El desafío del cáncer de piel: una realidad que se duplica en España
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La piel tiene memoria, y las estadísticas actuales son el reflejo de décadas de exposición solar sin la protección adecuada. Según datos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), los casos de cáncer cutáneo se han duplicado en los últimos 30 años en nuestro país. Cada año se diagnostican unos 4.000 melanomas, pero la cifra se dispara por encima de los 74.000 cuando hablamos del cáncer cutáneo no melanoma.
Aunque este último suele tener un pronóstico menos agresivo que el melanoma, su frecuencia y su capacidad de reaparecer si no se elimina correctamente lo convierten en un reto sanitario de primer orden.
Dentro de esta categoría, los carcinomas basocelulares y epidermoides son los protagonistas. El carcinoma basocelular es, de hecho, el tumor más frecuente en el ser humano, especialmente en países con alta radiación solar como España. Ante este escenario, el diagnóstico precoz sigue siendo la mejor arma, pero cuando el tumor ya está presente, la precisión en el quirófano marca la diferencia entre una curación definitiva y una recaída.
Es aquí donde el Hospital Quirónsalud Valle del Henares destaca gracias a la implementación de la cirugía de Mohs, una técnica que ha transformado el estándar de cuidado para estos pacientes.
Precisión microscópica: qué es y cómo funciona la técnica de Mohs
A diferencia de la cirugía tradicional, donde el cirujano extirpa el tumor con un margen de seguridad “a ojo” y envía la muestra a analizar días después, la Cirugía de Mohs –también llamada micrográfica– permite un control total en tiempo real.
“El beneficio primordial es que, mientras se realiza la técnica, el cirujano puede saber exactamente cuándo el tumor ha sido extirpado por completo”, explica el Doctor Darío de Perosanz Lobo, especialista en Dermatología del Hospital Quirónsalud Valle del Henares y experto en esta práctica.
El procedimiento se realiza por fases en el mismo acto quirúrgico. Primero se extrae el tumor visible y, a continuación, se retira una fina capa de tejido adicional que se analiza al microscopio de forma inmediata. Si se detectan células cancerosas en algún punto, el cirujano vuelve a intervenir sólo en esa zona específica, repitiendo el proceso hasta confirmar que los márgenes están 100% limpios.
Este método requiere un equipo multidisciplinar coordinado, que incluye al dermatólogo cirujano, técnicos en anatomía patológica y un patólogo que revisa las muestras al momento.
Máxima curación con el mínimo impacto estético
La gran ventaja de este nivel de detalle es doble. Por un lado, ofrece las tasas de curación más altas que existen actualmente; algunos estudios estiman que la posibilidad de que el cáncer reaparezca tras una cirugía de Mohs es hasta tres veces menor que con la cirugía convencional. Por otro lado, permite conservar la mayor cantidad posible de tejido sano. Esta preservación es crítica cuando el tumor se encuentra en áreas con poca disponibilidad de piel, como los párpados, la nariz, las orejas o el escote.
Al eliminar sólo lo estrictamente necesario, la cicatriz resultante es significativamente menor, lo que facilita una reconstrucción más estética y funcional. En una zona tan expuesta como el rostro, donde el impacto psicológico de una cirugía puede ser elevado, contar con una técnica que garantice la eliminación del tumor sin sacrificar la apariencia del paciente es un avance incalculable. El Dr. De Perosanz aclara que esta técnica es especialmente útil en tumores recurrentes o en aquellos que presentan bordes mal definidos.
Un enfoque integral en la salud dermatológica
El éxito de la cirugía de Mohs no reside sólo en la tecnología, sino en el entrenamiento específico del especialista y en la infraestructura del centro. En el Hospital Quirónsalud Valle del Henares, el enfoque se centra en el paciente desde la primera consulta de diagnóstico. No todos los carcinomas requieren Mohs, pero contar con esta opción asegura que los casos más complejos reciban el tratamiento más avanzado disponible a nivel mundial.
Sin embargo, los expertos insisten en que la mejor cirugía es la que se evita. La protección solar y las revisiones periódicas de los lunares y manchas siguen siendo el pilar fundamental. El aumento de casos en las últimas tres décadas es una llamada de atención para no bajar la guardia.
Ante cualquier lesión que no se cura, que sangra o que cambia de aspecto, acudir a un equipo dermatológico experto es el primer paso para asegurar que nuestra piel siga siendo nuestra mejor aliada.
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