Cuando ‘Bambi-ZP’ en realidad es una serpiente
Alfonso Guerra, el político español más ingenioso del último medio siglo, cuando descubrimos que había un tipo que vivía de la política que decía llamarse José Luis Rodríguez Zapatero, rápidamente habló y calificó de Bambi. Claro, el sevillano, como el resto del país, desconocía por completo las habilidades retorcidas y la negritud de su alma.
Ha tenido que pasar un cuarto de siglo para que conociéramos en profundidad el pelaje de la persona que, inopinadamente, se hizo con el poder en España a propósito de unas bombas que estallaron en unos trenes en la madrileña estación de Atocha. Al tipo, que hasta ese momento no se le conocía otro trabajo que jugar al mus en los bares alrededor del Congreso de los Diputados junto con Julián Lacalle, tipo abyecto donde los haya, no se le ocurrió otra cosa que aprovechar que el poder le había caído en sus manos sin merecerlo para intentar hacerse un hombrecito. ¿Cómo lo hizo? Pues, oiga, recurriendo a los viejos demonios familiares de los españoles, abriendo tumbas, recordando el «guerracivilismo», pactar con ETA, destrozar la economía y creando cinco millones de parados. Cómo sería la cosa que el PSOE decidió apartarlo de un plumazo de la vida pública.
Y, ¿qué hizo? Pues buscar lo peor de cada casa y sacar tajada de ello, según confirman muchos testigos presenciales de aquellas y estas operaciones. Se ofreció a los genocidas chavistas venezolanos y, dicen, presuntamente, que con un buen precio.
Escuchar a un buen número de ex presos políticos, ahora liberados, respecto al «trabajo» de Zapatero con ellos, siempre buscando el beneficio del dictador-asesino-ladrón Maduro, produce escalofríos. A tenor de esos y otros datos, permite concluir que el antiguo Bambi, que nunca existió, ha trasmutado en auténtica serpiente.
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