‘La corte del Faraón’: una joya sicalíptica muy remodelada
Ocho años después, la zarzuela ha regresado al Teatro Principal de Palma
Las funciones del 9, 10 y 11 de enero colgaron el cartel de entradas agotadas
Ocho años después, la zarzuela ha regresado al Teatro Principal de Palma, lo que traducido significa que hablamos de un género nada apetecible en las dos legislaturas vacías de contenido real durante el Pacte de Progrés.
Si ahora regresa, y parece que para quedarse, es debido a un compromiso en firme incluido en el pliego de intenciones para futuras programaciones que fue presentado a los patronos por el gerente Miquel Martorell. Lleva año y medio en el cargo. Además, tiene el valor añadido de ser un hombre de la casa. Algo que no se daba desde hacía décadas. Martorell nos recuerda que el coro del Teatro –él mismo siendo niño formó parte del coro- se fundó a mediados de los años 80 del siglo pasado, precisamente para dar apoyo a las producciones propias de zarzuela representadas en el Teatro Principal.
Si ya es de por sí relevante rescatar el género chico de un silencio impuesto desde el 2017, más todavía comprobar que su regreso se produce fiado a la Temporada de Ópera, puesto que a partir de ahora en cada edición figurará una zarzuela. Se dice por ahí que el año próximo podría ser La tabernera del Puerto. El significado último de esta decisión es la reivindicación de la zarzuela como un valor innegable y, por tanto, digna de mirarse cara a cara con el olimpo operístico.
El honor de esta rentrée le ha correspondido a La corte de Faraón, coproducción entre el Arriaga (Bilbao) y el Campoamor (Oviedo) estrenada el año 2012 y donde ha jugado un papel muy relevante el director de escena y musicólogo asturiano Emilio Sagi.
Tratándose de una coproducción externa todo el aparataje escénico es ajeno al Teatro Principal de Palma, pero no así la ficha artística y aquí el trabajo de la casa es del todo admirable al cuadrar un magnífico elenco. Del interés que había entre el público, da buena cuenta que las funciones del 9, 10 y 11 de enero se desarrollan con el cartel de entradas agotadas, un sold out en efecto gratificante. Pregunta. ¿Cuál ha sido la reacción del público?
El estreno absoluto de La corte de Faraón se produjo en enero de 1910 en pleno apogeo de la opereta en España y coincidiendo con las horas bajas de la zarzuela. Libretistas y compositor ya eran figuras centrales de la lírica en aquel período. El estreno fue un escándalo por la abundancia de las escenas picantes puesto que el espíritu de la Belle Époque no se había instalado con suficiente autoridad entre nosotros. La corte de Faraón estuvo prohibida durante el franquismo. Me he referido al importante papel de Emilio Sagi.
Hablamos de una pieza que encaja con el estilo sicalíptico de la época, que se caracterizaba por diálogos llenos de insinuaciones y canciones de aroma picante, todo ello envuelto en un soporte mezcla de opereta, cabaret y cuplé, por tanto, más cercano a la revista que a la zarzuela.
El trabajo de Sagi en el papel de director de escena ha consistido en limpiar añadidos sumados a lo largo de los años y acto seguido vestir de nuevo la escena. Es interesante la forma que tiene de explicar su trabajo: «Es una obra gamberra, haciendo servir el equívoco y la ambigüedad sexual, lo que convierte esta obra en un género sicalíptico muy particular». Tan particular, añado, que asistiremos a descubrir una carroza posmoderna, desfilando el Día del Orgullo Gay. Pero con el aval, eso es importante, de contar con un hombre vinculado durante años al Teatro de la Zarzuela, el Teatro Real y el Arriaga de Bilbao. Esta es la razón de entender haber visto una joya sicalíptica muy remodelada.
Una boutade fundamentada en el culto a las formas, que encaja muy bien con las reglas de juego que definen la arquitectura emocional de un estilo perfectamente alojado en los puntos cardinales de la opereta.
Igualmente sobresale en La corte de Faraón la transformación del cuadro tercero, al convertir el personaje original de la bailarina babilónica, Sul, en un hombre que no es otro que el prestigioso tenor especializado en cabaret, Enrique Viana, auténtica autoridad en la materia. De hecho, el público hasta entonces sumido en el desconcierto aquí se desmadra y entra de lleno en el juego de las ambigüedades y dobles sentidos, cambiando por completo la receptividad de la sala.
Luego está el resto de personajes de primera línea: Manuel Esteve (Faraón), María Rodríguez (Faraona), Jorge Rodríguez-Norton (casto José), Carmen Romero (Lota), Enrique Torres (Putifar) y Sebastià Serra (sumo sacerdote), además del primer miembro de la cantera local tan presente en el reparto de secundarios. Destacar en todo caso a la mezzosoprano Begoña Gómez (Sel) a quien vimos recientemente en el Oratorio de Navidad de J. S. Bach interpretado en la Seu de Mallorca.
Todos, sin excepción –coro incluido-, destilando calidad en los respectivos papeles, teniendo en cuenta además que los principales proceden del plantel magnífico de los habituales en zarzuela y ópera a nivel internacional.
Una decisión muy acertada acudir al rescate de la zarzuela y para empezar con la presencia de una coproducción tan espectacular y concienzuda en el sentido de haber construido la revisión de este relato con mucha atención y detenimiento. Excelente igualmente el trabajo de Carlos Aragón (dirección musical) desplegando su habilidad para hacer brillar la partitura de Vicente Lleó; que del libreto, ya se encargó con tintes de excelencia Emilio Sagi.
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