La triple baraja de Sánchez

La triple baraja de Sánchez

La ventaja de ser el más fuerte es precisamente ésa: que se juega con ventaja. Y en esta nada amarga tesitura es donde hoy se encuentra Pedro Sánchez. Quién lo iba a decir cuando en 2015 sacó el resultado electoral más bajo de los socialistas y no mucho más tarde fue expulsado en vivo y en directo de la cúpula de su propio partido, no sin antes realizar un amago de pucherazo.

A Sánchez le gustaría pactar con Ciudadanos –sería su opción ideal: un holgado gobierno de corte social-liberal con mayoría absoluta–; tiene también la opción de hacerlo con Podemos y los independentistas –significa entrar en un mundo mucho más turbio y desestabilizador, pero a las malas también cabe esa opción– y, por último, si ninguna de estas dos opciones cuaja, puede convocar nuevas elecciones. Cierto que unos comicios, por el alto nivel de imprevisibilidad que conllevan, nunca suponen una opción agradable, pero si hubiera que llegar a ese punto, todo parece indicar que el PSOE reforzaría su primera posición, sustrayéndole a Podemos otros 10 ó 15 diputados.

Dicho esto, contemplada la definitiva derechización de Ciudadanos –no da la impresión de que Rivera vaya a amilanarse con la salida de Nart y Roldán–, la opción más cómoda para Sánchez parece que no será viable. Quedan, por lo tanto, dos. Y sabiendo que Podemos no está en condiciones de sostener el farol de unas nuevas elecciones, todo se resume a saber cómo logrará finalmente estructurar Sánchez su Gobierno de cooperación con los podemitas y los independentistas.

Conviene no perder la perspectiva de que ésta, en realidad, es la peor opción de todas. Porque, aunque no parece probable que vayamos a ver ministros de Podemos o de Esquerra, la abstención que finalmente acabará propiciando la permanencia de Sánchez no será gratis.

Si desde el punto de vista estratégico la posición de Sánchez es loable, desde el plano político, de proyecto de país, es lamentable. En el fondo, y también la superficie, transmite este mensaje: con Ciudadanos, con Podemos y los independentistas… Tanto da. El caso es seguir.

Sostenía Churchill que el político se convierte en estadista cuándo comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. El caso de Sánchez es justo lo contrario. Su mayor horizonte es el próximo telediario.

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