Tengo ganas de que Rufián se la pegue

Rius Rufián interior
Xavier Rius
  • Xavier Rius
  • Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

Tengo unas ganas de que Rufián se la pegue que ni se lo imaginan. A ver si hay suerte. No negaré al todavía líder de ERC en Madrid sus cualidades como community manager. Ni siquiera como orador parlamentario. Como cuando dijo, en el debate del miércoles, que «a Irán se le bombardea y a Arabia Saudí se le da un mundial».

Pero desde luego, haciendo tuits no cobraría los casi 140.000 euros anuales que cobra del pérfido Estado opresor —en terminología indepe— y volvería a sus tiempos de mileurista.

Basta repasar la intervención que hizo en el pleno de la guerra. De hecho, fue una declaración formal de guerra a Junts, valga la redundancia. Debe considerarlos enemigos de clase. Y, de paso, un mitin desde la tribuna del Congreso.

Lo que es increíble es que Junqueras se lo tolere. No hablaba para los votantes de Esquerra, sino para los votantes de esa futura alianza de izquierdas a la izquierda del PSOE. Sinceramente, les deseo de todo corazón que desaparezcan del mapa electoral, como les ha pasado en Aragón o en Castilla y León.

La izquierda actual es anunciar una flotilla a Cuba y hospedarse en un hotel de cinco estrellas. O ir a la gala de los Oscar porque, para lo que me queda en el convento. O hacerse selfies en Nueva York aprovechando viajes oficiales.

También, por supuesto, mudarse de un pisito en Vallecas a una casa con piscina en una zona residencial de Galapagar.

Rufián empezó con elogios envenenados a Feijóo. Siempre acusan al PP de «copiar» a Vox. Aunque, en realidad, son los electores de izquierda —aquellos que viven en barrios con mucha inmigración— los que se están pasando al partido de Abascal. Como los antiguos comunistas franceses, que se han hecho de Marine Le Pen.

Luego cerró filas con Pedro Sánchez. Hasta daba sonrojo. Ni Patxi López se esmera tanto. A los de Vox se les puede tildar de «ultraderecha», pero a Podemos y Sumar no se les puede llamar «comunistas» a pesar de que algunos de sus dirigentes no se hayan enterado de la caída del Muro de Berlín casi 40 años después. Los que están a favor de la guerra de Irán son «lacayos» y no tienen sentimientos, vino a decir.

A Trump le llamó dos veces «pedófilo». Si yo fuera el presidente norteamericano, me querellaría. En el fondo, le haría un favor. Está de suerte Rufián, no debe saber ni quién es. También aprovechó la ocasión para hacerle la pelota a las «señorías de Sumar». ¡Qué crack! Se los está trabajando de cara a su futura coalición.

Acabó dando lecciones sobre periodismo. Por un momento pensé que ordenaba a la tribuna de prensa: «apunten el titular». Gabriel, si quieres te cuento los desmanes de TV3 durante el procés. Pese a que ahora TVE supera todas las expectativas.

Metió a Junts en el mismo saco que Vox y el PP. Parece mentira que convergentes y republicanos fueran en el mismo barco durante el citado proceso. Confirma que, en el fondo, todo era por el poder: el poder y la pasta.
«Junts está mintiendo», proclamó mirando a los escaños del grupo parlamentario de Puigdemont. «Mintiendo», repitió. «Junts miente», insistió. Los definió como «ultraderecha».

Acabó amenazando a Míriam Nogueras y sus secuaces, aunque Dios me libre —y soy agnóstico— de defenderlos: «¿Ustedes para quién trabajan?». Le faltó añadir que para el CNI. Como me decían a mí en los momentos álgidos del procés.

“¿Alguna de sus señoras de Junts tiene una empresa inmobiliaria?”, se preguntó. Ahí no iba desencaminado. La diputada Marta Madrenas, que llegó a sonar como sustituta de Puigdemont al frente de la Generalitat fue presidenta de los API de Gerona.

«Si tumban este decreto —continuó con la diatriba—, les deseo años de ostracismo político y les puedo prometer que, mientras yo siga por aquí, lo que me quede, me voy a esforzar mucho para que así sea».

Se nota que el próximo 9 de abril hace el primer mitin en Barcelona con Irene Montero y el que fuera líder de los Comunes en el Parlament, Xavier Domènech. Es para ir preparando al personal.

Lo que no entiendo, como decía al principio, es la debilidad de Junqueras. Cualquier otro partido ya habría expedientado a su cabeza de lista por Madrid si se le ocurriera montar otra candidatura electoral, aprovechando además su posición. Pero el presidente de Esquerra no se ha caracterizado nunca por sus dotes de liderazgo ni por su rapidez en la toma de decisiones. Nunca sabe si va o viene, si es carne o pescado.

Y, por supuesto, la metamorfosis personal de Rufián: de líder independentista a candidato de megaizquierda. Siempre intuí que lo suyo fue una apuesta profesional. Cuando entró en política, tenía más recorrido hacerse de ERC que de Podemos, como seguramente le pedía el cuerpo.

No obstante, para sus futuros votantes —en el caso de que los tenga—, siempre quedará para el recuerdo las 155 monedas de plata o aquello de a los 18 meses volveré. Menuda sangre fría. Si yo tuviera un 3% de la que tiene, estaría atracando bancos disfrazado de Al Capone.

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