Petro y Obrador pueden atacar España, pero para Sánchez cuestionar a su mujer es desafiar al Estado

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Para entender lo que está pasando -la sobreactuación del Gobierno de Pedro Sánchez tras las palabras del presidente argentino, Javier Milei- no hace falta ser muy sagaz: el Gobierno ha buscado la confrontación con el máximo dignatario de la nación iberoamericana y ya la tiene. Es lo que estaba deseando Pedro Sánchez para convertir las próximas elecciones europeas en una suerte de cruzada de las fuerzas progresistas contra la extrema derecha.

Cuando el ministro Puente acusó a Milei de drogarse el Ejecutivo puso la primera piedra de un plan que va a prolongarse durante toda la campaña y que pretende llevar al límite la tensión para excitar el voto de la izquierda. Es falso que Milei haya atacado la soberanía nacional, salvo que el socialcomunismo considere que la mujer del presidente del Gobierno forma parte de la esencia misma del Estado. Amagar por eso con una ruptura de relaciones diplomáticas es sencillamente delirante, pero como amagar no es romper Pedro Sánchez  elevará los decibelios durante los días que faltan hasta la cita con las urnas para después ir poniendo sordina al asunto.

La prueba de que todo es una pura impostura lo demuestra el hecho de que cuando el presidente de Colombia, Gustavo Petro, en vísperas de su visita a España, condenó el «yugo español esclavista», el Ejecutivo de Sánchez, lejos de fruncir el ceño, le agasajó de forma servil y pastueña. Por supuesto que no llamó a consultas al embajador español en Colombia y, por supuesto, que no acusó a Gustavo Petro de atacar la soberanía española, como tampoco lo hizo cuando el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, hizo lo propio.

Se conoce que para Pedro Sánchez se ataca más la soberanía nacional cuando el presidente de un país extranjero critica a su mujer que cuando arremete contra España, sobre todo, si quien lo hace forma parte del club de países populistas de izquierdas, en cuyo caso -como ocurrió con Petro y Obrador- no sólo pueden atacar a España, sino que la izquierda española les baila el agua. Así están las cosas: otra sobreactuación más del populismo diplomático de Pedro Sánchez.

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