Candilazos

Garicano, el sorayo de Ciudadanos

Garicano, el sorayo de Ciudadanos
Segundo Sanz

«La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría es profesional, está bien considerada y no está tocada por la corrupción. Con ella al mando del partido y el Gobierno, la reforma de la Constitución española y los procesos judiciales podrán ser acordados por los principales partidos con el objetivo de (…) transformar España en un Estado multinacional con un mayor reconocimiento de la identidad catalana (y vasca)». Con estas palabras allá por 2014 se despachó en un artículo en el Financial Times el actual responsable económico de Ciudadanos, Luis Garicano. A sólo tres días de la consulta separatista en Cataluña del 9-N, la hoy voz discordante de la Ejecutiva naranja invitó a Mariano Rajoy a que no se presentara a las elecciones de 2015 y diera paso a su número dos.

Con tal apuesta no puede decirse que Garicano tuviese un buen ojo clínico, sino todo lo contrario. La Operación Diálogo liderada después por Santamaría, con sus reuniones y llamadas con el preso Junqueras, terminó en fracaso. Y pese a los paños calientes que puso la vicepresidenta, los separatistas no hicieron sino radicalizar sus posicionamientos. A más mano tendida, más desafío al Estado. Sólo la aplicación del 155, el funcionamiento del Estado de Derecho, frenó sus intenciones, encarceló a los cabecillas y provocó la fuga de los más cobardes.

Pero ahora Garicano quiere hacer alcaldesa a la mayor aliada de estos secesionistas en Cataluña, la populista-nacionalista Ada Colau. Y esgrime que es la opción «menos mala» para que Ernest Maragall no ponga Barcelona bajo los designios de los lazis. Como han explicado sus compañeros Villegas y Girauta, aquí el «mal menor» es el socialista Jaume Collboni. Y acierta la Ejecutiva naranja con este argumento porque Colau es independentista aunque no se pronuncie como tal. Votó el 9-N y lo hizo también el 1-O, facilitando que centros municipales acogieran las urnas de aquel referéndum ilegal.

Pero el baile de Garicano no queda ahí. También defiende que su partido rebaje las exigencias para pactar con el PSOE en comunidades y ayuntamientos. Una de las líneas rojas puestas por la dirección naranja es que los barones socialistas se desmarquen del sanchismo y acepten la aplicación del 155 en Cataluña. Y claro, esto cierra el círculo. Con éstos quiere pactar Garicano, templando gaitas al más puro estilo sorayesco para seguir dando oportunidad de reflexión a los que quieren romper España.

¿Qué gana Garicano con esto? Pues la respuesta pasa por el Palacio del Elíseo. Si Valls es el valido de Macron en España, Garicano quiere ser otro espadachín del presidente galo y de su hoja de ruta socioliberal en Bruselas. Desde que fue mandado allí como cabeza de lista para las europeas, el que sonó como ministrable en el primer gobierno de Rajoy no deja de hacer méritos para que el renegado del socialismo francés lo reclute entre sus protegidos, con el encargo de hacer presión en la Eurocámara a favor de sus planes.

Además, Garicano también comparte con Santamaría ese apego al universo prisaico y al famoso duopolio televisivo, donde voces estrella reparten carnés de constitucionalistas y bendicen la suma del PSOE con Podemos y los proetarras de Bildu mientras sentencian a todo aquel que ose a pactar con Vox. ¿Quo vadis, monsieur Garicano?

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