Los expertos coinciden e insisten a la población mayor de 65 años: «En verano hay que beber mucha agua, pero no cuando tengas sed»
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El calor del verano obliga a prestar especial atención a la hidratación en mayores de 65 años. Beber agua parece una cuestión sencilla, pero en esta etapa de la vida la sensación de sed puede perder intensidad y dejar de ser una señal suficientemente fiable. Por eso, esperar a tener sed para beber no siempre es la mejor opción.
Con el paso de los años, el organismo cambia y también lo hace su capacidad para mantener una reserva adecuada de líquidos. La proporción de agua corporal disminuye a medida que se pierde tejido muscular y aumenta la presencia de tejido graso, óseo y conectivo. Esto hace que las personas mayores sean más vulnerables ante una pérdida de líquidos.
El problema se acentúa durante los meses más calurosos. Las altas temperaturas favorecen la deshidratación y pueden provocar que el organismo pierda agua con mayor rapidez. Además, una persona mayor puede no percibir el calor o la necesidad de beber con la misma intensidad que alguien más joven.
Por este motivo, la hidratación no debería depender únicamente de la sensación de sed. Una botella de agua siempre a mano, establecer pequeñas tomas a lo largo del día o incorporar alimentos ricos en agua a las comidas son medidas sencillas que ayudan a mantener una ingesta regular, especialmente cuando las temperaturas son elevadas.
Cuánta agua deben beber los mayores de 65 años en verano
La cantidad de líquidos necesaria puede variar en función de cada persona y de sus circunstancias.
No obstante, las recomendaciones recogidas por Supercuidadores de Unir, a partir de las indicaciones de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), sitúan la ingesta orientativa en torno a 2-2,5 litros de agua al día, equivalentes a unos 8-12 vasos. En periodos de mayor estrés, como el verano, esta cantidad puede superar los 3 litros.
También es importante cómo se distribuye esa cantidad. En lugar de beber mucho de una sola vez, resulta más práctico realizar pequeñas tomas durante la mañana y la tarde. De hecho, las recomendaciones señalan que repartir el consumo puede ayudar a evitar una ingesta excesiva por la noche y los consiguientes despertares.
Esta es la rutina que puedes seguir:
- Un vaso de agua al levantarse.
- Un vaso con cada comida principal.
- Varias tomas pequeñas entre comidas.
- Agua disponible y visible durante todo el día.
- Mayor frecuencia de consumo cuando hace mucho calor.
Estas son las señales de deshidratación que no conviene pasar por alto
La prevención resulta especialmente importante porque la deshidratación puede comenzar con señales poco llamativas. Cambios en la orina, cansancio, mareos, debilidad o alteraciones del estado general pueden indicar que el organismo necesita líquidos. Ante síntomas importantes o que empeoran, es necesario valorar la situación con un profesional sanitario.
Además del agua, la alimentación también puede contribuir a cubrir las necesidades de líquidos. Frutas y verduras con un elevado contenido en agua son una opción especialmente interesante durante el verano. Sandía, melón, melocotón, pepino, lechuga o calabacín permiten aumentar el aporte de agua mientras se mantiene una alimentación variada.
La información de Sanitas sobre hidratación en personas mayores también pone el foco en la importancia de mantener una ingesta regular y prestar atención a este colectivo durante los meses de calor.