Pared con pared: lo que tenía que escuchar el niño de 9 años vecino del piso de prostitutas de Sevilla

  • D. García de Lomana y B. Jiménez

En el cuarto piso de un edificio en el Parque Alcosa de Sevilla se ejerce la prostitución. Desde hace años. Los vecinos, cansados del trasiego de personas y de los ruidos, han colgado en sus balcones globos rosas y carteles para denunciar la situación: «Yo no soy cómplice».

La casa burdel se sitúa en una urbanización de clase media, con piscina y parque infantil. «Me quejé hace muchos años al administrador. Tenía una sospecha porque claro, es que era todas las noches. Me decía que sí, que iba a hablar con la casera, pero ahí quedaba todo», cuenta un vecino. La dueña del piso lo alquila al «doble» de su precio real a varias chicas sudamericanas

«Las van cambiando, algunas son más escandalosas que otras», señala el vecino. «Yo soy de otro bloque, no me cruzo con ellas pero las sufro auditivamente», cuenta a OKDIARIO. «Me he pegado tres o cuatro años sin poder dormir escuchando jadeos y golpes en la pared», lamenta. Este vecino vive «dormitorio con dormitorio» con dos de las habitaciones de las prostitutas. Y su hijo de nueve años también.

Una noche se «enfrentó» a las chicas golpeando la pared desde el otro lado. El vecino les pidió que «por favor, parasen, que había niños durmiendo». Caso omiso: «Me dijeron que lo que tenía que hacer era lo mismo que ellos».

«Mi hijo ha pasado miedo por los golpes»

Otra de las habitaciones de la casa burdel es contigua a la de su pequeño. «Ha pasado miedo por las noches con los golpes. Yo le decía que estaban haciendo obras y el pobre me decía que todas las noches había obras, que a ver cuándo acababan. Cuando oye golpes del cabecero contra la pared, le digo que están colgando cuadros, y el pobre dice que si tienen que colgar cuadros todas las noches», nos explica el vecino.

El padre ha facilitado a OKDIARIO los audios grabados por él mismo para atestiguar su historia. Efectivamente, se escucha a una mujer practicando sexo al otro lado de la pared. El vecino denuncia que de la casa de alterne salen «gritos y chillidos» como en una «película porno» a las «4, 5 y 6 de la mañana». «Ha habido noches que he escuchado jadeos en las dos habitaciones, en la de mi hijo y en la mía», señala, y «he llegado a gritarles por la ventana del patio».

El vecino rara vez ha visto a las inquilinas fuera de su casa. La actividad de las chicas suele ser nocturna, pero los findes de semana pasa a ser «mañana, tarde y noche». El problema se ve agudizado más si cabe con la pandemia: Algunos clientes escupen en el ascensor, dejan el cubata en una jardinera, entran a la casa y salen a los veinte minutos. Y luego otro. Con el consabido riesgo para la salud pública.

20 prostíbulos menos desde 2015

En 2019, 442 mujeres fueron víctimas de explotación sexual en la provincia de Sevilla. Casi medio centenar de inspecciones policiales en diversos clubes de alterne desencadenaron en la desarticulación de siete redes dedicadas a la trata de personas. Las intervenciones de Policía Nacional y Guardia Civil han tenido dos consecuencias claras.

La primera, el cese de actividad de muchos de estos locales: a fecha de hoy hay registrados 20 burdeles menos que hace cinco años (38 en 2015, 18 hoy).

La segunda es consecuencia directa de la primera: la explotación sexual se ha trasladado a pisos de particulares. El mercado no cesa, simplemente se dispersa. Pero es difícil ocultarlo si las trabajadoras del sexo se delatan cada noche.

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