Café Quijano o cómo conjugar bolero con rock pendenciero
El Auditórium acogió una intensa galería de pop latino con sabor a cumbia, buen rock pendenciero y bolero revisitado
Asistir a un concierto de Café Quijano siempre es la experiencia emocional intensa a la que nos tienen acostumbrados, por eso resulta reiterativo referirse a cualquiera de sus citas como la mejor, la más grande. Acogiéndome a mi experiencia personal, he asistido a dos conciertos recientes en Palma, aptos para establecer diferencias.
En mayo de 2022 estuvieron en Trui Teatre, en la gira presentación de su álbum Manhattan -editado ese mismo año- y la más reciente ocurría el pasado 7 de febrero en el Auditórium. Ambos casos fueron muestra de su estilo elegante y una cuidada puesta en escena, si bien la visita a la sala magna del Auditórium días atrás ponía a su disposición la tecnología capaz de optimizar su presencia y la fuerza de sus canciones. No en vano Trui Teatre es el colosal salón de actos de un colegio. En cambio la sala magna encarna el primer teatro de Baleares y de lo mejor en España.
Invariablemente comienzan con su trilogía Orígenes: Bolero (2012-2014), ataviados con la etiqueta propia de un crooner de ballroom, manteniéndose la compostura en todo momento a lo largo de esta primera parte y en la que nada hace presagiar el desmadre, in crescendo, en las dos partes siguientes. Tiene su explicación, si tenemos presentes las dos almas de Café Quijano.
El bolero es inseparable de su naturaleza y personalidad más íntimas, pues hablamos de la herencia directa de su padre, profesor de música. De ello va a dejar constancia su trilogía, que llega en un momento particular: justo en el reencuentro de los hermanos Manuel, Óscar y Raúl Quijano, después de un paréntesis de ocho años separados. Un repertorio, más gamberro, había tenido lugar entre 1997 (año del inicio de su carrera) y 2005 (el año de su separación). Dejan constancia de aquel período tres álbumes de estudio en los que exploran un repertorio que es genuino heredero de la post movida.
El público sigue los minutos de la primera parte en actitud reverencial, más si cabe teniendo en cuenta que son boleros adaptados a la modernidad. Ya después habrá tiempo para el desmadre, porque ya se conocen antecedentes tan potentes como Café Quijano (1998) y Taberna del Buda (2001), en los que dejan constancias de su sello personal a través de un pop latino con claras influencias del rock.
En la memoria de su público el bolero no puede ocultar un equipaje o estilo que está en la mochila más primeriza del trío y que la Grammy Academy tuvo la feliz ocurrencia el año 2001 de ir a definir como «un rock pendenciero alternativo», cuando fuera nominado su álbum La extraordinaria paradoja del sonido Quijano. Paradoja, ésa es la palabra que mejor les define, porque es lo que alimentan la mayoría de sus textos y más todavía, teniendo en cuenta que esta palabra la elevan ellos mismos al título de su segundo álbum de estudio editado el año 1999.
Todos estos elementos configuran el presente directo de Café Quijano en el que no faltan las constantes referencias a La Lola, En mis besos, Desde Brasil, La Taberna del Buda, No me reproches, No tienes corazón y así sucesivamente, que 30 años dan para mucho repertorio llenando las dos horas y media que duran sus conciertos, en el caso de Palma dos horas y tres cuartos, puesto que la acústica del Auditórium invita a dejarse llevar. Por citar ejemplos soberanos del pasado, pues ahí quedan las presencias de Miles Davis, Leonard Cohen y Van Morrison sin ir más lejos.
Pero hay más, puesto que el Tour 2026 tiene como principal objetivo dar a conocer los contenidos de su álbum Miami 1990, editado el año pasado y que ellos mismos reconocen como el mejor que han hecho nunca, salpicado con mucho de sus discos anteriores. De manera que si mucho contaron de sus boleros, llegada la segunda parte, cuanto menos presentación, mejor, y dejando aflorar -esta vez sí- la explosiva conexión con su público y a sala llena mientras iban cayendo La primera noche, Cumbia del soltero, De sapo a rana, Miami 1990… Una intensa galería de pop latino con sabor a cumbia, buen rock pendenciero y el bolero magistralmente revisitado iban a configurar la geografía de emociones que hace inolvidable un concierto.
Miami 1990 no sólo sigue la estela que marcó una época con La Taberna del Buda sino que es la memoria de su ciudad de acogida y siempre León en el corazón: «Nuestra raíz, la ciudad en la que todo empezó». Amén.