Supermercados chinos en Madrid

Los 5 supermercados chinos donde hacen la compra los chefs

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Supermercados chinos, Madrid
Sandra Quintana C

Cocinar asiático en casa ya no es una misión imposible. Madrid atesora verdaderos templos de supermercados del ingrediente oriental donde perderse entre pasillos de salsas infinitas, verduras frescas desconocidas y congelados que salvan cualquier cena.

Hubo una época, no tan lejana, en la que conseguir una salsa de soja que no fuera puro caramelo o encontrar bok choy fresco en Madrid obligaba a una yincana imposible. Aquellos tiempos pasaron. La ciudad ha integrado la despensa asiática con una naturalidad pasmosa, empujada por una comunidad china que exige producto de calidad y por unos madrileños cada vez más atrevidos ante los fogones.

Entrar en un supermercado chino hoy en día es una experiencia sensorial. El olor es distinto —una mezcla de especias secas, raíces y, a veces, el aroma punzante del durian—, la iluminación suele ser clínica y el hilo musical oscila entre el pop cantonés y el silencio administrativo. Pero es en sus estanterías donde ocurre la magia. Si quieres replicar en casa ese pad thai, ese ramen o ese pato laqueado que probaste en el restaurante, tienes que venir a la fuente. Hemos seleccionado cinco establecimientos en Madrid que son referencia absoluta por variedad, precio y autenticidad.

El eje de Tetuán: la resistencia histórica

Antes de que Usera se llevara la fama, la calle General Margallo en Tetuán ya era la pequeña Chinatown madrileña. Allí resiste, incombustible, Ibero China. Cruzar su puerta es viajar a los años 90. Es un local estrecho, abigarrado, donde el aprovechamiento del espacio es una asignatura de ingeniería. No vayas buscando amplitud ni diseño, aquí se viene a por lo específico.

Es el lugar predilecto de los veteranos. Sus estanterías están repletas de conservas, bambú en todas sus variantes y una selección de fideos de arroz y trigo que ocupa un pasillo entero. Destaca especialmente su sección de salsas y pastas de curry, muchas de ellas importadas directamente y difíciles de ver en grandes superficies convencionales. Es el caos ordenado que todo cocinillas adora.

A pocos metros, en la misma calle, encontramos una de las sedes de Supermercados Wenzhou. Si Ibero China es la historia, Wenzhou es la potencia. Esta cadena se ha convertido en el gigante de la alimentación asiática en Madrid. Su local de Tetuán es amplio, limpio y luminoso. Lo que marca la diferencia aquí es el producto fresco. Tienen neveras dedicadas exclusivamente a verduras asiáticas cultivadas en España: pak choy, kai lan, espinacas de agua, raíces de loto frescas y setas enoki a precios irrisorios comparados con los supermercados gourmet. Además, su carnicería y pescadería ofrecen cortes específicos para cocina oriental, algo vital si buscas hacer un caldo con sustancia.

Usera: la inmersión total

Bajando al sur, en el distrito de Usera, la experiencia cambia de escala. Aquí se encuentra la «nave nodriza» de Wenzhou, pero también joyas como Yang Kuang. Situado en la calle de Dolores Barranco, Yang Kuang ofrece una experiencia más cercana al mayorista o al mercado de barrio de una ciudad china de provincias.

Es el sitio ideal para compras grandes. Los sacos de arroz jazmín o glutinoso de 5, 10 y 20 kilos se apilan en la entrada como barricadas. Su punto fuerte son los congelados. No hablamos de varitas de merluza, sino de un universo de dumplings, gyozas, wontons y panes al vapor (baozi) rellenos de carne o judía roja listos para cocinar en diez minutos. La variedad de marcas es abrumadora, por lo que un buen truco es fijarse en qué bolsas cogen las familias locales que compran allí. Si ellas lo llevan, es bueno. También tienen una sección de menaje donde conseguir vaporeras de bambú, woks de acero al carbono y vajilla tradicional a precios muy competitivos.

El pasillo de Leganitos: el «Little Soho» asiático

En pleno centro, la calle Leganitos, pegada a Plaza de España, ha mutado en un corredor comercial asiático vibrante y moderno. Aquí destaca Hualian Market. A diferencia de sus «primos» de Usera, Hualian tiene un aire más urbano y juvenil, enfocado al snack y la compra rápida.

Es el paraíso de la comida preparada y los caprichos. Sus pasillos son un festival de colores neón con cientos de referencias de bebidas: tés con leche embotellados, refrescos de lichi, aguas de coco y cervezas de importación (Tsingtao, Asahi, Sapporo). La sección de aperitivos es adictiva, con patatas de sabores imposibles (pepino, langosta, alitas picantes), algas crujientes y galletas de arroz. Es el supermercado favorito de la Generación Z y de quienes buscan ingredientes para hot pot (caldo mongol), ya que venden las bases de sopa y las carnes cortadas en láminas finísimas listas para escaldar.

Justo enfrente o en las calles aledañas, compite Supermercado Asia, otro referente de la zona centro que destaca por tener un horario amplio y una ubicación estratégica para el turista o el vecino del centro que necesita salsa de ostras un domingo por la tarde. Aunque más compacto que los de Usera, su selección está muy bien curada, priorizando las marcas líderes que todo el mundo reconoce (como Lee Kum Kee para las salsas o Nissin para los fideos instantáneos).

La barrera del idioma y el etiquetado

Comprar en estos cinco lugares requiere perder el miedo a lo desconocido. Aunque la normativa obliga a tener etiquetas en español, muchas veces la información visual del paquete es lo que cuenta. No temas preguntar. El personal, a menudo ocupado reponiendo mercancía a un ritmo frenético, suele conocer perfectamente qué producto sustituye a otro o cuál es el nivel de picante de esa pasta de soja fermentada (doubanjiang) que tienes en la mano.

Visitar estos supermercados es también un ejercicio económico inteligente. Especias como el anís estrellado, la pimienta de Sichuan, el jengibre o la cúrcuma se venden en formatos generosos a precios que dejan en evidencia a los tarritos de cristal de las grandes superficies occidentales.

Madrid, a través de Tetuán, Usera y Leganitos, ofrece una red de abastecimiento formidable de supermercados. Ya no hace falta viajar 10.000 kilómetros para que tu cocina huela a callejón de Shanghái; basta con coger el metro y llevar una bolsa resistente.

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