Sevilla protagoniza la primera celebración en la era Covid: vehículos, mascarillas… y desalojo policial

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Sevilla, en su inmensa mayoría, ha dado ejemplo este viernes tras la consecución del sexto trofeo de la Europa League del equipo del Sánchez-Pizjuán. Sin grandes grupos juntos, con mascarillas y, en muchas ocasiones, montados en sus vehículos. Sin embargo, la fiesta que habitualmente se celebra en la Puerta de Jerez no se trasladó del todo a las carreteras. Y es que la Policía se vio obligada a desalojar la zona tras varios cánticos en grupo, en los que algunos de los aficionados ni respetaban la distancia de seguridad, ni llevaban mascarilla.

La noche de este viernes comenzaba tranquila pese a que el equipo de Lopetegui había logrado su sexta Europa League. Los aficionados del Sevilla tenían el ¿privilegio? de poder celebrar el primer gran trofeo europeo en la era Covid. E, insistimos, la inmensa mayoría de ellos dieron ejemplo.

Isidoro, presidente de la peña sevillista del Barrio de Triana, ha señalado, entre el jolgorio habitual de una celebración, que en su local sólo cabían 25 socios por las estrictas normas de prevención del coronavirus. Sin embargo, explica, «la emoción ha sido arrolladora». «¡El Sevilla es historia!», gritaba un emocionado Isidoro que explicaba que su fiesta iba a ser «muy comedida» por «respeto a los afectados por el Covid-19». «Hay que tener el corazón caliente, pero la cabeza fría», concluye Isidoro.

San Jacinto, el Puente de Triana, la Torre del Oro… En principio, todo parecía calmado en algunos de los principales puntos de la capital hispalense. Sin embargo, con el paso de los minutos comenzaron a sonar los fuegos artificiales… y los pitos. Muchos hinchas del Sevilla decidieron subirse a su coche para celebrar el sexto título europeo del equipo ahora entrenado por Julen Lopetegui.

Pasada una hora del pitido final en Colonia, la Puerta de Jerez, lugar en el que habitualmente celebra sus títulos el Sevilla, comenzaba a llenarse. En principio, con pequeños grupos, con mascarillas, que se concentraban en la zona. Pero, poco a poco, la fiesta, y la gente, fue a más. 

La emoción del momento hizo que muchos de ellos se quitaran la mascarilla para cantar o gritar, y que se juntaran demasiado -casi tanto como muchos de los periodistas que se agolpaban para tomar la mejor instantánea-. Por ello, la Policía decidió disolver una fiesta que seguiría a lo largo de la noche en los coches de los aficionados.

Una fiesta, en definitiva, en la que reinó la responsabilidad. Pero en la que, como siempre, unos pocos desoyeron las normas de la nueva normalidad -valga la redundancia-, evitando así que Sevilla haya sido un ejemplo al 100% en su comportamiento a la hora de celebrar el título. 

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