«Algún día escribiré el libro ‘Memorias de una madame’»: la encargada que presumía de sus contactos en las cúpulas policiales y judiciales
"Tengo más clase que sus propias mujeres, juezas, abogadas", asegura la responsable del negocio
La UCO destapa el poder del «sheriff» de Formentera: dinero, prostitución y presuntas coacciones en el Club Kennedy
«Máquinas de hacer dinero»: el infierno de las mujeres esclavizadas por la red de trata desmantelada en Formentera

La investigación sobre la presunta trama de explotación sexual en Formentera pone el foco no sólo en el agente investigado, sino también en la mujer que, según las pesquisas, ejercía como encargada directa de los establecimientos y asumía buena parte de la gestión cotidiana del negocio.
En las conversaciones telefónicas intervenidas por la UCO, la mujer describe una particular «doble vida», presume de sus relaciones con altos cargos policiales y judiciales y llega a plantearse escribir un libro sobre sus experiencias como madame.
«Yo algún día he dicho que voy a escribir un libro, Memorias de una madame… ¡Tendrá un éxito y me forraré!», afirma durante una de las conversaciones captadas por los investigadores. Su interlocutor responde con asentimiento mientras ella explica que, en caso de publicar esas supuestas memorias, evitaría revelar directamente la identidad de las personas implicadas: «No pondré los nombres e iniciales…».
La frase, por sí sola, condensa el tono de algunas de las conversaciones incorporadas a la investigación: una mezcla de exhibición de poder, conocimiento de determinados círculos de influencia y aparente confianza en que sus relaciones personales le permitirían mantener una posición privilegiada.
La encargada se presenta en otra de las escuchas como una mujer acostumbrada a desenvolverse en dos ambientes completamente distintos. «Yo tengo doble vida», afirma. Según su propio relato, durante el verano estaría vinculada a la gestión del negocio del sexo en la isla pitiusa, mientras que durante el invierno frecuentaría ambientes en los que, según asegura, tendría contacto con miembros de las escalas superiores de los cuerpos policiales y del ámbito judicial.
«Yo por delincuencia y ahora por, digamos, en verano por el día, vale, normalita, pero yo en invierno estoy con los jefes, de todos sitios, tenientes, capitanes, coroneles, todo eso…», asegura.
«Tengo más clase que sus propias mujeres, juezas, abogadas»
En esa misma conversación describe una situación en la que, pese a definirse como «la paria ahí al fondo», considera que su posición social y su trato personal le permiten codearse de igual a igual con personas pertenecientes a las élites profesionales. En un tono especialmente desafiante, llega a compararse con las parejas de esos hombres y asegura: «En el fondo tengo más clase que sus propias mujeres, juezas, abogadas».
El relato continúa con una descripción de reuniones sociales en las que, según afirma, recibiría un trato preferente. «Cuando llego ahí, se me miran todas… y ellos, como hombres de mucho poder, cuando hacen la barbacoa, ¡el mejor trozo de carne me lo ponen a mí en el plato!», sostiene.
Las afirmaciones forman parte de las conversaciones telefónicas recogidas durante las pesquisas y reflejan, al menos, la imagen de influencia que la propia interlocutora proyectaba ante su entorno. La investigación deberá determinar hasta qué punto esas relaciones descritas por la mujer se correspondían con vínculos reales y qué alcance tenían.
Pero es otra frase la que destaca especialmente entre las conversaciones: su intención de escribir unas memorias sobre su trayectoria como madame. «Yo algún día he dicho que voy a escribir un libro, Memorias de una madame», afirma. Inmediatamente después, calcula incluso el posible beneficio económico de esa publicación: «¡Tendrá un éxito y me forraré!».
La mujer parece ser consciente, además, del impacto que podría tener revelar determinados detalles. Por eso precisa que no incluiría nombres directamente identificables: «No pondré los nombres e iniciales…».
