Yo provoco

Yo provoco
  • Ester Muñoz

Las redes sociales se inundaban este fin de semana de condenas y
justificaciones a partes iguales de los tristes hechos por los que será recordada la celebración del Orgullo LGTBI este año.

Qué paradoja, los que celebraban con orgullo que han salido del armario, han acabado linchando, insultando, acosando y atacando a los que no piensan como ellos. Metiendo al diferente en otro armario, el del odio y el sectarismo. Hace 40 años si dos homosexuales se besaban en la calle y algún homófobo les atacaba, muchos ciudadanos miraban para otro lado, “ si es que van provocando”. Hoy los que provocan no lo hacen por cuestión de su  orientación sexual. Hoy en España, no ser de izquierdas es en sí mismo una provocación.

Porque si no eres de izquierdas no puedes ir a una manifestación por las mujeres, estás provocando. Si no eres de izquierdas no puedes manifestarte contra el independentismo, estás provocando. Si no eres de izquierdas no puedes ser gay. De hecho, si no eres de izquierdas no puedes manifestarte, es una provocación de un fascista como tú.

En definitiva, si no eres de izquierdas no eres demócrata. Y esta frase es tan simple y cierta como peligrosa. Por eso, cuando la derecha gana o hace coaliciones de gobierno, se pueden rodear las instituciones, puede haber manifestaciones violentas, se puede insultar atacar, humillar y linchar al diferente. Y el alcalde, si es de derechas, es un carapolla. Lo que pasó este fin de semana, solo es un síntoma de la falta de libertad ideológica que comienza a existir en nuestro país. Ya no es solo el independentismo del País Vasco o de Cataluña, la izquierda en general ha comprado ese discurso de odio que justifica atacar con la excusa de defenderse de los fascistas. El problema es que para ellos, ellas y elles (no me vayan a tildar de machista) el fascismo es todo aquello que no es de izquierdas. Todos somos fascistas. Y bajo esa premisa, nos señalan, nos etiquetan, nos insultan, nos linchan, nos humillan. Bastante que nos perdonan la vida, pero para eso son muy demócratas.

Que un Ministro de Interior, que es Juez de la Audiencia Nacional, y que además es gay (que no maricón, que diría su camarada Delgado), justifique los ataques ideológicos, nos da una muestra de la catadura moral y la miseria humana que corroe los cimientos de la izquierda a de este país.

Hace pocas semanas, un terrorista que aún cumple condena de inhabilitación para cargo público por intentar rehacer ETA, daba una entrevista en la TV pública. Allí, lejos de condenar el terrorismo, lo justificaba, “tenían derecho a hacerlo”. Tenían derecho a provocar dolor. Esto no mereció la más mínima condena pública del Ministro de Interior. Esta humillación no merecía ningún reproche. Justificar el terrorismo es libertad de expresión, pero acudir a una manifestación por los derechos y la libertad, si no eres de izquierdas es una provocación.

De hecho, a la manifestaciones feministas si que puede acudir Bildu ,nadie les ataca, nadie les escupe.Ellos quieren una Euskal Herria feminista. Y nadie puede negar que en lo que se refiere a atentados, ellos justifican los de hombres y mujeres por igual. Sin discriminación, ni positiva ni negativa. De igual modo, se manifiestan en el Orgullo Gay, porque oye, terroristas sí, pero homófobos no, ¿eh? Cuando había que matar a un militar, guardia civil, político o civil que iba por la calle, allí nadie preguntaba por su orientación sexual. Porque ellos son muy de los derechos LGTBI.

La izquierda española convive mejor con su ala más radical, como es la izquierda abertzale pero es incapaz de respetar a la derecha. Y esto en una democracia es un problema. Vienen tiempos difíciles para la libertad, pero está en nuestras manos someternos o rebelarnos. Para la izquierda nuestra mera existencia es una provocación, pero como decía Maeztu “ser es  defenderse” y vaya que si vamos a defendernos, vamos a defender nuestra libertad, la libertad de ser, de existir, de pensar.

  • Ester Muñoz es política libre e indomable.

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