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Parece Parque Jurásico, pero está en Galicia y es uno de los santuarios naturales más fotogénicos de España

Parque Jurásico
Valle de Visuña en Sierra del Courel. Foto: jacilluch en Wikimedia Commons.

Para vivir la experiencia de recorrer un «Parque Jurásico» no hace falta irse hasta Hawái, donde se grabó la famosa película de dinosaurios. Y es que en Galicia hay un rincón que se le asimila bastante gracias a sus laderas escarpadas, sus gargantas fluviales y sus masas forestales continuas, donde la intervención humana apenas altera el conjunto.

Este macizo montañoso que estamos a punto de descubrir, integrado en el interior gallego, reúne condiciones climáticas y geográficas poco habituales en la península. En ese equilibrio entre influencias atlánticas y mediterráneas se explica buena parte de su riqueza natural, así como la sensación de aislamiento que refuerza la imagen de territorio antiguo, detenido en otra era.

¿Cuál es el paisaje que recuerda a un Parque Jurásico en Galicia?

La sierra del Caurel, radicada en Lugo y conocida en gallego como serra do Courel, se ha convertido en una referencia cuando se habla de paisajes que evocan escenarios primigenios. Podría decirse que hablar de este rincón lucense como un Parque Jurásico no responde a una exageración retórica, sino a una comparación visual y sensorial.

Y es que su abrupta orografía, con fuertes desniveles que van desde los 400 metros de los valles del río Lor hasta cumbres que superan los 1.600 metros, genera un mosaico de escenarios que cambia en pocos kilómetros.

A su vez, las laderas cubiertas de vegetación densa, los desfiladeros excavados durante miles de años y los bosques que apenas dejan pasar la luz construyen una atmósfera que remite a un paisaje prehistórico.

En muchos puntos, la ausencia de grandes infraestructuras refuerza esa percepción de Parque Jurásico natural, donde el protagonismo absoluto recae en la montaña, el agua y el bosque.

Este territorio se extiende principalmente por los municipios de Folgoso do Courel, Quiroga y Pedrafita do Cebreiro, formando parte de espacios protegidos como la Red Natura 2000. La conservación de su estructura original ha sido clave para mantener intacta esa imagen de naturaleza primaria.

Devesa da Rogueira, el corazón de este asombroso Parque Jurásico gallego

Dentro de la sierra del Caurel, la Devesa da Rogueira ocupa un lugar central por su singularidad botánica. Este bosque concentra una diversidad poco común, con la convivencia de hasta quince especies arbóreas en un mismo entorno.

Castaños, robles, hayas, tejos, abedules y acebos forman un entramado vegetal que refuerza la idea de estar ante un Parque Jurásico verde y silencioso.

La particularidad de este espacio reside en la mezcla de especies propias de climas distintos. Junto a árboles asociados al ambiente atlántico aparecen encinas, alcornoques e incluso restos de olivar, más vinculados a zonas mediterráneas. Esta combinación convierte al Caurel en una de las principales reservas botánicas de Galicia.

La fauna acompaña ese escenario forestal con la presencia de numerosas aves rapaces, como el águila real o el halcón peregrino, además de mamíferos característicos de la montaña. Aunque algunas especies emblemáticas desaparecieron durante el siglo XX, el territorio vuelve a registrar su paso, reforzando la imagen de ecosistema en recuperación.

Geología, ríos y huellas históricas en la sierra del Caurel

La sensación de Parque Jurásico en el Caurel también se explica por su base geológica. Las formaciones rocosas, los pliegues del terreno y los cañones fluviales muestran un paisaje modelado durante millones de años. El río Lor y sus afluentes han excavado valles estrechos que articulan buena parte del territorio.

A este contexto natural se suma la huella histórica de época romana, visible en antiguas explotaciones auríferas y restos de infraestructuras hidráulicas. La técnica de la ruina montium dejó marcas en el terreno que hoy forman parte del paisaje, integradas de forma casi imperceptible en el entorno montañoso.

La toponimia y algunos enclaves, como el pico de Pía Paxaro, remiten a episodios del pasado romano, aportando una dimensión histórica que se superpone al carácter natural del macizo sin alterar su esencia.

Aldeas de pizarra y cultura tradicional que se puede apreciar en el Caurel

Más allá de la naturaleza, el Caurel conserva un patrimonio humano estrechamente ligado al medio. Las aldeas de pizarra, dispersas por las laderas y los valles, se integran en el paisaje como una prolongación de la montaña. Núcleos como Seoane do Courel, Froxán o Romeor reflejan una arquitectura adaptada a un entorno exigente.

Por último, la economía tradicional, basada durante siglos en el aprovechamiento forestal, la castaña y la ganadería, ha dejado infraestructuras singulares como los sequeiros y las albarizas.

Estos elementos explican la relación histórica entre la población y un territorio que, pese al despoblamiento actual, mantiene una fuerte identidad cultural.

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