«Si yo quiero que mi marido salga alcalde, sale, pero no es procedente»
La conversación adquiere entonces un tono todavía más revelador cuando la encargada presume del supuesto poder e influencia que habría acumulado a través de sus relaciones. «Y si yo quiero el día de hoy, te doy mi palabra de que si yo quiero que mi marido salga alcalde, sale, pero no es procedente», afirma. El interlocutor responde: «Seguro, seguro…».
Más allá de la literalidad de las expresiones, la conversación evidencia la percepción de influencia que la mujer trasladaba a la persona con la que hablaba. La afirmación sobre la posibilidad de hacer llegar a su marido a una alcaldía es presentada por ella como una demostración de los contactos de los que dice disponer.
Según la investigación, la mujer no ocuparía un papel secundario dentro del entramado. Junto al agente de la Guardia Civil investigado, aparece como una de las personas encargadas de la operativa cotidiana de los establecimientos.
Las pesquisas le atribuyen funciones relacionadas con la recaudación diaria, la organización de los turnos y la distribución de las mujeres, además del control de la actividad desarrollada en los locales. También habría participado, según la investigación, en la imposición de determinadas normas internas y en el control sobre las trabajadoras.
Ese papel habría convertido a la encargada en una pieza esencial para el funcionamiento del negocio. Mientras otras personas podían aparecer vinculadas a la protección, las relaciones externas o la cobertura de la actividad, ella habría asumido, según los investigadores, buena parte de la ejecución práctica.
Las intervenciones telefónicas también recogen el lenguaje utilizado por el entorno de la trama para referirse al agente investigado. En determinadas conversaciones aparece identificado mediante expresiones en clave como «el pez» o «la peste». Según la interpretación recogida en las pesquisas, esas denominaciones servirían para referirse a la persona que ejercería el control económico o la posición de proxeneta dentro de la estructura investigada.
El empleo de términos aparentemente inocuos para hablar de determinadas personas permitiría, de acuerdo con la investigación, mantener conversaciones evitando mencionar directamente identidades o funciones. En ese contexto, las escuchas adquieren especial relevancia para los investigadores, al permitir reconstruir las relaciones entre los distintos protagonistas y las tareas que supuestamente desempeñaba cada uno.
Una posición de acceso a determinados círculos de poder
Las conversaciones de la encargada dibujan, en cualquier caso, una imagen de seguridad y confianza. No habla únicamente de su actividad empresarial, sino también de las relaciones que asegura mantener fuera de ese ámbito. Su insistencia en los contactos con tenientes, capitanes y coroneles y su referencia a juezas y abogadas forman parte de un discurso en el que la mujer parece situarse a sí misma en una posición de acceso a determinados círculos de poder.
La cuestión central para la investigación no es únicamente si esas relaciones existían, sino cuál era su naturaleza, hasta dónde llegaban y si pudieron proporcionar algún tipo de protección o ventaja a la actividad investigada.
En ese sentido, la frase sobre sus futuras Memorias de una madame cobra una especial dimensión. La mujer no solo habla de publicar un libro: asegura disponer de suficientes experiencias y contactos como para convertirlos en un relato capaz de generar notoriedad y dinero. Y, al mismo tiempo, deja entrever que conoce información sobre personas con posiciones relevantes cuya identidad, según sus propias palabras, preferiría ocultar.
«Algún día voy a escribir un libro, en Memorias de una madame». La frase se ha convertido en uno de los pasajes más llamativos de las conversaciones intervenidas porque resume el particular mundo que la encargada describe ante su interlocutor: el de una mujer que afirma moverse entre el negocio del sexo y determinados círculos de poder, que presume de sus contactos y que considera que sus experiencias podrían convertirse algún día en un libro de éxito.
La investigación deberá determinar ahora qué parte de ese relato responde a una realidad objetiva y cuál forma parte de la propia construcción de poder que la interlocutora proyectaba en sus conversaciones.