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Cómo enseñar a los niños a perder

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Descubre pautas para enseñar a los niños a perder

Un lanzamiento desafortunado a la pelota, una torre que se cae o un dibujo que no sale como se esperaba pueden provocar lágrimas e ira en cualquier niño en edad preescolar. La experiencia de ‘perder’ en el transcurso de un juego (solo o con amigos) o no poder terminar algo que empieza con éxito a menudo resulta una tragedia, pero es algo normal. Los niños están aprendiendo y también los errores tienen que servirles para entender otra enseñanza: qué no siempre se gana. Descubramos a continuación, cómo enseñar a los niños a perder.

Cómo enseñar a los niños a perder

Muchas veces vemos como el niño se enfada cuando algo no le sale como esperaba. Es una reacción del todo natural, pero los padres deben dar ejemplo y en ocasiones pecamos de querer que a nuestro hijo o hija, siempre le salga todo perfecto, que gane siempre cuando en realidad, debemos aprovechar cuando pierde para enseñarle que también de los errores se aprende.

De hecho, los niños pequeños o en edad preescolar no se avergüenzan de sus errores , sino que la familia la que se avergüenza y, por tanto, no acepta perder. Básicamente, todo niño es muy explorador, se mueve, descubre y aprende ‘por ensayo y error’: esto es muy importante que ocurra.

Piensa en como se comporta tu hijo cuando juega. A veces monta mal las piezas, a veces rompe el papel en el que dibuja por apretar demasiado. Pequeños errores de los que aprende por lo que debemos aprovecharlos para enseñarle como hacerlo correctamente pero no para impedirle que siga explorando.

No necesitas saberlo todo

El niño debe aprender a su ritmo, incluso si tiene un hermano mayor que se empeña en enseñarle todo el rato. Debemos dejar que pruebe y se equivoque ya que también con la frustración experimenta y podemos hacer que la convierta en otro de sus sentimientos, aunque no desde el punto de vista que lleva a la ira o al enfado y sí desde el punto de vista que le anime a querer rectificar.

No eduques a un niño que cree que lo sabe todo porque su frustración será algo malo. Además, los niños «sabelotodo» suelen crecer sin tolerar el error y ante las derrotas en la vida, se suele poner histérico. A la larga se convertirá en un adulto con muchas frustraciones por culpa de todas la veces que no ha logrado su objetivo.

Aprendes incluso cuando pierdes

Una tendencia bastante común, y errónea, desde el punto de vista de los padres es hacer crecer a los niños demasiado rápido, sometiéndolos a una cantidad exagerada de estímulos, que termina por confundirlos.

No dejemos que aprenda a ganar o a que todo salga bien. De cada propuesta debe sacar una conclusión y si alguna vez falla, se equivoca o pierde, debe aprender que también existe una enseñanza.

 Sonríe y resta importancia a la situación.

Cuando el niño de 4-5 años muestra toda su intolerancia si pierde durante un juego (como en el caso típico de los primeros juegos de pelota), o no logra realizar una tarea, es bueno decir algo ingenioso o un sencillo «la próxima vez será». El niño está creciendo, está aprendiendo no es algo de vida o muerte.

Cada juego a su tiempo

Por otro lado, debemos dejar que el niño juegue o haga cosas que sean adecuadas para la edad que tiene. Cuando el niño se enfrenta a tareas demasiado altas para su desarrollo, genera frustración, deja de jugar, no acepta perder y al final desarrolla un desapego por todo. ¿Para qué intentarlo si voy a fallar? Es la pregunta que se acaban haciendo muchos niños que han tenido una infancia en la que los estímulos no eran adecuados a su edad.

Un caso clásico es el de las construcciones, disponibles en mil tipos, que acompañan a cada niño desde su nacimiento hasta su crecimiento. Sucede que el niño se enoja mucho porque no puede hacer algo y no acepta la frustración resultante, pero es que tal vez está construyendo algo que es demasiado complicado para su edad.

La importancia de socializar

Generalmente, el niño de 4-5 años siempre quiere ganar cuando juega con sus compañeros. Pero luego, lentamente, alrededor de los 5 o 6 años, se da cuenta de que no puede terminar primero todas las veces. Estar con los demás le ayuda a comprender y aceptar cualquier «derrota» en la vida.

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