España Suma tiene que nacer en Cataluña

Urkullu hizo ayer de Urkullu y anunció el adelanto electoral en el País Vasco. Con intención de marcar distancias con el griterío y la gestualidad de la vía catalana (mientras siguen recolectando nueces), el lehendakari quiere revalidar una victoria clara y el gobierno gracias al entendimiento con un PSV convertido en una rémora del partido fundado por Sabino Arana. El anuncio es una contrariedad para el Partido Popular que, en principio, se ve forzado a confiar en Alfonso Alonso su proyecto electoral y el primer experimento del Proyecto Suma.

Una vez constatada la lógica negativa de Feijóo a desprenderse de unas siglas ganadoras, previsiblemente el tablero vasco acogerá la marca Suma en solitario y, si los resultados no acompañan, el desgaste hará peligrar sus posibilidades futuras de éxito. Y los resultados es imposible que acompañen. El PNV ha sabido capitalizar el voto conservador frente a unos partidos de centro-derecha de ámbito nacional permanentemente trastabillados en el concierto vasco. Recuperar el terreno perdido llevará tiempo.

España Suma es una ventana de esperanza para muchos ciudadanos que quieren unir fuerzas frente a la radicalidad del proyecto social-comunista encabezado por Pedro Sánchez e impulsado por los separatistas. Se precisa de una extraordinaria visión estratégica y generosidad para no dar al traste con esas expectativas. Lo importante no son los partidos, sus estrategias particulares y los calendarios, lo importante es España. Hay que huir de la precipitación, España Suma debe ser la apuesta definitiva de un constitucionalismo en peligro y no una ocurrencia. España Suma merece germinar allí donde su presencia se perciba como la respuesta natural a una emergencia y, por eso, la suma debe nacer en Cataluña. Lo contrario es nacer para morir, es fundar España Resta.

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