NASA

Parece ficción pero la misión Artemis II ya está más cerca de la Luna que de la Tierra: así se prepara para llegar a su cara oculta

Parece ficción pero la misión Artemis II ya está más cerca de la Luna que de la Tierra: así se prepara para llegar a su cara oculta
Marta Torres
  • Marta Torres
  • Corresponsal internacional. He escrito en La Razón, El Mundo, Wall Street Journal Edición Américas.

¿Qué hay en la cara oculta de la Luna? La NASA espera que sea el secreto de la vida en la Tierra. Los astronautas de Artemis II, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense Jeremy Hansen, observarán regiones invisibles que podrían dar pistas sobre la formación del Sistema Solar. Parece ficción, pero Artemis II ya está más cerca de la Luna que de la Tierra: así preparan para llegar a su cara oculta.

Cuando los astronautas de Artemis II lleguen a la cara oculta de la Luna el lunes, su mundo quedará sumido en el silencio, ya que la masa de nuestro vecino más cercano bloquea las comunicaciones con la Tierra.

Durante el apagón de comunicaciones, que durará casi una hora, los tres astronautas estadounidenses y el canadiense a bordo realizarán observaciones científicas que podrían ayudar a esclarecer el origen de la vida en la Tierra.

La tripulación flotará sola, aislada de la Tierra, contemplando una parte del Sistema Solar que el ojo humano jamás ha visto. Lo que vean no se parecerá en nada al disco plateado, tranquilo y liso que ilumina nuestro cielo nocturno.

La cara oculta nunca se ve desde la Tierra. Ha soportado el peso de miles de millones de años de bombardeo y es una esfera llena de cráteres superpuestos y profundamente sombreados, con una superficie irregular.

La superficie lunar está cubierta por cráteres de distintos tamaños, resultado de un intenso bombardeo de asteroides y cometas en los primeros tiempos del Sistema Solar. Entre las estructuras más destacadas se encuentra la cuenca Cuenca Aitken-Polo Sur, uno de los mayores cráteres conocidos del Sistema Solar, con más de 2.000 kilómetros de diámetro.

También destaca la cuenca Orientale, una formación de impacto que permite estudiar cómo la energía de colisiones masivas modificó la corteza lunar.

Estas estructuras se formaron hace aproximadamente 3.800 a 4.000 millones de años, en una época conocida como el Bombardeo Intenso Tardío, cuando la Tierra y la Luna sufrían impactos frecuentes de cuerpos celestes.

La Tierra primitiva y la conexión con la Luna

Durante ese período, la Tierra también fue intensamente bombardeada. Sin embargo, a diferencia de la Luna, la actividad geológica terrestre ha borrado casi por completo las huellas de esos impactos.

Por ello, estudiar la Luna permite reconstruir indirectamente cómo era la Tierra primitiva. Algunos científicos consideran que ciertos materiales expulsados durante esos impactos podrían haber contribuido a la química prebiótica del planeta, aunque esta idea sigue siendo objeto de investigación y debate.

La hipótesis de que los materiales espaciales pudieron influir en el origen de la vida forma parte de teorías más amplias sobre la evolución química temprana de la Tierra, pero no existe evidencia de que la vida provenga directamente de meteoritos o “semillas” extraterrestres.

Una cara oculta distinta a la visible

La Luna está en rotación sincrónica con la Tierra, lo que significa que tarda el mismo tiempo en girar sobre su eje que en orbitar nuestro planeta. Por ello, siempre muestra la misma cara.

La cara visible contiene grandes llanuras oscuras conocidas como «mares lunares», formadas por antiguos flujos de lava basáltica. Estas regiones se crearon cuando impactos antiguos fracturaron la corteza, permitiendo que el magma ascendiera y se solidificara.

En contraste, la cara oculta tiene una corteza más gruesa y elevada, lo que dificultó la formación de esos mares basálticos. El resultado es un terreno mucho más montañoso, irregular y densamente craterizado, que conserva mejor las huellas de los impactos antiguos.

Una cápsula del tiempo del Sistema Solar

La preservación extrema de la superficie lunar convierte a la cara oculta en un laboratorio natural para estudiar la historia del Sistema Solar. Las rocas y cráteres no han sido alterados por erosión atmosférica ni por procesos tectónicos, lo que permite analizar estructuras casi intactas desde su formación.

El estudio de estas regiones ayuda a los científicos a comprender cómo evolucionaron los planetas rocosos, cómo se distribuyó la energía de los grandes impactos y cómo se formaron las primeras cortezas planetarias.

Lo último en Ciencia

Últimas noticias