Marruecos activa su ‘lobby’ en EEUU contra España

Marruecos EEUU
  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

Nunca va a encontrar Mohamed VI un gobernante español tan sumiso a sus deseos como Pedro Sánchez. Y como el sultán marroquí no se fía de que, a pesar de la manipulación del censo que está haciendo el PSOE, éste vaya a ganar las próximas elecciones, ha puesto en marcha su lobby en Estados Unidos para seguir arrebatando territorio a España, o, al menos, sustituirla como aliado de confianza.

Esa prisa explica la reciente noticia de que el comité de asignaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos emitiera un informe en el que señala que Ceuta y Melilla son dos ciudades «administradas» por España que se encuentran en territorio marroquí y, a continuación, anima al secretario de Estado, Marco Rubio, a que persuada a ambos países a que lleguen a un acuerdo sobre ellas. Se trata de la primera mención hecha por una institución fundamental de EEUU (su presidente es el segundo en la línea de sucesión a la jefatura del Estado, detrás del vicepresidente) que se inmiscuye en un asunto tan importante como las fronteras españolas.

Estos informes reciben el nombre de committee reports. Aunque no tienen carácter legislativo ni vinculante, orientan las prioridades de la Administración estadounidense, especialmente en lo relativo a la asignación de fondos y la política exterior.

Antes de continuar, hemos de refutar varios tópicos de las relaciones internacionales basadas en el buenismo. El primero es que el derecho internacional no constituye ni el único, ni el principal factor de las relaciones entre los estados, sino que lo son el «interés nacional» y la fuerza, ya sea militar, económica o diplomática. El segundo tópico es que Estados Unidos, en su conducta como superpotencia, se ha elevado a la condición de imperio; y como nueva Roma tiene aliados, vasallos y enemigos, a los que recompensa o castiga.

Y el tercer tópico es la creencia de que Marruecos es un país normal, al que le encantaría ser europeo, tanto que para España equivale, como vecino, a Portugal. Por el contrario, Marruecos, como saben los argelinos, los saharauis y muchos otros africanos, es un país expansionista, violento, cuyo régimen incumple los tratados internacionales cuando le conviene, corrompe a sus supuestos socios y emplea a su población como arma híbrida.

Desde hace setenta años, el majzén marroquí ha sabido construirse un lobby en Estados Unidos, como lo han hecho Israel, Arabia Saudí y Emiratos Árabes. España, que también dispuso de un lobby en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, a fin de romper su aislamiento, lo dejó morir en los años sesenta y, desde entonces, salvo en el Gobierno de Aznar, no lo ha reconstruido. Bien fuese porque suponía trabajo y dinero, caso de Rajoy, o bien por antiamericanismo, caso de Zapatero y Sánchez.

Uno de los representantes de ese lobby pro-marroquí es el político republicano Mario Díaz-Balart, que ocupa en la Cámara de Representantes el puesto de vicepresidente del Comité de Asignaciones y el de presidente del Subcomité de Seguridad Nacional. Nació en Florida hace 64 años; es sobrino del dictador Fidel Castro; y ocupa un escaño en la Cámara desde 2003. Tiene amistad con el secretario de Estado, Marco Rubio. Y, para lo que nos interesa a nosotros, apoya la invasión y anexión del Sáhara Occidental por Marruecos.

Los españoles en general y los socialistas en particular consideran que las relaciones exteriores son una pesadez y que encima no aportan nada al país o al bolsillo particular. El último que intentó aprovechar nuestras alianzas y nuestra posición geográfica fue José María Aznar. Desde 2004, la clase dirigente española ha delegado lo internacional en Bruselas, salvo cuando parte de ella intuye que la carta antiamericana va a llevar votos a las urnas. Lo hizo Zapatero y lo está haciendo Sánchez, empeñado en exasperar a Donald Trump en Gaza, Irán y China, el archienemigo de la Casa Blanca.

Los socialistas, incluso sus diplomáticos, desconocen que otra de las características de los imperios es la continuidad de su política exterior y, vinculada a ella, el recuerdo de las ofensas y traiciones, así como su venganza. A Zapatero no le sirvieron de nada sus feos a Bush II cuando Obama llegó a la presidencia.

Titulamos un artículo anterior Patada de Trump a Sánchez en el culo de los españoles para describir la situación de riesgo en que nos está colocando Sánchez. España no tiene Fuerzas Armadas, ni diplomacia, ni política exterior, ni aliados; es un país endeudado, de cuyo Gobierno se desconfía en la Unión Europea por actos insensatos como la actual regularización de cientos de miles de inmigrantes, por la pérdida de control de su territorio o por su corrupción. Pero Moncloa se comporta como si fuera imprescindible.

Nuestra conversión en un país de alucinados no nos perjudicaría en el caso de ser como Irlanda o Eslovenia, pero nos encontramos situados en una de las principales rutas navales del mundo. Y tanto Washington como Israel y la OTAN quieren que el estrecho de Gibraltar sea seguro. Marruecos es, hoy por hoy, el que da esa tranquilidad.

Que sepamos, la embajadora del Reino de España ante Estados Unidos, Ángeles Moreno Bau, no ha presentado una protesta en el Departamento de Estado. Tampoco ha habido reacciones ni declaraciones por parte de Sánchez ni de su ministro de Asuntos Exteriores. Ni de las asambleas y los gobiernos de Ceuta y Melilla. Nos preguntamos si la Corona habrá recurrido a sus contactos para reparar este golpe.

Los españoles estamos enfrentándonos a las consecuencias de haber roto Sánchez el principio de intangibilidad de las fronteras al reconocer la anexión del Sáhara por Marruecos. Como ha escrito el catedrático Carlos Ruiz Miguel, uno de los mejores conocedores de Marruecos, «apoyar la violación de la frontera internacional entre Marruecos y el Sáhara Occidental abre la puerta a la violación de la frontera internacional entre Marruecos y España». Los actos tienen consecuencias.

Lo último en Opinión

Últimas noticias