Beatificados en Ibiza en una multitudinaria y emotiva ceremonia los 20 sacerdotes mártires asesinados en la Guerra Civil por anarquistas
“El mártir no es aquel que busca la muerte, sino el que no reniega de Cristo ni siquiera cuando la fidelidad al Evangelio lo expone a la muerte", afirma el cardenal Semeraro
"No se trata de exaltar el heroísmo sino la fidelidad de quien permanece en el amor y no deja que el odio de los demás se convierta en su propio odio”

Beatificados en Ibiza en una multitudinaria y emotiva ceremonia los 20 sacerdotes mártires asesinados en la Guerra Civil por anarquistas en septiembre de 1936 por no renunciar a su fe.
Su beatificación en la Catedral de Ibiza ha sido la primera celebrada en Baleares. Ha estado presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, como representante de Su Santidad el Papa León XIV, que ha concelebrado con el obispo de Ibiza, Vicent Ribas; el arzobispo metropolitano de Valencia, el obispo secretario del Dicasterio para el Culto Divino, otros siete obispos y la mayor parte del clero diocesano de Ibiza y Formentera.
El rito de la beatificación lo ha iniciado Ribas, que ha pedido al representante del Santo Padre que inscriba en el libro de los beatos a los veinte sacerdotes mártires, tras lo cual el postulador de la causa, Alejandro Cifres, ha hecho una breve reseña biográfica de cada uno de los mártires.
A continuación, el cardenal Semeraro ha dado lectura a la Carta Apostólica del Papa León XIV por la que se inscribe en el libro de los beatos a los siervos de Dios que dieron su vida en defensa de la fe.
Tras la lectura del documento, tal y como informa el Obispado de Ibiza, se ha descubierto el retablo con la imagen de los nuevos beatos y se han trasladado en procesión hasta el presbiterio las reliquias de los nuevos beatos; en concreto, los restos mortales de Joaquín Cirer Sala y Antonio Tur Costa. Seguidamente, el obispo ha recibido de manos del cardenal la Carta Apostólica del pontífice.

En su homilía, el cardenal Semeraro, refiriéndose a los veinte sacerdotes mártires, ha destacado que “su historia nos remite a una de las verdades más exigentes de la fe cristiana: seguir a Cristo significa estar dispuestos a dar testimonio de él incluso cuando ello implique un alto precio”.
Y ha añadido: «El mártir no es aquel que busca la muerte, sino aquel que no reniega de Cristo ni siquiera cuando la fidelidad al Evangelio lo expone a la muerte. No es la violencia sufrida lo que hace grande su testimonio, sino el amor al que permanece fiel. El martirio no celebra la muerte: proclama que la vida pertenece a Cristo y que la muerte no tiene la última palabra».
«No se trata de exaltar el heroísmo de personas excepcionalmente fuertes”, prosiguió, sino “la fidelidad de quien permanece en el amor y no deja que el odio de los demás se convierta en su propio odio”.
Más adelante, el representante del Santo Padre que ha presidido la ceremonia se ha referido a la memoria de los mártires como forma de interrogarnos sobre nuestro presente y sobre la forma en que el Evangelio orienta nuestras decisiones y la forma en que afrontamos las dificultades.
«Normalmente no nos vemos ante la elección dramática a la que se enfrentaron aquellos mártires. Sin embargo, también nuestra fidelidad se mide en las situaciones concretas del día a día: cuando perdonar parece más difícil que alimentar el resentimiento, cuando defender a una persona vulnerable puede exponernos a la incomprensión, cuando nos sentimos tentados a callar por conveniencia o a adaptarnos a lo que hacen todos. Es aquí donde nos interpela el testimonio de los mártires de Ibiza», ha señalado el cardenal.
Antes de terminar la celebración, a la que han asistido las primeras autoridades de Baleares, entre ellas la presidenta del Govern, Marga Prohens, de Ibiza y Formentera, y numerosos fieles que abarrotaban por completo el templo, el obispo de Ibiza ha pronunciado unas palabras en las que ha dado las gracias al cardenal Semeraro por haber presidido la celebración y a los obispos que se han trasladado a Ibiza para compartirla, a todos los que han trabajado durante tantos años «con entrega y rigor» para que llegara este día, a las familias, comunidades parroquiales y personas que conservaron el testimonio de estos mártires, y a los familiares de los nuevos beatos, que han podido ver «la derrota del fanatismo y de la muerte por la santidad, por el amor, por el perdón y la misericordia».