Presunción de indecencia

Julio Iglesias

Sólo en la España gobernada por la caterva indocumentada, unos tipos, tipas y típex dedicados a ocultar el consumo de prostitución en su partido y los casos de abuso sexual de compañeros de sigla y bancada, se permiten el desafuero léxico de dar lecciones a Julio Iglesias sobre moral y ética. E incluso de condenarle. La paja y la viga en versión zurda: no ven al acosador que tienen en el despacho contiguo, pero ya saben qué hizo el cantante a miles de kilómetros en la privacidad de su mansión.

Como el reparo y la prudencia no se estiman en esta izquierda actual que representa todo lo contrario de lo que dice defender, se disponen inquisidores digitales y torquemadas políticos, avisados los medios y enviados los argumentarios, a denigrar una de las figuras más importantes que ha exportado España al mundo en toda su historia. La carga probatoria de algo que ocurrió en la intimidad ya es de por sí difícil, como difícil es otorgarle veracidad a la información contada por uno de los diarios de propaganda gubernamental, experto en liderar cortinas de humo mediáticas y proteger la figura y reputación de quienes generosamente contribuyen a su supervivencia empresarial.

Han intentado equiparar las exclusivas sobre el puterío político de miembros destacados del partido del Gobierno y de alguno de quienes le apoyan la investidura con los presuntos casos de abuso sexual de Julio Iglesias ocurridos, al parecer, hace cinco años. Con la falsa denuncia contra Adolfo Suárez se dieron la misma prisa en difundir y publicitar una calumnia similar, antes de comprobar que su ridículo no tenía más recorrido que el silencio. Ahora, como ven que el foco de la indignación social sobre los trapicheos de Sánchez y Montero con los golpistas de Junqueras y Rufián para que sigan robando al resto de los españoles no se apaga, ni tampoco los escándalos económicos del partido que dirige la cueva de Alí Ferraz, han tenido que difundir, chonis colocadas mediante, algo jugoso que lo contrarreste. Les durará el alpiste de distracción unos días.

Porque aquí estamos a lo importante (los delitos del sanchismo y su proyecto amoral de destrucción de la nación constitucional) y porque no se puede denunciar a Julio Iglesias si los portavoces que lo hacen pertenecen a la organización con los mayores consumidores de prostitución que ha existido en la historia política de Europa. Tampoco pueden erigirse en fuentes morales autorizadas del protectorado feministra las que callan ante el asesinato de mujeres en Irán y que, con su cínico voto, han evitado condenar dicha tragedia en el Congreso. No tienen autoridad ni crédito los vendedores de democracia basados en el lucro incesante de una narcodictadura o teocracia.

Saltan los buitres y oportunistas al calor de unas leyes que en España protegen la falsedad de una denuncia y violan la presunción de inocencia del hombre. Y lo hacen en el contexto político creado por una izquierda caviar que suelta violadores mientras condena al violador y se rodea de azotadores violentos con un currículum de acoso inabordable. Siempre dan lecciones los mismos que acaban en paradores junto a prostitutas pagadas con dinero público o con camaradas de sigla huidos a Cuba por pedofilia abyecta.

Cuando la cortina de humo se disipe, y los mulos activistas vuelvan al establo que les ordena el capataz, si al final Julio Iglesias no es condenado, y sí absuelto, espero que tengan la santa valentía de pedir disculpas al artista y difundan su error y perdón con la misma publicidad con la que antes lo han difamado. Aunque en ellos nunca regirá su presunción de indecencia. Les viene de fábrica ideológica la mentira, el bulo y la proyección de sus miserias morales. Aunque Julio fuera tan truhan como señor, siempre tuvo y tendrá más categoría que los faroleros de preescolar y los escribas que hoy se arrepienten de ensalzarlo y buscan enterrar su legado y memoria en el fango salsero de testimonios de compañía.

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