La antigua cárcel de Palma: okupada por la izquierda y por la amnesia
En Palma no sólo se okupan edificios: también se okupa la memoria colectiva. La última hazaña consiste en intentar convencernos de que la okupación de la antigua cárcel de Palma es culpa del actual consistorio, como si los okupas hubieran entrado hace dos años con invitación oficial, alfombra roja y banda municipal tocando La Internacional de fondo.
La realidad, por mucho que moleste, es bastante menos creativa: la cárcel fue okupada cuando gobernaban los socialistas, con José Hila al frente, sostenidos por Podemos -los poetas del todo gratis- y los separatistas de Més. Ellos estaban al mando, ellos miraban y ellos decidieron no hacer absolutamente nada. Pero ahora, milagrosamente, no se acuerdan.
Durante años nos vendieron el mismo cuento de siempre. Que si viviendas, que si centro cultural, que si espacio social, que si estudios, informes, mesas de trabajo y power points infinitos. Una lluvia de anuncios tan densa como inútil. Ocho años gobernando y ni una sola solución concreta, salvo la más previsible: dejar morir el espacio hasta que alguien lo okupase. Misión cumplida.
El Ayuntamiento adquirió los terrenos en 2013 y, a partir de ahí, empezó el gran espectáculo del falso buenismo: gastar dinero público en proyectos fallidos, como ese delirante «centro de innovación cultural y recreativa» en el norte que no innovó, no recreó y no sirvió para nada. Bueno, sí: sirvió para que el recinto quedara abandonado, degradado y listo para ser tomado. Un éxito rotundo de la izquierda creativa.
Ahora la situación vecinal es insostenible, pero en lugar de asumir responsabilidades, algunos dirigentes vecinales han optado por la estrategia estrella: culpar al alcalde que lleva dos años gobernando mientras blindan a un delegado del Gobierno incapaz de controlar a la Policía y poner orden en la zona. Todo muy coherente. Todo muy progresista.
Y, por supuesto, ni una palabra sobre los ex gobernantes socialistas, esos que durante ocho largos años demostraron que gestionar no era lo suyo, pero dar lecciones sí. Porque aquí el problema no es la okupación, ni la inseguridad, ni el abandono: el problema es que la derecha gobierna y alguien tiene que pagar el pato. Aunque no tenga nada que ver.
Seamos serios -aunque cueste-. El problema de la antigua cárcel de Palma es grave y necesita soluciones urgentes. Pero antes de trabajar juntos, convendría dejar claro quién creó el problema. Y no, no fue el actual consistorio. Fueron los socialistas, con la ayuda entusiasta de Podemos y Més, aplicando sus políticas de dejadez, postureo ideológico y buenismo de pancarta.
Así que si algún político convenientemente alineado con la izquierda les dice que la culpa es de otros, pueden responder sin rodeos: no es un error, es una mentira. Porque cuando la realidad estorba, en Palma ya sabemos quién prefiere okupar el relato antes que asumir responsabilidades.
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