Apuntes de Campaña (II)

Apuntes de Campaña (II)

Despuntan los últimos días de campaña. Salvo los multitudinarios actos de VOX y los más de cinco millones de indecisos, pocas novedades nos aguardan y únicamente sobresalen los dos debates, debate-veto el de las cadenas privadas y ambos, grises, vacuos y en numerosas ocasiones, frívolos. No se dijeron lo que se debieron decir, lo que una gran parte de los españoles saben y tendrán en cuenta el próximo domingo.

A Casado no se le dijo que el pasado del PP es el que es, en todo. Ahora si toca exhibir banderas nacionales cuando antes se ocultaban para no ser tachados de “fachas”. Que para aplicar políticas socialdemócratas en materia fiscal y tributaria, esquilmando las clases medias, mejor haber votado al original y sobre todo que, teniendo mayoría absoluta en el Senado, se aplicó un 155 cobarde y paliativo, con la posibilidad de hacerlo de una manera quirúrgica que cercenara la chulería de quienes pretenden romper España.

Para Rivera y su tradicional estilo de político de marketing, no es nueva esa facilidad para acoplarse a las circunstancias según estas varían, actuando y proponiendo lo primero que se le ocurre a base de “volantazos”. Es una suma de imprecisión y demagogia, de populismo puro y duro que pasa de no querer negociar con nadie a pactar con todos, de rechazar el 155, recuérdese septiembre de 2017, a convertirse en su más ferviente adalid. Menos imagen y más sustancia, menos “silencios” y más hechos, menos lobreguez y mayor claridad.

Con Iglesias descubrimos un “nuevo Santo” que realiza apariciones portentosas que no pueden ser razonadas mediante lógica humana. Es grandioso y desde su nuevo misticismo, nos aleccionó sobre la aplicación de la Constitución. Esa Constitución que hasta hace poco quiso derogar, esa Constitución surgida en el régimen que siempre quiso derrocar. Endiosado, dando lecciones de lo que no hace, aplicando la ética y la moral típica de la extrema izquierda tan preocupada por los que menos tienen, consiguiendo al final que todos, menos ellos, acabemos no teniendo nada. Pero los españoles tenemos memoria y cada uno es reo de sus palabras. Su
desaliñado aspecto ya no engaña y “santurrón” es sinónimo de hipócrita. Qué decir de Pedro Sánchez. Con la campaña ha pasado desapercibida la foto. Hace unos días David Pla, etarra y último jefe de la banda asesina fue puesto en libertad. Sonriente, lozano, pero infecto y putrefacto en lo más hondo de sus entrañas este sujeto posó a las puertas del penal flanqueado por tres asilvestrados morales.

Una tiparraca con una ikurriña, un adolescente de vida infeliz con la banderita de “presos a casa” y el protagonista, con un cartel apologético de Bildu. Bildu, el partido de Plá avaló los seis decretos leyes de Pedro Sánchez, que logró el apoyo de Otegi, jefe de Bildu tras un sinfín de llamadas. Bildu, que apoyó su moción de censura. Sánchez, que permitió que Idoia Mendía, secretaria general de los socialistas vascos, se sentara a cenar amigablemente con el preboste batasuno. Pla con un cartel de Bildu, heredero ideológico de ETA al que se agarrará sin problemas ni complejos con tal de renovar sus ínfulas presidenciales. Un partido que ha sido y es capaz de transigir y avenirse con los afectos a Pla y a Otegui, al terrorismo, no merece más análisis. Y menos su “patrón”. Sobre su ser y su esencia, sobre la mezquindad de quien hoy copa su dirección y sobre el calado moral de quien se presenta para dirigir España, con ver esa foto, está todo dicho.

El domingo España se juega mucho. Las elecciones más trascendentales de nuestra historia porque España se juega su dignidad y su honor. Que Sánchez no olvide lo que escribió Nicolas Boileau, poeta y literato francés: “El honor es una isla escarpada y sin riberas: El que ha caído de ella, no puede volver a subir”.

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