Científicos

Ada Lovelace: la pionera de la programación y primera persona en escribir un algoritmo

Ada Lovelace está considerada la primera programadora de la historia: descubre su papel pionero en la informática y su legado científico.

¿Se nace científica o se llega a serlo?

Katherina Johnson, matemática

5 mujeres importantes de la ciencia

Lovelace
Ada Lovelace.
Francisco María
  • Francisco María
  • Colaboro en diferentes medios y diarios digitales, blogs temáticos, desarrollo de páginas Web, redacción de guías y manuales didácticos, textos promocionales, campañas publicitarias y de marketing, artículos de opinión, relatos y guiones, y proyectos empresariales de todo tipo que requieran de textos con un contenido de calidad, bien documentado y revisado, así como a la curación y depuración de textos. Estoy en permanente crecimiento personal y profesional, y abierto a nuevas colaboraciones.

A veces la historia tiene estos giros increíbles: una persona nace en el momento “equivocado”, en una época que todavía no está lista para entenderla, y aún así deja sembrada una idea que cambiará el mundo. Eso fue exactamente lo que pasó con Ada Lovelace. En pleno siglo XIX, cuando las máquinas eran engranajes, vapor y metal, ella ya estaba pensando en algoritmos, instrucciones y en cómo una máquina podía seguir pasos lógicos para resolver problemas. Básicamente, estaba pensando como programadora… décadas antes de que existiera la programación. Ada nació en 1815 en Londres como Augusta Ada Byron. Sí, Byron. Era hija del famoso poeta romántico Lord Byron.

Un contacto con suerte

Ada tuvo la suerte de conocer a Charles Babbage, un cualificado inventor que estaba trabajando en máquinas para realizar cálculos automáticamente. Primero diseñó la Máquina Diferencial, después se atrevió con la Máquina Analítica. Esta última incluye memoria, una unidad de procesamiento y un sistema de tarjetas perforadas para introducir instrucciones. Es decir, el antepasado conceptual de la computadora moderna. Mientras muchos veían en ese inventar una calculadora complicada, Ada vio potencial. Muchísimo potencial. Entendió que la máquina no tenía que limitarse a hacer cuentas. Si podía manipular números según reglas, también podía manipular cualquier cosa que pudiera traducirse en símbolos. Y eso cambia completamente el juego.física cuántica

Artículo y notas propias

En 1842, el ingeniero italiano Luigi Federico Menabrea publicó un artículo en francés describiendo la Máquina Analítica. A Ada le pidieron traducirlo al inglés. Hasta ahí, parecía un encargo más. Pero ella decidió ir más allá. Añadió una serie de notas propias que terminaron siendo más largas que el texto original. Y en una de esas notas, la famosa nota G, describió paso a paso cómo la máquina podía calcular los números de Bernoulli. Eso, técnicamente, es un algoritmo. Y no hay ningún algoritmo: uno diseñado para ser ejecutado por una máquina.

Por eso Ada Lovelace es considerada la primera programadora de la historia. Lo más impresionante es que la Máquina Analítica ni siquiera estaba terminada. Ada estaba escribiendo instrucciones para algo que todavía no existía básicamente. Es como si hoy diseñaras una aplicación para un dispositivo que solo está en planos. Pero si hay algo que realmente la hace única es su visión. Ada escribió que la máquina podría, en teoría, componer música si las reglas de la armonía se expresaban matemáticamente. En serio: estaba imaginando computadoras creando arte en el siglo XIX.

Esa intuición se conecta directamente con lo que hoy llamamos informática creativa, algoritmos generativos o incluso inteligencia artificial. No pensaba en pequeño. Pensaba en lo grande, sin miedo. Claro que su vida no fue sencilla. Tuvo problemas de salud frecuentes y vividos en una sociedad que no facilitaba precisamente la carrera científica de una mujer. Aun así, siguió trabajando, intercambiando ideas con Babbage y fortaleciendo su pensamiento.

La máquina y el arte

En pleno siglo XIX, estaba insinuando que una máquina podía crear arte. Esa idea se conecta directamente con lo que hoy entendemos como informática creativa, algoritmos generativos e incluso inteligencia artificial. No estaba pensando pequeño. Estaba pensando en grande, sin límites. Su vida, sin embargo, no fue sencilla. Tuvo problemas de salud desde joven y vivió en una sociedad que constantemente le recordaba que, por ser mujer, debía ocupar un segundo plano. Desafortunadamente, la Máquina Analítica nunca se construyó por completo, así que su algoritmo no pudo probarse en su tiempo. Aun así, no dejó de trabajar ni de intercambiar ideas con Babbage.Mecánica cuántica

Ada murió en 1852, con apenas 36 años. Durante mucho tiempo su figura quedó medio olvidada, o reducida a una colaboradora talentosa de Babbage.

Pero con el avance de la informática en el siglo XX, los historiadores revisaron sus escritos y entendieron algo importante: sus aportes eran originales y profundamente visionarios.

En 1980, el Departamento de Defensa de Estados Unidos decidió nombrar un lenguaje de programación en su honor: Ada. No es un detalle menor. Ese lenguaje fue diseñado para sistemas donde la precisión y la seguridad son fundamentales.

Conclusión

Si lo pensamos bien, cada vez que usamos una aplicación, cada vez que un algoritmo decide qué contenido vemos o qué canción nos recomienda una plataforma, estamos viviendo dentro del mundo que Ada ayudó a imaginar. Ella entendió que las máquinas podían seguir instrucciones complejas y que esas instrucciones podían escribirse con intención y creatividad.

Ada Lovelace no solo dejó un algoritmo. Dejó una forma de pensar. Una mezcla de lógica rigurosa y mente abierta. Supo ver posibilidades donde otros veían límites. Y eso, quizás, es lo que realmente la convierte en pionera. Porque más allá de los números y las tarjetas perforadas, su mayor legado fue la idea de que las máquinas podían ser herramientas para expandir la imaginación humana. Y esa intuición sigue latiendo, muy viva, en cada línea de código que se escribe hoy.

Lecturas recomendadas

Explorando ciencia con Ada Lovelace

Ada Lovelace

Lo último en Ciencia

Últimas noticias