EL PROSTÍBULO DEL TRICORNIO

«Máquinas de hacer dinero»: el infierno de las mujeres esclavizadas por la red de trata desmantelada en Formentera

Las víctimas eran captadas en la calle y, según la investigación, obligadas a recaudar hasta 1.000 euros diarios mientras sobrevivían hacinadas en apartamentos

«Máquinas de hacer dinero»: el infierno de las mujeres esclavizadas por la red de trata desmantelada en Formentera
Julio Bastida

«Máquinas de hacer dinero». Esa expresión, recogida por los investigadores a partir de las intervenciones telefónicas practicadas durante la operación, resume de forma especialmente cruda la concepción que, según la Guardia Civil, tenía la organización sobre las mujeres a las que explotaba en Formentera.

Detrás de la imagen de playas paradisíacas, turismo de lujo y noches de verano se escondía un sistema de explotación sexual y trata de seres humanos que habría funcionado durante años en la isla. Las mujeres, procedentes de distintos países y en situaciones de especial vulnerabilidad, eran incorporadas a una estructura en la que el objetivo principal era obtener de ellas el máximo rendimiento económico posible.

La investigación policial describe un escenario de deshumanización y control permanente. Las víctimas no eran tratadas como trabajadoras, sino como una fuente de ingresos sometida a unas reglas estrictas. La organización establecía cuánto dinero debía producir cada mujer y vigilaba que las cantidades se alcanzaran.

El centro de la actividad se encontraba en torno al Bar Kentucky y varios apartamentos situados en el edificio Mirada II. El establecimiento podía aparecer formalmente cerrado al público, pero, según las diligencias, eso no significaba que hubiera dejado de funcionar como punto de encuentro para los clientes.

Los investigadores describen una afluencia constante de hombres y jornadas que podían prolongarse durante diez o doce horas. Las mujeres permanecían disponibles durante buena parte del día y, de acuerdo con la hipótesis policial, estaban sometidas a una presión económica constante.

El objetivo podía llegar a situarse entre 500 y 1.000 euros diarios por mujer. La cifra resulta especialmente significativa porque permite entender la dimensión económica que los investigadores atribuyen al entramado. Cada mujer representaba una fuente de ingresos diaria y la organización habría establecido mecanismos para controlar cuánto dinero generaba cada una.

Según el sumario judicial al que ha tenido acceso OKBALEARES, aquellas que no alcanzaban las cantidades exigidas podían dejar de resultar útiles para la red. La investigación apunta así a un sistema basado en la explotación intensiva de las víctimas, en el que las necesidades económicas y la vulnerabilidad personal eran utilizadas como herramientas de sometimiento.

Las mujeres habrían sido captadas en algunos casos directamente en la vía pública. Los investigadores atribuyen a la principal responsable de la trama y a personas de su entorno un papel en la localización y captación de nuevas víctimas.

El procedimiento descrito en las diligencias revela una estructura que necesitaba una renovación constante de las mujeres explotadas. La captación constituía así uno de los primeros eslabones de una cadena que continuaba con el traslado, el alojamiento, el control y, finalmente, la explotación sexual. Una vez dentro del circuito, las condiciones de vida eran, según la investigación, extremadamente precarias.

Los agentes describen apartamentos hacinados, con varias mujeres compartiendo espacios reducidos y, en algunos casos, una misma cama. Algunas habrían tenido que dormir directamente en el suelo.

La falta de privacidad era otro de los elementos que aparece en el relato policial. Los espacios destinados a los servicios sexuales estaban separados únicamente mediante cortinas, según las diligencias, lo que permitía mantener una actividad constante en lugares que no reunían condiciones mínimas de habitabilidad.

El contraste entre el dinero generado y las condiciones en las que vivían las víctimas constituye uno de los aspectos más llamativos del sumario. Mientras la organización podía llegar a exigir miles de euros de facturación diaria entre todas las mujeres, ellas permanecían alojadas en condiciones que los propios investigadores califican de lamentables.

El control no terminaba en el interior de los apartamentos

Según los testimonios incorporados a la investigación, las mujeres tenían restringidos sus movimientos y sólo podían abandonar el entorno bajo determinadas circunstancias, fundamentalmente para realizar compras de primera necesidad y durante periodos de tiempo limitados.

