El Gobierno socialista andaluz, cómplice de María Sevilla

El Gobierno socialista andaluz, cómplice de María Sevilla
opinion-editorial-Andalucia-interior (1)

Según vamos obteniendo nueva información sobre el caso de María Sevilla, descubrimos que este terrible caso de la crónica negra hay que enmarcarlo, para comprenderlo en toda su amplitud, dentro de la categoría del feminismo radical y de la ideología de género que impregna partidos políticos, medios de comunicación, algunos juzgados, departamentos de psicología y –ahora lo sabemos– colegios e institutos.

Sin la presunta complicidad activa que esta mujer recibió por parte de la escuela donde tenía escolarizado a su hijo –aunque mejor habría que escribir: donde no lo tenía escolarizado–, este niño difícilmente podría desaparecer del radar del sistema de enseñanza durante dos años. ¿Qué clase de bula obtuvo esta señora para hacer algo así? Una de notable poder: la de ser asesora de Podemos y del PSOE en temas de infancia. No sabemos si esta vinculación política generó simpatía o temor –quizás las dos cosas–, pero el caso es que le permitió desaparecer del mapa con sus dos hijos –la otra hermana es una niña que hoy tiene 6 años– para encerrarse en una finca abandonada en medio de ninguna parte. Hablamos de una mujer que malvive dentro de una atmósfera de locura alucinatoria, entregada a una secta radical de corte evangélico, y que previamente, con una falsa denuncia de abusos sexuales, ha sustraído a sus dos hijos de la custodia de su padre.

No puede ser que dentro del marco de convivencia cívica se produzcan bolsas de semejante opacidad. Está comenzando a crearse una suerte de país paralelo donde la ideología feminista, sin ningún rigor científico y sin ningún respeto a la razón ni a la justicia, comienza a imponer su muy particular imperio de la (no) ley. Y si hay algún ámbito que aún osa resistirse a sus dictados, entonces, desde instancias mediáticas, políticas y desde la misma calle comienza una campaña de acoso e intimidación a la que pocos se resisten. Hablamos de una familia rota, de muchas vidas rotas sin razón ni motivo. El caso de María Sevilla debe hacernos reflexionar.

Lo último en Opinión