Sanidad pública

Chivite colapsa las urgencias: suprime las horas extra y aumenta la presión asistencial a los sanitarios

En los últimos días, servicios como Anestesia, Traumatología y Digestivo ya habían anunciado restricciones similares en su actividad extraordinaria

Chivite urgencias Navarra
La presidenta de Navarra, María Chivite.
Diego Buenosvinos

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La tensión en el sistema público de salud de Navarra ha escalado un nuevo peldaño tras la decisión del Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Navarra (HUN) de suspender la realización de horas extraordinarias. La medida, adoptada de forma coordinada con otros servicios hospitalarios, agrava un conflicto laboral que los profesionales describen como la expresión de una «situación límite» dentro de la red asistencial. El conflicto añade presión al Ejecutivo foral, encabezado por la presidenta María Chivite, en un contexto de creciente malestar sanitario y advertencias sobre la capacidad del sistema para responder a la demanda asistencial.

La decisión de Urgencias no llega de forma aislada. En los últimos días, servicios como Anestesia, Traumatología y Digestivo ya habían anunciado restricciones similares en su actividad extraordinaria, en un gesto de protesta que refleja un malestar creciente entre los profesionales sanitarios. En total, al menos 61 médicos han suscrito un documento en el que advierten de un deterioro progresivo de las condiciones de trabajo y de la capacidad del sistema para dar respuesta a la demanda asistencial.

Calidad de atención

Según denuncian los facultativos, el servicio de Urgencias está funcionando de manera habitual muy por encima de su capacidad real, con picos que superarían entre un 30 % y un 40 % la carga de trabajo prevista. Esta sobrepresión se traduce en saturación constante, acumulación de pacientes pendientes de ingreso y estancias prolongadas en las áreas de observación, donde algunos enfermos llegan a pasar la noche sin cama asignada en planta.

Los profesionales describen esta situación como algo ya estructural y no puntual. Lo que antes se vinculaba a episodios excepcionales —como epidemias estacionales o repuntes de demanda— se ha convertido, según relatan, en una dinámica diaria. Esta normalización del colapso asistencial estaría afectando tanto a la calidad de la atención como a la dignidad de los pacientes, además de generar una presión asistencial sostenida sobre el personal sanitario.

«Señalamiento» de determinados servicios

En su denuncia, los médicos también apuntan directamente a la gestión del Departamento de Salud, al que acusan de trasladar la responsabilidad de las listas de espera a los profesionales mientras, según su versión, no se abordan los problemas estructurales de planificación y recursos. El conflicto se ha visto intensificado por la sensación de «señalamiento» hacia determinados servicios, algo que ha incrementado el malestar interno en el hospital.

El origen de esta escalada se sitúa en un contexto de creciente tensión organizativa. En semanas anteriores, el servicio de Anestesia fue el primero en anunciar la suspensión de horas extraordinarias. Poco después, el jefe de Traumatología del HUN presentó su dimisión en medio de la polémica generada por una auditoría interna sobre la actividad del servicio, cuyos resultados fueron cuestionados públicamente por parte de su responsable, que denunció una interpretación incompleta de los datos difundidos.

La situación no se limita al hospital de Pamplona. En el Hospital Reina Sofía de Tudela, los servicios de Ginecología y Traumatología también han comunicado su adhesión a las medidas impulsadas por el Sindicato Médico de Navarra (SMN), que ha convocado una protesta en horario de tarde coincidiendo con la actividad extraordinaria. Esta convocatoria afecta a un modelo de trabajo voluntario que, en la práctica, contribuye de forma significativa a reducir listas de espera en el sistema público.

Capacidad operativa

El trasfondo común de todas estas movilizaciones es la percepción de un sistema sanitario tensionado, con dificultades crecientes para absorber la demanda asistencial y con una dependencia cada vez mayor de las jornadas adicionales del personal médico. La suspensión de estas horas extra supone, en la práctica, una reducción inmediata de la capacidad operativa de varios servicios clave.

Mientras tanto, el conflicto sigue abierto y sin una solución inmediata a la vista. Los profesionales insisten en que su objetivo no es la confrontación, sino advertir de una situación que consideran insostenible a medio plazo. Sin embargo, el pulso entre los servicios sanitarios y la administración autonómica añade presión a un sistema ya sometido a una elevada carga asistencial, con el riesgo de que el impacto directo termine trasladándose a los pacientes en forma de mayores tiempos de espera y menor capacidad de respuesta.

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