Ese aislamiento habría dificultado que pudieran buscar ayuda, abandonar la organización o establecer contacto con personas ajenas al entorno controlado por los responsables. La investigación también recoge testimonios especialmente preocupantes sobre las medidas utilizadas para mantener ese control. En los registros aparecieron elementos destinados al cierre de determinadas estancias y, según declaraciones recogidas por los agentes, existía una vigilancia permanente sobre las mujeres.

Algunas de las víctimas habrían descrito además el temor provocado por las amenazas y por la supuesta capacidad de la organización para conocer con antelación los movimientos policiales.

La principal responsable habría llegado, según los testimonios incorporados al procedimiento, a presentarse como una persona «peligrosa» y a asegurar que contaba con informadores capaces de advertirle antes de una posible actuación policial. De confirmarse, este extremo explicaría uno de los elementos que más preocupa a los investigadores: la sensación de impunidad con la que habría funcionado la organización.

El miedo se convertía así en otra herramienta de control. No era necesario que las víctimas estuvieran permanentemente vigiladas si creían que cualquier intento de escapar podía tener consecuencias o que la organización disponía de información suficiente para anticiparse a una intervención policial.

Los registros practicados por la Guardia Civil permitieron encontrar además documentación que, según los investigadores, ayuda a reconstruir el funcionamiento interno de la red. Entre los efectos intervenidos aparecieron libretas con anotaciones económicas y normas relacionadas con las mujeres, documentos que podrían permitir establecer quién debía pagar, cuánto dinero debía entregar y cuáles eran las reglas impuestas dentro de la organización.

El dinero aparece de nuevo como el hilo conductor de toda la investigación. Cada servicio generaba un ingreso. Cada mujer tenía una cantidad que debía alcanzar. Y cada día se convertía en una nueva oportunidad para incrementar los beneficios del entramado. Pero durante los registros apareció también otro elemento: drogas y medicamentos.

Los agentes localizaron, según el atestado, distintas sustancias estupefacientes, entre ellas cocaína, metanfetamina, ketamina y cannabis, además de comprimidos de sildenafilo. La presencia de estas sustancias ha quedado incorporada a la investigación y deberá determinarse judicialmente su finalidad concreta y la responsabilidad que pudiera corresponder a cada uno de los investigados.

Mujeres concebidas como instrumentos para generar ingresos

La fotografía que dibuja el sumario es, por tanto, la de un negocio construido alrededor de una lógica estrictamente económica: captar mujeres vulnerables, mantenerlas bajo control, exigirles una determinada cantidad de dinero y sustituirlas cuando dejaban de resultar rentables.

Las palabras atribuidas a la principal investigada —»máquinas de hacer dinero»— adquieren en este contexto una especial relevancia para los investigadores porque reflejarían la forma en la que la organización habría concebido a sus víctimas. No como personas con derechos, sino como instrumentos para generar ingresos.

Dos de las mujeres que aparecen vinculadas a la investigación han solicitado, según la documentación aportada al procedimiento, la condición de testigos protegidos. La petición refleja el temor que puede existir entre las víctimas a las consecuencias de romper el silencio y colaborar con la justicia.

Su testimonio puede resultar decisivo para reconstruir lo que ocurría detrás de las puertas de los apartamentos y determinar quién impartía las órdenes, quién controlaba el dinero y qué mecanismos se utilizaban para impedir que las mujeres abandonaran la organización.

El sumario permite así aproximarse a una realidad que permanecía oculta detrás de la actividad turística de Formentera. Mientras la isla se convertía cada verano en destino internacional de miles de visitantes, un grupo de mujeres habría permanecido atrapado, según la investigación, en un circuito de explotación sexual, aislamiento y dependencia económica.

La clave de la trama estaba precisamente en convertir esa vulnerabilidad en rentabilidad. Cuanto más dinero generaba una mujer, mayor era su valor para la organización. Cuando dejaba de cumplir las expectativas, su posición dentro de la estructura podía cambiar. Todo ello bajo unas condiciones de vida que los investigadores consideran incompatibles con cualquier actividad laboral normal.

Una trama en la que las mujeres eran, presuntamente, el producto. El dinero, el objetivo. Y el miedo, la herramienta para mantener el negocio en funcionamiento.

Detrás del lujo de Formentera, el sumario descubre así la historia de mujeres que, según la investigación, habrían sido convertidas en auténticas «máquinas de hacer dinero».

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