Sánchez saca el dóberman

El Partido Popular está cometiendo el error en esta campaña electoral de intentar hacer pedagogía o trazo fino con la economía. Hace unos días, Daniel Lacalle explicaba que, para garantizar las pensiones, la sostenibilidad del sistema público no puede depender de una financiación vía impuestos porque, además del grave daño que supone para la actividad económica elevar la presión fiscal, los países que han asumido esa metodología han demostrado que es el camino más rápido y seguro para recortes drásticos en las pensiones. Puso el ejemplo de Portugal o Grecia, entre otros, donde se las pensiones se precipitaron al vacío con recortes de entre un 20 y un 40 por ciento. Solo los tontos discuten hechos, pensaría Lacalle, sin tener en cuenta que existen caraduras que los manipulan.

Ayer, Pablo Casado, al ser preguntado por su opinión sobre la elevación por encima del 20 por ciento del salario mínimo, respondió que el Partido Popular va a respetar los acuerdos alcanzados en el marco de la negociación colectiva -que es el marco en el que los representantes de los trabajadores y de los empresarios acuerdan precisamente este tipo de cuestiones-. Pocos meses antes de que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias hiciesen saltar por los aires la negociación colectiva al elevar de golpe y porrazo el salario mínimo a 900 euros, los agentes sociales habían logrado un acuerdo para ir aumentándolo progresivamente hasta los 850 euros en 2020. Fue un logro sin precedentes como se encargaron de manifestar los propios sindicatos. De alguna manera, hacerlo gradualmente permitía a los trabajadores recuperar el poder adquisitivo perdido sin poner en riesgo la creación de empleo, es decir, afianzando los cimientos de nuestro mercado laboral. Pero los ‘Picapiedra’ de la economía, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, demostraron no entender nada y la consecuencia es que vamos caminito del desastre como muestran los indicadores de empleo.

Era previsible que ambos argumentos, complejos para la actual campaña electoral, fuesen utilizados por el presidente del Gobierno para decir que Lacalle y Casado quieren recortar las pensiones y el salario mínimo, sacando a pasear al nieto del dóberman de Felipe González. Por eso, sería más que recomendable que el PP, para evitar goles en propia meta, entienda que con Sánchez no valen las exquisiteces, que hay que darle muy masticado lo que su acción de gobierno está suponiendo ya en materia económica (como arrojan todos los indicadores): que Sánchez y su mochila de pactos van a ser letales para la economía española; que es un peligro público; que, en el mejor de los escenarios, España va a pasar de crecer más que nadie o decrecer más que ningún otro país gracias, no a la coyuntura internacional, sino a él; y que, en el peor de los escenarios, con una deuda pública como la actual y una política de gasto sin control, el sanchismo nos puede arrojar al pozo griego. Que el Partido Popular no se ponga sibarita, España se lo agradecerá.

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