La problemática relación del PSOE con Podemos

La problemática relación del PSOE con Podemos
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  • Diego Vigil de Quiñones Otero

Lo que queda de Septiembre, y lo que quede de legislatura, va a venir marcado por la relación entre PSOE y Podemos. Una relación que es y será problemática. Y no sólo por la rivalidad de quienes compiten por el mismo electorado, sino porque realmente existe una relación problemática de fondo muy densa, y cuya comprensión requiere casi un micro- ensayo histórico:

Durante los últimos años del franquismo, el Partido Comunista de España fue sin duda la fuerza que lideró la oposición al régimen de antes. Es por ello que, pese a la escasa fuerza electoral del PCE primero e IU luego, las demás fuerzas de aquella oposición han tenido siempre una especie de complejo frente a los comunistas, porque nadie padeció como ellos la represión del régimen. Dicho complejo ha afectado de manera especial a la social-democracia, incapaz de afirmar en España su ideario frente a ciertos mantras comunistas.

Y así, pese que el PSOE abandonó el marxismo en su Congreso extraordinario de Septiembre de 1979, siempre ha cedido a cierta hegemonía cultural de la “vera izquierda”. Institucionalmente y en la práctica, el PSOE ha sido atlantista, europeísta, demócrata liberal (burgués, en lenguaje comunista) y capitalista, en tanto que acepta la economía de mercado. Incluso se podría decir que el PSOE ha sido en la práctica un partido monárquico juancarlista. Sin embargo, en el terreno del debate ideológico, el PSOE ha querido siempre cautivar el voto post-comunista y no se ha atrevido a predicar lo que practicaba.

Pese a su incoherencia, el PSOE sobrevivía sin grandes sobresaltos… hasta que apareció Podemos, un partido que, a lomos de la crisis, logró un apoyo electoral muy superior al de los comunistas de IU/ICV, con un interesante discurso alternativo al régimen de ahora. Fue entonces cuando vimos a muchos líderes socialistas retorcerse e indignarse con Podemos, partido que les hacía la competencia con un discurso mucho más coherente, pero que se les hacía insoportable. Olvidaban que Podemos es el hijo natural de unas políticas socialistas que, pese a ser moderadas en la práctica, fueron post- comunistas en discurso, y en políticas educativas y culturales. El hecho de que los líderes de Podemos procedan de familias acomodadas de vida burguesa y creencias progres es bien expresivo de la relación problemática. Podemos puso entonces al PSOE ante el espejo de su propia mentira: no se puede ser socialista en apariencia y burgués en la práctica. Visto desde la izquierda, Podemos fue maravillosamente útil a la causa socialista, como hemos dicho antes aquí.

Y con la tensión de las contradicciones del PSOE, hemos llegado a estos días en que vemos al PSOE ante su principal drama: quiere seguir siendo un partido demócrata, capitalista y euroatlantista, pero quiere seguir cultivando el ideario post-comunista y gozar del voto de quienes lo siguen. Y claro, eso le lleva a un podemismo cosmético de programa (que se cumplirá o no) pero a un candado férreo para evitar que se le metan los neocomunistas en el gobierno, porque engañar a los electores es más fácil que a otro partido que esté encima de todo. Una difícil posición que genera un lógico colapso en la izquierda, pero que, como hemos dicho en estas páginas, obligaría a la derecha a armar un nuevo discurso.

Al final uno se pregunta si no habría sido mejor sacudirse los complejos, defender lo que realmente se quiere sin miedo como los socialdemócratas del resto de Europa, y haber construido una cultura acorde y no la comunista acomplejada que hemos vivido. Si se hiciera eso, se dejaría de vivir esta relación problemática con Podemos en la que se aparenta quererles cuando en realidad se les rechaza. Una relación problemática que, a día de hoy, causa el bloqueo institucional en perjuicio de todos los españoles.

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