Naturaleza

Profundo estupor entre los geólogos: encuentran 13 nuevas especies de hongos que se alimentan de las rocas a 500 metros bajo tierra

Hongos, ciencia, naturaleza
Recreación de un ecosistema subterráneo con hongos bioluminiscentes sobre roca de esquisto.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Un equipo de investigadores liderado por la Universidad de Michigan descubrió un ecosistema subterráneo masivo que alberga 13 nuevas especies de hongos capaces de alimentarse de rocas, halladas en muestras de agua a 500 metros de profundidad bajo la región de los Grandes Lagos, en Norteamérica.

El estudio, publicado en The ISME Journal, reveló la presencia de un total de 689 especies distintas de hongos en un entorno que hasta ahora se creía hostil para este tipo de vida, abriendo un nuevo capítulo en el estudio de los ecosistemas subterráneos.

Así se alimentan los hongos que viven a 500 metros bajo tierra

El descubrimiento se produjo en el norte de Michigan, dentro del Antrim Shale, en pozos de gas perforados a entre 500 y 556 metros bajo tierra. Las muestras de agua analizadas llevaban aisladas de la superficie unos 11.000 años, desde el final de la última Edad de Hielo.

Pese a ese aislamiento, una sola gota de agua subterránea mostró concentraciones de células fúngicas comparables a las del agua del océano, una abundancia que sorprendió a los propios investigadores.

A 500 metros bajo tierra, en un entorno sin luz ni oxígeno, estos hongos han desarrollado una estrategia de alimentación que combina la digestión extracelular con relaciones metabólicas complejas, dividida en tres mecanismos principales.

El primero es la corrosión química de la roca, también llamada meteorización: los hongos secretan ácidos orgánicos y enzimas directamente sobre el esquisto, disolviendo sus minerales y liberando el carbono orgánico y los nutrientes atrapados en la piedra desde hace millones de años. Una vez disueltos, los hongos absorben esos nutrientes líquidos a través de sus paredes celulares.

El segundo mecanismo es el parasitismo y la depredación. El estudio reveló que estos hongos no solo actúan como descomponedores, sino también como depredadores microscópicos: usan sus filamentos (hifas) para penetrar y parasitar comunidades bacterianas subterráneas, y se alimentan de organismos pluricelulares que comparten su hábitat acuático, como nematodos y tardígrados.

El tercer mecanismo es la simbiosis con bacterias. Los hongos forman un equipo con las bacterias del subsuelo profundo: estas procesan ciertos compuestos químicos de la roca y, a cambio, los hongos aprovechan los subproductos de ese proceso, cerrando un ciclo de energía donde nada se desperdicia.

Qué tipos de ácidos usan los hongos para perforar la roca

Los hongos que degradan rocas subterráneas, un proceso conocido como biometeorización, utilizan principalmente ácidos orgánicos de cadena corta. Según el esquema metabólico del ecosistema del Antrim Shale, los dos ácidos que se producen de forma activa en este entorno son el ácido láctico y el ácido acético.

En estudios generales sobre hongos que disuelven minerales para extraer nutrientes como hierro, potasio o fósforo, también se secretan otros ácidos de forma habitual: el ácido oxálico, el más potente y común para atacar el calcio y los silicatos; el ácido cítrico, muy eficiente para liberar fósforo de la roca; y los ácidos málico y succínico, que debilitan las uniones metálicas de la piedra.

Estos ácidos no actúan solos, sino como parte de un ataque combinado en dos pasos. Primero llega el ataque químico: los ácidos orgánicos liberan iones de hidrógeno que sustituyen a los metales atrapados en la estructura cristalina de la roca, desestabilizándola y licuándola.

Después entra en juego la fuerza mecánica: una vez que la roca se ablanda, el hongo infla la punta de sus hifas ejerciendo una presión física considerable para abrirse paso por las microfisuras.

Cuál es el impacto de este hallazgo para la ciencia y el clima

Cerca del 90% del carbono orgánico de la Tierra está atrapado en el subsuelo profundo. El hecho de que estos hongos lo consuman de forma activa implica que los gases derivados de ese carbono podrían liberarse a la atmósfera más rápido de lo estimado hasta ahora, con impacto directo en los modelos climáticos.

Existe además un riesgo antrópico, las industrias perforan y bombean biocidas en estas zonas sin saber que, al hacerlo, destruyen focos de biodiversidad únicos que apenas comienzan a conocerse.

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