Zapatero, acogotado, enseña su negra cara

Palomo ZP
  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

Por fin, el singular Zapatero, el hombre de la media docena de caras, se presentó ante el Senado dispuesto a reivindicarse a sí mismo, y a demostrar ante todo y todos, que considera a los españoles como tontos de baba.

De toda su nerviosa, agresiva y agitada comparecencia, lo único que aclaró es algo tan obvio como que durante una década compadreó con un régimen asesino, liberticida y ladrón como el chavismo-madurismo. El resto fueron trolas de alta intensidad para parvularios asustados.

Decir, como dijo, que no reconocía la autoridad de la Comisión senatorial que le interrogaba para enjuiciar sus capacidades políticas, es lo más tosco y grosero que he oído en sede parlamentaria desde 1977. ¿Acaso ZP no utiliza coche oficial pagado por los contribuyentes? ¿Acaso el otrora místico zapateril no va siempre rodeado de policías a sueldo de los españoles? ¿Acaso no cobra sus buenos euros como ex presidente y miembro del Consejo de Estado?

A estas alturas de la película caribeña del otrora osito leonés, el pueblo llano ha concluido esto respecto del personaje que durante su mandato presidencial dejó España tan arrasada como un solar, lo siguiente:

  1. Zapatero ha sido el principal valedor nacional e internacional de un régimen liberticida y asesino.
  2. Zapatero se ha beneficiado económicamente de sus buenos oficios ante Maduro.
  3. Edmundo González y María Corina Machado, vencedores de las últimas elecciones venezolanas, pueden dar razón de cómo utilizó sus privilegiadas relaciones con los torturadores y asesinos del régimen, de cara a ayudar a los presos políticos (sic); a alguno de ellos lo conoció en el siniestro y temido Helicoide.
  4. Zapatero fue un presidente incompetente en lo esencial y arribista en lo insustancial, tras convertirse en ex. Un fanático extremista en sus acreditadas neuras, que ha venido dando el pego durante muchos lustros. Ahora ya, incluso, utiliza a sus hijas para facturar.
  5. Un ex presidente sin «auctoritas» ni «potestas», que de cuando en vez asoma la patita, dice dos o tres paqueiradas y se vuelve a calentar el dinerito y el patrimonio que ha ido acumulando como «consultor global» (ja, ja, ja). Si más de la mitad de los españoles ya rechazaba al sujeto, tras su paso por el Senado, ese porcentaje ha aumentado de forma exponencial. A su lado, hasta Maíllo parecía un estadista…

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