto no implica que los reactores se vayan a reactivar de forma inmediata. Más bien, significa que el Gobierno ha optado por no tomar decisiones irreversibles hasta disponer de información más clara sobre los costes, los requisitos regulatorios y qué instalaciones podrían ser viables desde el punto de vista técnico. Es, en cierto modo, una pausa estratégica antes de avanzar en un proceso de mayor alcance.

El primer ministro Bart De Wever ha enmarcado esta decisión como una apuesta por una energía «segura, asequible y sostenible», con menor dependencia de los combustibles fósiles. Aunque se trata de una declaración política, refleja también una preocupación compartida en varios países europeos tras la crisis energética reciente: la sensibilidad del sistema eléctrico ante las variaciones en el precio del gas.

Situación en España

En España hay actualmente cinco centrales nucleares en funcionamiento, ubicadas en cinco emplazamientos distintos, dos de las cuales cuentan con dos reactores cada una (Almaraz y Ascó), lo que supone un total de siete reactores de agua ligera con una potencia eléctrica instalada conjunta de 7.398,77 MW.

La central de Almaraz, situada en Cáceres, cuenta con los reactores Almaraz I (1.049,40 MW, en explotación desde 1983) y Almaraz II (1.044,50 MW, desde 1984), ambos gestionados por Centrales Nucleares Almaraz-Trillo, AIE, con participación de Iberdrola (52,7%), Endesa (36%) y Naturgy (11,3%). En Ascó, Tarragona, la central dispone de dos unidades: Ascó I (1.032,50 MW, desde 1984), propiedad al 100% de Endesa, y Ascó II (1.027,21 MW, desde 1986), compartido entre Endesa (85%) e Iberdrola (15%), ambas bajo la Asociación Nuclear Ascó-Vandellós II, AIE.

Por su parte, Cofrentes (Valencia) cuenta con un único reactor BWR de 1.092,02 MW en operación desde 1985, propiedad íntegra de Iberdrola Generación Nuclear. La central de Vandellós II, en Tarragona, aporta 1.087,14 MW desde 1988 y está participada por Endesa (72%) e Iberdrola (28%), también bajo la ANAV. Finalmente, la central de Trillo (Guadalajara), operativa desde 1988 con 1.066 MW, está gestionada por CNAT y cuenta con participación de Iberdrola (49%), Naturgy (34,5%), EDP (15,5%) y Endesa (1%).

En el año 2025, la producción eléctrica neta del parque nuclear español alcanzó los 51.846,16 GWh, lo que supone aproximadamente el 19,05% de toda la generación eléctrica del país, a pesar de representar únicamente el 5,21% de la capacidad instalada total, según el informe «Resultados nucleares de 2025 y perspectivas de futuro» de Foro Nuclear.

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