‘Ali’ Rajoy Vs ‘Clay’ Sánchez

‘Ali’ Rajoy Vs ‘Clay’ Sánchez
'Ali' Rajoy Vs 'Clay' Sánchez

Pedro Sánchez perdió el pasado lunes su oportunidad para que los españoles le vieran como algo más que una simple alternancia, que un mero cambio coyuntural entre siglas que cada cierto tiempo y desde 1982 viene consolidando a dos partidos en nuestro país. El debate a cuatro desdibujó la candidatura del político amable de sonrisa pétrea, que compareció al ring sin fondo discursivo ni estructura de mensaje, más allá de activar resortes emotivos de corte social, por otro lado ya usados y manoseados. Una de las claves de todo debate múltiple es identificar a tu rival dialéctico, antes de poner el foco donde quieres que los espectadores se centren, antes de provocar el último recuerdo basado en sensaciones personales, antes de que los mantrasde identificación colectiva hagan su papel viralizándose en las redes digitalesde esa cafetería pública llamada internet.

El lunes, el líder del PSOE tendrá, quizá, el último asalto para demostrar que no es el peso pluma de un partido con ganas de que el cambio llegue antes en Ferraz que en Moncloa, para evidenciar sus dotes de político con sustancia y no un sparring descafeinado de sobre. Ya ni siquiera le valdrá entre sus asesores la venta de «somos la única izquierda posible frente a la derecha» -del binomio PP-C’ s-. O sale a ganar o incluso el empate será la antesala del cese.

Es cierto que cuando juegas la baza de «vamos a vender todos que hemos ganado, que vamos bien, que nuestro rival baja, que lo conseguiremos, implantamos inconscientemente en el votante el chip de la decisión subrogada.

El positivismo intransigente que nace de esa retórica del posicionamiento del votante que dice que este votará por afinidad, por empatía fisiológica, por la atracción de lo conocido.

De ahí que, de cara al lunes, el debate se desarrolle bajo parámetros de diferentes impactos: el que marcará las sensaciones entre el buen gestor (Rajoy) y el buen pastor (Sánchez), entre la garantía y la simpatía, entre lo técnico construido y la narrativa deconstruida.

En un debate político, lo importante no es lo que dices, sino lo que puedes demostrar. Aquí Rajoy juega con la ventaja de poseer la llave que abre la caja fuerte de las cuentas, no como hace cuatro años, cuando prefirió elarriesgado cuento de la bajada de impuestos al sensato relato de «bajar impuestos si los socialistas nos han dejado algo en la caja». Si Sánchez no aumenta su pegada dialéctica y posiciona mentalmente el relato de la alternativa social, ni siquiera los mantras efectistas le salvarán de una nueva derrota. Mejor un hecho del pasado comprobable que una apuesta de futuro incierta.

Siguiendo con el símil pugilístico de antes, ‘Ali’ Rajoy se moverá en el ring sin arriesgar golpes, flotará sobre el alambre de la corrupción para golpear con el crochét de derecha de la economía. Mientras, ‘Clay’ Sánchez jugará a arrinconar a su rival con uppercuts de izquierda (políticas sociales, Sanidad, Educación…) esperando que en un descuido de su contrincante, uno de esos golpes alcance el mentón y lo lleve a la lona. Flotar como una mariposa o picar como una abeja. O un debate de altos vuelos o de aguijones bajos.

Después del debate, quedará menos de una semana para conocer quién se ha ganado la confianza del ciudadano-votante. Entonces, todas las dudas quedarán despejadas. Y sabremos quién firma la renovación de su contrato, y quién su finiquito.

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