Obituario: Francisco Pérez Abellán

Cuando la ‘crónica negra’ se convertía en brillante

Cuando la ‘crónica negra’ se convertía en brillante
Francisco Pérez Abellán

Lo conocí a finales de los setenta en la memorable barra de madera rojiza del Bocaccio de Madrid, donde acabábamos la jornada muchos reporteros de medios madrileños. Eso sí, antes de que sus editores a finales de los 80 se enzarzaran en una guerra mediático-ideológica, lo que provocó un apagón en las relaciones entre periodistas de diferentes cabeceras.

Aquel Paco Pérez Abellán con quien crucé mis primeras palabras hace casi cuarenta años mantuvo desde entonces el mismo espíritu combativo, siempre prestigiando y enriqueciendo la profesión, hasta los últimos días de su existencia. Paco era un periodista crítico, independiente, obstinado, irreductible, solidario, generoso y, sobre todo, un gran amante de su profesión, a la que entregó su vida. Pérez Abellán falleció a los 64 años en el epicentro de las fiestas navideñas, de ahí que su muerte haya pasado desapercibida para muchos de sus lectores y seguidores.

Hasta su última bocanada de aire, Paco fue un periodista irreductible e insobornable. Siempre decía lo que pensaba como cuando en una de aquellas noches de Bocaccio culpabilizaba a gritos al entonces ministro de Obras Públicas y Urbanismo de UCD del accidente de un autobús escolar en Zamora en 1979 en el que habían fallecido 45 niños, cuando regresaban de un viaje organizado por su colegio. “La culpa es del ministro -gritaba Paco entre un grupo de periodistas- por no reparar una carretera en lamentable estado. Todo por unas putas pesetas”. Y aquella recriminación llegó hasta los oídos del ministro que, por supuesto, levantó el teléfono e hizo sus llamadas conminatorias.

Paco era un excelente profesional de la información en todas sus facetas: reportero en diarios y revistas, periodista de investigación, colaborador radiofónico y televisivo, profesor universitario, escritor, criminólogo… Pero, sobre todo, fue el máximo exponente de la crónica negra en el Periodismo español, tanto desde las páginas de Pueblo como desde las secciones de Local y Sucesos de Diario 16, de las que fue también su jefe. Así mismo, fue uno de los creadores del programa televisivo Tribunal TV y autor de una treintena de libros, de los que pondría en primer lugar “Morral, el reo asesinado” y “Diccionario Espasa de asesinos”, que escribió a medias con su hijo Francisco Pérez Caballero.

Pérez Abellán aportó brillo a la crónica negra periodística. Era, sin “posiblemente”, el mejor en su género aunque sería injusto no mencionar a otros profesionales como Juan Madrid, Carlos Aguilera, Manuel Marlasca o Jesús Duva. Seguro que se me olvida alguno más. Eso sí, dedico una mención especial a Margarita Landi y Pedro Costa Musté, que trabajaron muchos años en la revista Interviú.

Sobre otros trabajos de Paco destacaría también su excelente investigación sobre el magnicidio en 1870 del ex presidente Juan Prim, que plasmó en el libro “Matar a Prim”. Paco logró algo impensable: exhumar el cadáver del militar catalán de la lápida del cementerio de Reus para poder demostrar con la ayuda de unos forenses que Prim había sido estrangulado en el Palacio de Buenavista, tras sobrevivir de un atentado en la calle del Turco de Madrid. La investigación histórica de Pérez Abellán confirmó la tesis de que el asesinato era consecuencia de una conspiración liderada por prohombres de Estado, entre ellos el general Serrano.

Paco también logró recuperar y restaurar el sumario de Prim que permanecía abandonado en uno de los almacenes del poder judicial. Con la ayuda del decano de los Juzgados de Madrid, el juez José Luis González Armengol, encuadernó y microfilmó todas sus páginas, excepto algunas que habían sido arrancadas y, por supuesto, habían desaparecido.

Paco culminó su dilatada carrera periodística y académica con una excelente tesis doctoral titulada “Asesino en serie en Pascual Duarte”, sobre el personaje de la obra de Camilo José Cela, de la que tuve la suerte de ser miembro del tribunal examinador en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Podía haberla defendido en la Universidad Camilo José Cela (UCJC), donde era jefe del departamento de Criminología y así beneficiarse de un trato especial, como se aprovecharon otros profesores –entre ellos el presidente Pedro Sánchez con su tesis fake-, pero Pérez Abellán optó por la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.

Así mismo, le fue asignado uno de los directores de tesis más exigentes del área de Periodismo, el catedrático Wenceslao Castañares, que le ayudó a desarrollar una investigación de gran nivel. Castañares, desgraciadamente, también nos dejó en 2018. Paco, finalmente, obtuvo la máxima calificación -sobresaliente cum laude por unanimidad del tribunal- demostrando que era una persona que alcanzaba sus metas con esfuerzo e inteligencia y sin trampas.

Hacía meses que no hablaba con Paco y su muerte me cogió por sorpresa. Una gran pérdida para una profesión que más que nunca necesita periodistas de su talla: honestos y de raza. Indispensables para contrarrestar, en los medios, a los depredadores y para mostrar, en las aulas, el camino recto a las futuras generaciones.

Pérez Abellán ponía en práctica todos los días una de las máximas de Baudelaire: “Para trabajar basta estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse”. Y él era un profesional infatigable, siempre abriendo horizontes y sin claudicar por aquello en lo que creía. Descanse en paz.

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