En 1984, la NASA envió 12,5 millones de semillas de tomate al espacio; en 1990 tuvieron que ser traídas de vuelta a la Tierra y se plantaron en 40.000 escuelas de 40 países
Según investigadores de la NASA, el oxígeno se está acabando
Hundieron un barco de 499 toneladas en el océano para crear un arrecife artificial que sirviera de refugio a la fauna marina
En 1963 una expedición británica descubrió un fósil de 240 millones de años en Tanzania: hoy descubren que era de una nueva especie animal desconocida

El proyecto SEEDS, acrónimo de «Space Exposed Experiment Developed for Students» (Experimento expuesto al espacio desarrollado para estudiantes) consistió en enviar 12,5 semillas de la variedad Rutgers California Supreme al espacio, y conservar otro grupo idéntico en la Tierra.
Una vez finalizado el experimento, ambos lotes se repartieron entre diferentes escuelas para que los estudiantes pudieran plantarlos en condiciones similares y, de esta manera, comparar su desarrollo. En él participaron la sede de la NASA, el Centro de Investigación Langley y George W. Park Seed, una empresa estadounidense especializada tradicionalmente en la comercialización de semillas.
El envío de semillas de tomate al espacio
Las semillas se enviaron al espacio mediante la Instalación de Exposición de Larga Duración (LDEF, por sus siglas en inglés), una estructura cilíndrica de 12 lados que pesaba aproximadamente 9,7 toneladas. La LDEF no tenía un sistema de propulsión ni de generación de energía propios, sino que se diseñó para ponerla en órbita mediante un transbordador espacial y recuperada posteriormente por otra misión. Además, la instalación no estaba dedicada exclusivamente al proyecto SEEDS, ya que transportaba decenas de experimentos procedentes de distintos países.
El transbordador espacial Challenger colocó la LDEF en órbita el 7 de abril de 1984, durante la misión STS-41-C. El plan inicial contemplaba recuperar la plataforma aproximadamente un año después. Sin embargo, el 28 de enero de 1986, el Challenger sufrió un accidente 73 segundos después del lanzamiento y murieron sus siete tripulantes.
Al no tener un sistema de propulsión que permitiera corregir su trayectoria, la LDEF fue perdiendo altura poco a poco debido al rozamiento con las capas superiores de la atmósfera. Con el paso del tiempo, su órbita descendió hasta situarse alrededor de los 280 kilómetros de altitud. Cuando finalmente pudo ser recuperada, la plataforma se encontraba a pocas semanas de volver a entrar en la atmósfera y desintegrarse. Si eso hubiera ocurrido, las 12,5 millones de semillas también se habrían perdido.
Finalmente, el transbordador espacial Columbia recuperó la LDEF el 12 de enero de 1990 durante la misión STS-32 y la devolvió a la Tierra con las semillas intactas. En total, la plataforma había permanecido 69 meses en órbita, casi seis años, durante los cuales completó más de 32.000 vueltas alrededor de nuestro planeta.
Las semillas permanecieron en todo momento dentro de contenedores sellados instalados en la plataforma. No fueron cultivadas ni germinaron en el espacio: el objetivo era exponerlas al entorno espacial y estudiar posteriormente sus posibles efectos. Durante esos casi seis años estuvieron sometidas a condiciones como la radiación solar, los rayos cósmicos y la microgravedad.
Los estudiantes plantaron las semillas
Una vez recuperada la plataforma, comenzó la segunda parte del proyecto. Según un informe de la NASA, se repartieron aproximadamente 132.000 kits de plantación entre profesores de unas 40.000 escuelas, que llegaron a cerca de 3,3 millones de estudiantes de diferentes etapas educativas, desde preescolar hasta la universidad.
Cada kit contenía los dos grupos de semillas; por un lado estaban las semillas que habían permanecido casi seis años en el espacio y, por otro, las que habían sido conservadas durante el mismo periodo en condiciones controladas en la Tierra. De esta manera, los alumnos podían comparar semillas de la misma variedad y cultivadas siguiendo un procedimiento similar. Los kits también incluían formularios destinados a registrar las observaciones realizadas durante el experimento.
Los alumnos anotaron diferentes datos, como el número de semillas que conseguían germinar, el tiempo que tardaba en aparecer el primer brote y la evolución de las plantas durante las semanas siguientes. También observaron aspectos como la aparición de flores, el desarrollo de los frutos y el estado de las hojas y los tallos.
Toda esta información fue recopilada y enviada posteriormente a la NASA. La agencia recibió cerca de 8.000 informes elaborados, y los resultados preliminares indicaron que germinó el 73,8% de las semillas que habían viajado al espacio, frente al 70,3% de las semillas terrestres.
En las pruebas realizadas durante los primeros seis meses después de la recuperación de la LDEF, las semillas espaciales tardaron una media de ocho días en germinar, mientras que las terrestres necesitaron alrededor de 8,3 días. También se detectó que, durante las primeras tres o cuatro semanas, las plantas procedentes de las semillas espaciales crecían más rápido. Sin embargo, después de ese periodo inicial, las plantas terrestres alcanzaron a las que procedían de las semillas expuestas al espacio. El resumen del proyecto no encontró grandes diferencias entre ambos grupos de plantas ni entre los frutos obtenidos.
Los resultados también mostraron que factores como el riego, la cantidad de luz o el cuidado de las plantas podían influir en las observaciones, por lo que no todas las diferencias detectadas podían atribuirse necesariamente al tiempo que las semillas habían permanecido en órbita. SEEDS, acrónimo de «Space Exposed Experiment Developed for Students», terminó convirtiéndose en uno de los proyectos científicos educativos de de mayor alcance realizados con material que había sido expuesto al entorno espacial.